Paula Fernández
Vigo, 9 may (EFE).- Hace tres años y medio, la oceanógrafa gallega Elena Martínez se mudó a República Dominicana para trabajar en un proyecto que recolecta algas invasoras para obtener compuestos útiles para campos como la agricultura o la cosmética, que la ha llevado a ser reconocida en la lista Forbes de los jóvenes más influyentes de Europa.
PUBLICIDAD
Martínez, de 27 años, ha sido incluida este año en la lista Forbes de menores de 30 años en la categoría de Impacto Social, una distinción que reconoce su trabajo como investigadora y su aplicación en la industria.
"El océano está infraestudiado, infrarrepresentado y, por lo tanto, también infraprovechado. Hay una cantidad de compuestos excepcionales que tiene el océano que pueden ser claves para muchos de los problemas que enfrentamos hoy en día, como la resistencia bacteriana", asegura Martínez en una entrevista a EFE.
PUBLICIDAD
Nacida en la única provincia gallega sin costa, Ourense, su pasión por el mar la movió a estudiar Oceanografía en la Universidad de Vigo y a formarse en biotecnología azul en la Universidad Católica de Valencia y La Rochelle francesa.
Toda esa experiencia llamó la atención de su actual socio, Andrés Bisonó, que la invitó a mudarse a República Dominicana para embarcarse en un proyecto para recolectar algas invasoras y buscarles aplicaciones comerciales.
PUBLICIDAD
De ahí surgió BlueGea Group, un paraguas que hoy abarca dos empresas privadas -SOS Carbon, dedicada a la recolección de las algas, y SOS Biotech, para su reciclaje-, además de la Fundación Terra & Marre, donde canalizan sus acciones de impacto social.
En el Caribe luchan contra el sargazo, un alga invasora que perjudica al sector pesquero, provoca gases tóxicos y desplaza a especies autóctonas, considerada durante mucho tiempo un residuo. BlueGea la utiliza como materia prima.
PUBLICIDAD
"Recolectamos con nuestros sistemas empleando a pescadores locales que se ven afectados por las invasiones de alga y no pueden pescar durante esa época", explica Martínez.
Su sistema, diseñado junto al Instituto de Tecnologías de Massachusetts (MIT), permite transformar embarcaciones artesanales de pescadores en recolectores de algas y ya está en marcha en República Dominicana, Antigua y Barbuda, México y Puerto Rico.
PUBLICIDAD
Las algas se secan, se trituran y, en parte, se venden a industrias que las utilizan -exportan a más de 15 países- pero también ganan una nueva vida en BlueGea, que cuenta con su propio laboratorio y una pequeña biorrefinería.
Ha sacado al mercado tres productos para el sector agrícola, "enfocados todos ellos en ayudar a proteger a los cultivos, regenerar suelos que estén sobreexplotados y reducir el uso de fertilizantes sintéticos, que son uno de los mayores problemas ambientales y de salud hoy en día", recuerda la oceanógrafa.
PUBLICIDAD
Se comercializan en República Dominicana, acaban de llegar a Estados Unidos y están en proceso de certificación en España, para entrar al mercado europeo.
Pero la agricultura no es el único campo que puede aprovechar los compuestos extraídos de algas. "Hacemos extractos también para el sector cosmético, tenemos otros que se pueden utilizar en el sector de los materiales. Todavía no los tenemos comercializados y la idea con esos no sería hacer nosotros el producto final, sino proporcionar estos extractos a otras empresas biotecnológicas", cuenta Martínez.
PUBLICIDAD
Ahora trabajan con el sargazo que ahoga al Caribe, pero la oceanógrafa asegura que todas las algas invasoras pueden ser aprovechadas para hacer productos de valor, incluidas las que afectan a España, como la asiática 'rugulopteryx'.
De hecho, están en pleno proceso para llevar el grupo a Galicia tras ser seleccionados para el programa BF ClimaTech, una aceleradora ambiental de la Xunta y la empresa Viratec.
PUBLICIDAD
"Mi intención siempre es poder devolver todo lo que España me ha dado y seguir creciendo tanto en la región en la que ya estamos como poder expandirnos aquí, porque de verdad vemos que este modelo de negocio puede generar muchos beneficios en cualquier región costera", dice Martínez.
Ese modelo puede despegar con más fuerza tras la distinción de Forbes, que reconoce que las empresas privadas también pueden ser motor de beneficios sociales y ambientales, insiste la española.
"Al final yo creo que este es el cambio que necesitamos hacia el futuro", sentencia. EFE
(foto)
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD


