Alberto Ferreras
Zamora, 30 mar (EFE).- La cofradía de Jesús en su Tercera Caída de Zamora ha revivido el ritual que se repite desde hace veinte años de cantar 'La muerte no es el final' en la Plaza Mayor, con un recuerdo especial en esta ocasión para el artista José Luis Coomonte, artífice de que en la procesión de la tarde-noche del Lunes Santo se porte a hombros una cruz hecha con yugos de uncir bueyes o una corona de espinas forjada con rejas de arado.
La canción 'La muerte no es el final' la ha entonado a las once en punto de la noche el coro de esta hermandad zamorana que fue fundada por excombatientes del bando franquista de la Guerra Civil en el año 1942 para recordar a los caídos en la contienda.
De aquellos orígenes, el desfile ha sabido evolucionar en su estética en los años ochenta, noventa y principios del siglo XXI para convertirse en una de las procesiones más plásticas de la Semana Santa de Zamora, que está declarada de Interés Turístico Internacional.
"Tu nos dijiste que la muerte no es el final del camino, que aunque morimos no somos carne de un ciego destino", ha cantado el coro, mientras los tres pasos de la procesión, junto a la Cruz de Yugos y la Corona de Espinas, se han movido al unísono al ritmo de la música en el centro de la Plaza Mayor.
Previamente, en la oración de recuerdo por los fallecidos el capellán de la cofradía, Agustín Montalvo, ha tenido presentes las guerras existentes, tanto en Europa como en la tierra que Jesús pisó y en países pobres del mundo.
También ha dirigido un mensaje a las cofradías de las 17 procesiones de la Semana Santa de Zamora, a las que ha pedido unión.
El momento culmen de la procesión con la oración y el cántico posterior de la melodía compuesta por el sacerdote Cesáreo Garbaraín ha estado precedido por un desfile seguidos por cientos de zamoranos y en el que han participado como penitentes hombres, mujeres, niños y niñas, algunos incluso de meses, que han portado a modo de collar una cruz pectoral hecha con raíz de membrillo por ser los cofrades más pequeños.
El resto han desfilado con túnica de raso y caperuz negros y capa blanca con el emblema de la cofradía en rojo.
En la parte inicial de la procesión, junto a la Cruz de Yugos y la pesada Corona de Espinas que es portada por una treintena de cargadores, se han mostrado una quincena de cruces alzadas de diferentes materiales como vidrio, madera o metal realizadas todas ellas por Coomonte, escultor fallecido el pasado mes de diciembre.
Ese artista zamorano, junto al resto de fallecidos de la cofradía, figura en un libro por los hermanos difuntos que este año, por primera vez, se ha portado en una pequeña mesa procesional.
En el desfile se han llevado a hombros tres pasos de mediados del siglo XX: el de La despedida de Jesús y su madre, realizado por el cacereño Enrique Pérez Comendador; Jesús en su tercera caída, del bilbaíno Quintín de Torre; y la Virgen de la Amargura, del zamorano Ramón Abrantes. EFE
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