
En su intervención ante la Audiencia Nacional, M.R.—ciudadana española que reside en Noruega—argumentó que su conversión al islam se produjo tras sufrir maltratos y que ese acercamiento estaba motivado únicamente por la búsqueda de información sobre los derechos de la mujer en la religión. De acuerdo con la información publicada por el medio, la acusada ha negado cualquier relación con el Estado Islámico (DAESH) y responsabiliza su vinculación con grupos y contenidos islámicos al maltrato del que fue víctima. En este proceso judicial, se enfrenta a una petición de 11 años de prisión y una multa de 2.700 euros, según el escrito de acusación de la Fiscalía, por supuestos delitos de adoctrinamiento terrorista, enaltecimiento del terrorismo y quebrantamiento de medida cautelar.
Según consignó la Fiscalía, M.R. es acusada de haber actuado "de forma consciente y voluntaria al servicio del aparato de propaganda del DAESH" en el entorno digital, registrándose como administradora de distintos perfiles en varias redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, y accediendo con persistencia a materiales audiovisuales producidos por el grupo terrorista. La acusación sostiene también que utilizó una estrategia "multiplataforma", combinando el uso de redes populares y mensajería para contar con un acceso habitual e intenso a contenidos editados por productoras oficiales del Estado Islámico.
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Durante su comparecencia ante el tribunal, la propia M.R. detalló, según recogió el medio, que había entrado en contacto con grupos de Telegram que distribuían este tipo de materiales a través de una joven que conoció en Facebook y que en principio su interés estaba motivado por la curiosidad. Relató que su investigación se centró en la situación de la mujer en el islam, y que posteriormente una usuaria de Facebook le pasó un enlace al grupo de Telegram, donde tuvo acceso a un entorno desconocido para ella hasta ese momento. "Como había sido víctima de maltrato, empecé a investigar sobre los derechos de las mujeres en el islam. Más tarde, una chica en Facebook me pasó un enlace al grupo de Telegram y descubrí un mundo que nunca había visto", declaró, según los registros judiciales.
Durante el juicio, la acusada aseguró que su práctica religiosa era limitada y que llevaba una vida, en sus palabras, "normal" en Noruega. Añadió que llegaba a los grupos principalmente por la música: aunque los 'nasheed'—cantos típicos islámicos con contenido yihadista—eran frecuentes en esos foros, M.R. afirmó no entender el árabe y que solo le atraía la melodía. "No sé de lo que hablaban. Estaba en el grupo por la música y porque ponían vídeos de los niños europeos en los campos de Siria. Al margen de que sus padres sean o no terroristas, a mí los niños me duelen", explicó, según recogió el medio.
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El Ministerio Público también interrogó a la acusada sobre mensajes en los que declaraba "no soy una princesita, soy una guerrera" en uno de los grupos en Telegram. M.R. relató que esa expresión surgió a raíz de una discusión en la que intentaron expulsarla por su condición de mujer, ocasión en la que se refirió a los intervinientes como "misóginos" y se autocalificó de "guerrera" por haber sacado adelante a dos hijos en el extranjero y provenir de dos relaciones marcadas por el maltrato, según su relato.
En el transcurso del juicio, M.R. explicó que está incapacitada para trabajar debido a problemas psicológicos. Rompió en llanto al recordar que uno de sus hijos, diagnosticado con autismo, vive solo en un piso sin contar con apoyo. Sostuvo ante el tribunal: "¿Cómo voy a apoyar un acto terrorista? No tengo interés en los contenidos. Era curiosidad", según cita el medio.
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La fiscal, en cambio, rechazó la idea de que la participación de la acusada en estos canales fuera fruto del azar o la simple curiosidad, señalando que M.R. gestionó hasta tres cuentas de TikTok y formaba parte de cuatro grupos de Telegram, todos ellos identificados como yihadistas, según los datos manejados por la acusación.
Según reportó el medio, la acusada fue interceptada en el aeropuerto de Asturias, España, en agosto de 2023, mientras hacía una escala antes de un viaje a Túnez. En ese momento, M.R. mantenía contacto con un ciudadano tunecino condenado por yihadismo; ella afirmó desconocer los antecedentes penales de dicho individuo y explicó que conversaba con él porque le ayudaba a gestionar los ataques de pánico que padecía. Aclaró que había viajado a España con el objetivo de gestionar trámites de divorcio y que su estancia en Túnez se limitaba a unas vacaciones.
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El escrito de acusación, según detalla el medio, sostiene que M.R. expresó su acuerdo con el deseo de su interlocutor de morir juntos y ser martirizados "por el amor de Dios", afirmando que la acusada contravino las medidas cautelares judiciales que le impedían salir de España al ser detectada en Noruega el 24 de noviembre de 2023. Ante su permanencia en el extranjero y pese a los requerimientos judiciales, el tribunal emitió una requisitoria internacional que desembocó en su ingreso en prisión provisional en enero de 2024.
El Ministerio Público sostiene que, además de gestionar varias cuentas y participar en distintos foros, la acusada difundió de manera activa material yihadista y dinamizó la actividad en los grupos online. Las autoridades incautaron su teléfono móvil y accedieron a un repositorio remoto en la nube, lográndose acceder a una gran cantidad de propaganda yihadista radical disponible desde el dispositivo intervenido, según detalla la Fiscalía en el proceso recogido por el medio.
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