Barcelona, 16 ene (EFE).- Una falsa amenaza de bomba obligó este jueves a un avión de la aerolínea Turkish Airlines a realizar un aterrizaje de emergencia en Barcelona. Por suerte, situaciones como esta se producen de forma muy ocasional en la aviación, pero el sector cuenta con un estricto protocolo de actuación en caso de que se active la alarma.
En este caso, la amenaza de bomba resultó ser una broma de mal gusto de un pasajero, que se conectó a la red wifi del avión con el nombre 'Bomb. Everyone will die. 9.30h' (Bomba. Todo el mundo morirá a las 9.30h). Una pasajera lo vio, hizo un pantallazo y avisó a la tripulación, lo que desató un incidencia que se saldó sin consecuencias, aunque forzó el aterrizaje de emergencia del aparato en el Aeropuerto de El Prat.
Según explica el comandante e instructor de vuelo Èric Besora, los procedimientos de actuación de las aerolíneas ante casos como este pueden variar ligeramente en función de la compañía y el tipo de avión, pero la idea general es la misma.
"Una amenaza de bomba no se toma a la ligera, pero tampoco se pueden ir desviando aviones a aeropuertos alternativos a la primera de cambio", explica este experto en sus redes sociales, donde cuenta con miles de seguidores.
Por eso, cuando llega un mensaje de este tipo las compañías convocan un consejo de crisis e intentan determinar su veracidad.
Si creen que la amenaza puede tener la mínima veracidad, lo comunican al comandante a través de un mensaje y se activa el protocolo.
Lo primero que se hace es avisar a las autoridades. En Barcelona se activó el plan de emergencia Aerocat y se constituyó la Sala de Crisis bajo la dirección de Aena, el gestor aeroportuario, con la participación de los cuerpos policiales y servicios de emergencia.
Si el avión se encuentra en la pista o en la puerta de embarque, se hace bajar a los pasajeros y se les traslada a una zona designada como segura.
La cosa cambia si el aparato ya está volando. En este caso, se declara la emergencia y la prioridad es aterrizar en el aeropuerto más cercano. La tripulación, por su parte, se encarga de buscar en cabina algún objeto sospechoso.
Èric Besora, conocido en las redes como A320cat, recuerda que, en caso de hallarse algún artefacto extraño, los aviones cuentan con una zona denominada de bajo riesgo, lo que significa que, en caso de explosión, el riesgo sería menor. "No os puedo decir dónde está...", bromea el piloto y divulgador.
En todo caso, los tripulantes de cabina colocarían ahí el objeto cubierto con todas las mantas, cojines y material blando que encontrasen, para amortiguar el impacto en caso de explosión.
Besora añade que en la aviación "está todo pensado" y que el procedimiento incluso detalla cómo actuar ante la posibilidad de que la bomba tuviera un detonador por cambio de presión.
En el caso del vuelo de Turkish Airlines, procedente de Estambul, el comandante activó la emergencia cuando el avión sobrevolaba la isla de Cerdeña, pero aún así se decidió que aterrizara en Barcelona, su destino. Ante la alerta, un caza francés escoltó el aparato hasta El Prat para monitorizar cualquier incidencia.
El procedimiento recomienda aterrizar en el aeropuerto más cercano. Roma estaba a unos 250 kilómetros, Niza a unos 350 y Barcelona a unos 570, pero aún así el avión continuó hasta la capital catalana.
Besora cree que se tomó esta decisión porque no se dio mucha veracidad a la amenaza de bomba y se prefirió continuar al destino pidiendo prioridad de aterrizaje.
Ya en el Aeropuerto de Barcelona, el aparato se desvió a una zona segura al final de la pista 02, donde los pasajeros pudieron desembarcar por su propio pie. La Guardia Civil revisó el avión, las maletas y los propios viajeros y no encontró ningún objeto sospechoso, por lo que éstos pudieron continuar su viaje cuatro horas después.
Turkish Airlines ha anunciado que emprenderá acciones legales contra el pasajero que provocó la falsa alerta de bomba, pero la Guardia Civil ya ha advertido que la poca trazabilidad que deja el nombre de las redes wifi -que además se puede cambiar en cualquier momento- dificulta identificar a la persona que escribió el mensaje. EFE


