Mario Morón
Madrid, 7 feb (EFE).- Pese a viajar el pasado mes de enero al espacio, el fundador de la plataforma turística Civitatis, Alberto Gutiérrez Pascual, no quiere asumir la etiqueta de astronauta porque le parece "muy presuntuosa" y, en una entrevista con EFE, prefiere definirse a sí mismo como "el primer turista espacial español".
El pasado enero, Gutiérrez se convirtió en turista espacial al viajar más allá de la línea de Kármán, considerada la frontera del espacio al participar en la misión NS-38 de Blue Origin, la compañía aeroespacial de Jeff Bezos.
Este vallisoletano, de poco más de 40 años, ingeniero informático y viajero conocedor de un centenar de países, es el cuarto español (y el número 734 del mundo) en escapar a la gravedad terrestre cruzando la línea de Kármán, el límite entre atmósfera y espacio exterior, tras los astronautas profesionales Miguel Ángel López Alegría y Pedro Duque, y el reportero Jesús Calleja, que también viajó con Blue Origin.
Además, no sabe si podría ser el último, ya que la empresa organizadora del viaje, Blue Origin (propiedad del empresario Jeff Bezos), anunció hace unos días un parón de al menos dos años en este tipo de lanzamientos para centrarse en el regreso a la Luna, liderado por el programa Artemis de la NASA.
Gutiérrez está satisfecho de su vuelo, cuyo lema es 'Para el beneficio de la Tierra', porque "quiere investigar el espacio para que vivamos mejor en el planeta", algo que a su juicio le diferencia de su competidora aeroespacial privada, SpaceX propiedad de Elon Musk, que "quiere colonizar Marte no sabemos muy bien para qué".
La duda principal a la hora de viajar o no, le llegaron "por el precio, no por el respeto” al trayecto en sí, aunque Gutiérrez no ha querido desvelar la cantidad total porque la empresa requería la firma de un contrato de confidencialidad.
"El costo lo puedes dividir entre los dos minutos que flotas, los diez de la experiencia o los tres días de entrenamiento", aunque Gutiérrez ha asegurado a EFE que en su caso prefiere "dividirlo entre toda la vida, porque lo voy a recordar durante mucho tiempo".
Después de tres jornadas de entrenamiento en El Paso (Texas) dedicando "diez o doce horas diarias" a la preparación para el lanzamiento, llegó el momento definitivo "con la emoción de que saliera bien, sin ningún respeto a nada".
El trayecto consta de 11 minutos "desde que estás en la Tierra hasta que estás en la Tierra" en los que es posible experimentar una gama de emociones y de sensaciones físicas.
"Desde que se enciende el motor del cohete hasta que comienza el despegue pasan 17 segundos", ha recordado, en los que "ves cómo todo se ilumina de naranja, como si te metieras en un incendio” y después "sales con una “aceleración constante, en la que cada vez te vas pegando más al asiento”.
La sensación de ingravidez, según el fundador de Civitatis, “es lo más difícil de describir”, lo más cercano a ello podría ser “estar sumergido diez o quince metros en el mar con una botella de oxígeno y sin aletas”.
Apenas “tienes dos minutillos para flotar" porque hay que prepararse para la reentrada: “cuando vuelves al asiento ya estás cayendo a 1.500 kilómetros por hora y te abrochas el cinturón de seguridad porque llega a bastante más” velocidad.
Entrar en la atmósfera, con un presión cercana a los 5G, es “como si se estuviera subiendo gente encima sin parar”, con una presión en el pecho que “no puedes abrir la caja torácica del peso que tienes”.
“Todo ese poder de la Tierra, de la atmósfera, de las fuerzas, esas sensaciones..., no sé si es por ser yo, que soy 'friki', pero es lo más me ha gustado”, ha confesado Gutiérrez.
Al fundador de Civitatis le cuesta creer que vaya a llegar el día en el que los viajes al espacio sean accesibles para el gran público, porque “realmente hay mucha tecnología y mucha gente implicada” en el lanzamiento del cohete que le condujo al espacio: el 'New Shepard'.
Hasta 650 ingenieros espaciales trabajan en un lanzamiento que requiere mucho dinero para materializarse.
Sin embargo, ha asegurado que “te quedas con ganas de más”, por las “sensaciones extremas que no sabías ni que existían” y por “disfrutar más de la vista”, aunque ha reconocido que tendrá que esperar unos años "cuando se pueda hacer un buen vuelo orbital de horas o incluso un par de días".
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