Paula Fernández
Ordes (A Coruña), 7 mar (EFE).- Carretillas con grelos recién cortados salpican los márgenes de la nacional N-550 entre Oroso y Ordes (A Coruña) a la espera de curiosos y clientes fieles, una tradición mantenida por mujeres cada vez más mayores que ofrecen a pie de carretera un auténtico producto de kilómetro cero.
El grelo es la verdura estrella de Galicia, protagonista de caldos y cocidos y compañero frecuente del lacón y la patata gallega. Hoy en día se encuentra en todos los supermercados, pero quien quiere el más fresco tiene que echarse a la carretera y recorrer la ruta del grelo.
Para atraer clientes a la N-550 no se tira de marketing ni redes sociales, es suficiente con una simple carretilla o mesa plegable en la puerta de una casa para exhibir los grelos cultivados en la propia finca y acabados de cortar.
Aunque la tradición, coinciden sus protagonistas, ya no es lo que era. "Antes vendías mucho y ahora se vende poco. La gente mayor comemos grelos todos los días y la juventud no los come. Comen bocadillos que venden en el bar", se queja a EFE Elvira, una de las vendedoras.
A unos metros de la curva de Guindibó, en el municipio de Ordes, Elvira lleva medio siglo vendiendo sus grelos y, a sus 88 años y viuda desde hace seis, no se plantea dejarlo porque le sirve para distraerse.
Como ella, son muchas las mujeres que sacan sus grelos a la puerta de casa para venderlos, aunque cada vez menos.
"Antes había muchas, pero ahora... La de aquel lado murió, otra que había allí arriba también", lamenta Elvira, que cree que, cuando falten todas, la tradición desaparecerá porque los jóvenes ganan más en otros empleos y no les compensa el trabajo que da cultivar, recolectar, preparar los grelos y pasar horas a pie de carretera para venderlos.
Una labor que quiso homenajear el artista Yoseba MP con 'A greleira dos 50 pés', un enorme mural pintado a la entrada de Ordes al que se llega tras recorrer la carretera entre los llamativos campos de flores amarillas de los grelos y los puestos de venta.
La imagen muestra a una de estas tradicionales vendedoras en medio de la calzada con dos manojos de grelos y el típico mandil de cuadros.
Es el mandil que lleva Elvira, y también Celsa, su vecina, que no abandona su labor ni con la lluvia fina pero constante que cae sobre Ordes.
Celsa, que ha dejado la mercancía en la puerta para llamar la atención de potenciales clientes mientras ella se refugia de la lluvia dentro de casa, asegura que se acerca gente de todas partes, no solo vecinos.
Algunos aprovechan cuando tienen que hacer un trayecto entre Santiago y A Coruña y cambian la rapidez de la autopista por la vieja nacional para llevarse un buen puñado de grelos, que se venden a 2 euros o 2,50 cada manojo.
"Antes se vendía más, pero ahora la gente... Los que vendemos somos los mayores. Y se van muriendo y se acabó la cosa", dice Celsa, que el día anterior vendió solo dos manojos.
Hoy, con las obras que han cortado un carril de la carretera y dificultan el tráfico, el panorama es peor aún.
Elvira es más optimista y asegura que ayer vendió 15 manojos, cifra que durante el Entroido, la época tradicional por excelencia para los grelos, se disparó hasta los 50.
"Está muy bueno y es muy sana esta verdura. Es el grelo gallego de toda la vida", defiende Elvira, que dice comerlos todos los días.
Tal vez ese sea el secreto para seguir a pie de carretera a sus 88 años, y es que varios investigadores han defendido que la dieta atlántica, que tiene al grelo como uno de sus principales alimentos, es una de las claves de la longevidad de los gallegos.
Sobre todo si se compra directamente en la carretera en vez de elegir el de supermercado. "Claro que es mejor. No tiene comparación", sentencia, casi ofendida, Celsa. EFE
(foto) (vídeo)
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