Rusia se esfuerza por crear un nuevo frente para Occidente en el Mediterráneo, según un experto

El despliegue militar y el uso de tácticas híbridas por parte de Moscú en la cuenca mediterránea han encendido las alertas en Europa, con analistas advirtiendo sobre una estrategia para debilitar defensas occidentales mediante amenazas tradicionales y recursos no convencionales

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El puerto libio de Tobruk ha emergido recientemente como un punto clave para las operaciones de la Armada rusa en el Mediterráneo, donde Rusia ha trasladado materiales y ha encontrado apoyo en las fuerzas del mariscal Jalifa Haftar tras la pérdida del acceso al puerto sirio de Tartus. En este contexto estratégicamente modificado, se percibe un reposicionamiento de la presencia militar rusa en la región con el objetivo de contrarrestar y desestabilizar a Occidente más allá del conflicto en Ucrania. La creación de un segundo frente en el Mediterráneo, bajo tácticas combinadas tradicionales y no convencionales, marca el enfoque de Moscú, tal como ha analizado el profesor Alberto Priego en un artículo para el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), según reportó Europa Press.

De acuerdo con el análisis del experto, difundido por Europa Press, la presencia militar rusa en el Mediterráneo ha experimentado un incremento tanto cualitativo como cuantitativo en los últimos años, en respuesta a la ampliación de la OTAN en Europa del Este y particularmente tras la adhesión de Suecia y Finlandia a la Alianza Atlántica. El Mediterráneo ha dejado de ser considerado por Moscú como un área secundaria, posicionándose como un espacio prioritario para la política de defensa rusa y para la proyección de su influencia naval y geopolítica.

El despliegue de la llamada Escuadra Mediterránea —la unidad operativa de la flota rusa para esa región— se mantiene por defecto con una asignación de quince barcos, aunque habitualmente consta de tres fragatas, entre una y dos submarinos, así como buques de apoyo. De acuerdo con la información divulgada por Europa Press, las embarcaciones clave incluyen submarinos de clase Kilo 636,6, como el 'Krasnodar' y el 'Mozhaisk'. Ambos se distinguen por su baja firma acústica y por estar equipados con misiles Kaliber, capaces de lanzarse desde posiciones sumergidas, lo que representa un riesgo relevante para las fuerzas occidentales.

En cuanto a las fragatas, destaca la 'Almirante Grigorovich', dotada de misiles Kaliber y posible transporte de helicópteros, si bien la mayor preocupación de los países europeos se focaliza en las fragatas 'Almirante Golovko' y 'Almirante Gorshkov', las cuales pueden desplegar misiles hipersónicos de tipo Zirkov. Según datos recogidos por Europa Press, en diciembre de 2024 se llevaron a cabo pruebas de lanzamiento de estos misiles en el Mediterráneo oriental, lo que confirma el avance en las capacidades ofensivas rusas contra posibles objetivos marítimos o terrestres en territorio europeo.

El análisis revisado por Europa Press aclara que, además de las unidades de combate, la flota rusa incluye un buque de inteligencia, el 'Viktor Leonov', apodado 'la Oreja de Putin', utilizado para interceptar comunicaciones y recolectar información. La Armada española vigiló su paso en septiembre a través del estrecho de Gibraltar. Por otro lado, los buques de suministro 'Vyazma' y 'Yelnhya', esenciales para el abastecimiento y mantenimiento de la flota, han sido señalados también por su involucramiento en actividades de sabotaje a cables submarinos de comunicación y suministro eléctrico, lo que amplía el rango de operaciones no convencionales desplegadas por Moscú.

La dificultad principal de la unidad operativa radica en el acceso a puertos de abastecimiento y reparación. Con la caída del régimen de Bashar al Assad en Siria a finales de 2024 y el consiguiente retroceso de la influencia rusa en Tartus, el Kremlin ha buscado alternativas en la cuenca sur del Mediterráneo. Según la información publicada por Europa Press, Libia ha sido la elección preferente, en concreto el puerto de Tobruk, controlado por Haftar. Allí, Rusia no solo desembarca equipos y suministros, sino que también ha establecido bases militares aéreas como Al Khadim y ha comenzado a desarrollar nuevas infraestructuras en Al Jufra, Brek al Shati y Matan al Sarra, áreas donde opera tanto el ejército ruso como el denominado Africa Corps, sucesor del Grupo Wagner.

Simultáneamente, la relación tradicionalmente estrecha de Moscú con Argelia ofrece otra alternativa logística. La base naval de Mazalquivir, cercana a Orán y a 140 kilómetros de Almería, podría ser utilizada para el repostaje y reparación de submarinos rusos, refiere Europa Press, lo que supone un factor de preocupación adicional para los países de la Unión Europea ante la posibilidad de lanzamiento de misiles de corto alcance desde esas proximidades.

Europa Press también difunde que las tácticas rusas en el Mediterráneo no se limitan al poderío militar convencional. El Kremlin estaría empleando la presión migratoria y el uso de la llamada 'flota fantasma' como herramientas no convencionales para socavar la estabilidad de las sociedades europeas. El profesor Priego sostiene que Rusia utiliza la migración como arma política, potenciando la salida de personas desde países del Sahel, una región en la que ha apoyado regímenes militares tras sucesivos golpes de Estado en Malí, Burkina Faso y Níger, desplazando la influencia de Occidente y debilitando los controles fronterizos. Un ejemplo de esta nueva dinámica es la derogación, por parte del nuevo gobierno militar de Níger, de una ley que restringía el tráfico de migrantes, lo que ha facilitado el aumento de los flujos migratorios hacia Europa.

Por otra parte, la llamada 'flota fantasma' se compone de buques que no exhiben bandera rusa, lo que les permite eludir sanciones y transportar hidrocarburos rusos mediante transferencias en alta mar desde grandes petroleros. Europa Press afirma que estos buques han sido avistados cerca de Ceuta y Melilla. Además de servir al contrabando de petróleo y armas hacia países implicados en conflictos como Siria, Libia y Ucrania, estos navíos participan en operaciones de sabotaje contra intereses occidentales y en el traslado de drones utilizados en incidentes recientes en Polonia y Dinamarca, así como en actividades de inteligencia.

Las estrategias adoptadas por el Kremlin en la cuenca mediterránea ilustran un giro en la política exterior rusa que, frente a la ampliación de la OTAN y la atención internacional centrada en Ucrania, busca proyectar poder y generar nuevas tensiones en el sur del continente europeo. Según informa Europa Press, la combinación de amenazas convencionales y el despliegue de instrumentos híbridos ha obligado a los gobiernos occidentales a ampliar el enfoque de seguridad más allá del flanco oriental y a prestar mayor atención a la región mediterránea, donde las amenazas se multiplican y diversifican.

El estudio del profesor Priego recogido por Europa Press destaca que estas maniobras de Moscú presentan riesgos complejos, al mezclar elementos de fuerza militar directa, presión migratoria y acciones encubiertas de inteligencia y sabotaje. Mientras parte de la atención internacional permanece fija en el conflicto ucraniano y en la frontera este de la OTAN, la actividad rusa en el sur de Europa, sustentada en nuevas alianzas y tácticas no convencionales, consolida el Mediterráneo como un espacio prioritario dentro de sus doctrinas de seguridad y proyección global.