Martí Puig i Leonardi
Barcelona, 19 may (EFE).- El acuerdo entre el Govern de Salvador Illa y ERC para los presupuestos de 2026 pone fin a un largo toma y daca entre socialistas y republicanos que llegó a poner en peligro la legislatura.
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Las siguientes ocho fechas clave resumen el camino recorrido por PSC y ERC para acordar, tras un año y nueve meses desde la investidura -y siempre que se sume el necesario aval de Comuns-, los primeros y posiblemente únicos presupuestos del mandato.
Tras una dolorosa debacle electoral, en la que retrocedió trece escaños y perdió cualquier posibilidad de volver a liderar la Generalitat, ERC dio su 'sí' a la investidura de Illa después de semanas de negociaciones y una disputada consulta a la militancia, con un 53 % de apoyo.
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Era un pacto de investidura y no de legislatura, avisaron ya entonces los republicanos; un "sí vigilante", advirtió Marta Rovira.
Mientras el Govern de Illa comenzaba a andar, la crisis de ERC mutaba en guerra abierta: un bando, apoyado por Marta Rovira y Pere Aragonès, ambos ya en retirada, pedía un 'reset'; el otro se encomendaba a Oriol Junqueras, que había dimitido como presidente al perder apoyos en la dirección y que pretendía retomar el liderazgo.
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En segunda vuelta, Junqueras volvió a tomar el timón de ERC, con un 52 % de los votos, tras haber liderado el partido entre 2011 y junio de 2024. Nunca ha llegado a aclarar públicamente si en la mencionada consulta a la militancia votó a favor o en contra de investir a Illa.
Pocas semanas después de volver a asumir el mando del partido, Junqueras cerraba la puerta a negociar los presupuestos de 2025 al no prever avances en materia de financiación autonómica, una cuestión nuclear del pacto de investidura.
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El Govern se resignó entonces a no poder contar con nuevas cuentas en 2025. Semanas antes, sin embargo, había afirmado que quería que estas entraran en vigor a principios de año.
De cara a 2026, el ejecutivo socialista volvió a fijarse como meta tener unos nuevos presupuestos en vigor el 1 de enero, aunque ERC siempre condicionó negociarlos a novedades en la carpeta de la financiación. Los plazos se fueron alargando y el pacto para un nuevo modelo con el Gobierno central no se formalizó hasta el 9 de enero.
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Todos los esfuerzos se habían centrado en los últimos meses en ese modelo, pero Junqueras puso sobre aviso a los socialistas antes de formalizarse el pacto: la carpeta de la financiación también incluía la recaudación del IRPF y el Ministerio de Hacienda debía abrirse a aceptar esta delegación para que ERC negociara las cuentas.
Enero y febrero estuvieron marcados por la grave crisis de Rodalies y la ausencia de Illa, que guardó descanso por una infección que le afectó a la movilidad de las piernas. Al regresar a la actividad, el president reafirmó su compromiso con la cesión del IRPF y calculó que con eso bastaba para que los republicanos negociaran.
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Junqueras, sin embargo, constató en un viaje a Madrid que Hacienda -cuya titular, María Jesús Montero, preparaba su candidatura a las elecciones andaluzas- no daría su brazo a torcer. Pese a todo, una reunión mantenida ese mismo día con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sentó las bases para que, meses después, se rubricara el pacto.
Junqueras explicitó su 'no' a negociar y la noticia disgustó a Illa, que anunció que el Govern aprobaría los presupuestos sin esperar el aval de su principal socio de investidura.
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Lo hizo tras haber acordado el proyecto con Comuns, el otro socio, y después de escenificarse en el Palau de la Generalitat el apoyo de las principales patronales y sindicatos a unas nuevas cuentas.
Entró entonces en juego el llamado "juego de la gallina": el primero que frena, pierde; pero si nadie frena, la carrera acaba sin vencedor, ya que la meta es el precipicio. Sobrevoló durante semanas la amenaza del adelanto electoral: el PSC podía lograr mejor resultado que en 2024, pero se arriesgaba a que la frágil mayoría de investidura no se repitiera.
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El armisticio llegó a las puertas de la primera votación de los presupuestos en el Parlament, tras una reunión entre Illa y Junqueras: el ejecutivo retiró su proyecto de cuentas y los republicanos dejaron de situar el IRPF como línea roja. Ambas partes acordaron además un suplemento de crédito de 6.000 millones y se emplazaron a empezar de cero y negociar para tener presupuestos antes del parón veraniego.
Dos meses después, Illa y Junqueras han escenificado en el Palau de la Generalitat la firma del acuerdo presupuestario, cuyas principales carpetas son la Línea Orbital Ferroviaria, el consorcio de inversiones -mermado tras el 'no' de Junts en el Congreso- y la nueva gobernanza del Consorcio de la Zona Franca de Barcelona.
La foto refuerza a ambas partes, consideran desde las salas de máquinas de PSC y ERC: Illa logra finalmente estabilizar la legislatura y los republicanos enarbolan la bandera del pragmatismo en plena reconfiguración del independentismo, si bien el Govern tiene aún que cerrar el acuerdo presupuestario con Comuns y resolver el conflicto que ha llevado a un ciclo de huelgas en el sector educativo. EFE
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