Jose Oliva
Barcelona, 8 ene (EFE).- El historiador estadounidense Timothy W. Ryback desmitifica la idea de una mayoría popular aupando a Hitler al poder en su ensayo 'El ascenso de Hitler al poder. 1932-1933', en la que muestra que llegó a canciller mediante "intrigas políticas, alianzas secretas y manipulaciones, y sin tener un apoyo abrumador en las urnas".
Ryback ha dicho en una entrevista con EFE que "lo trágico es que en enero de 1933, la República de Weimar se estaba recuperando de hecho del crack del 29, y muchos de los ejes programáticos de Hitler estaban siendo abordados mediante acciones políticas y económicas; el desempleo se había estabilizado y había indicios de recuperación económica".
Y lo más importante desde una perspectiva política, continúa el historiador, es que "las disposiciones más contenciosas del Tratado de Versalles estaban siendo renegociadas, incluidas las restricciones al ejército alemán y también los pagos de reparaciones de guerra".
Ryback considera que "si no se le hubiera dado a Hitler acceso a la cancillería en esos meses, su movimiento habría seguido experimentando una mayor erosión, aunque Hitler nunca habría desaparecido por completo de la escena política, pero casi con seguridad habría visto nuevos descensos, del 37% en julio de 1932 al 33% en noviembre de 1932, con más caídas a medida que la economía mejorara y los puntos de discusión del Tratado de Versalles desaparecieran".
A su juicio, sería plausible que los nacionalsocialistas se hubieran consolidado en un porcentaje similar al de los comunistas, en torno al 20% del electorado en lugar del 44% que lograron en marzo de 1933.
Frente al carisma de Hitler, apunta Ryback, había "políticos capaces de navegar el barco del estado como una república constitucional, aunque quizás una más conservadora; y si se hubiera permitido a su predecesor, Kurt von Schleicher, permanecer en el cargo otros seis meses, creo que bien podría haber guiado al país a través de la crisis hacia un futuro muy diferente, pero eso es ya mera especulación".
En el libro, Ryback recoge las palabras del abogado personal de Hitler, Hans Frank, quien dijo una vez que la dictadura de Hitler solo fue posible en ese momento particular, "en un momento particularmente frágil en el que el pueblo alemán estaba demasiado lejos del pasado para volver a la monarquía, pero no lo suficientemente lejos en el futuro para salvarse con la democracia".
En enero de 1933, se le entregó el poder a Hitler bajo la suposición de que se moderaría una vez en el cargo; la élite política también asumió que podrían mantenerlo bajo control y, en última instancia, confiaban en Hindenburg como presidente para ejercer la autoridad si fuera necesario. "Hindenburg había nombrado y destituido a tres cancilleres en los ocho meses anteriores y no había nada que le impidiera convertir a Hitler en el cuarto".
Ryback asegura que "Hitler y sus asesores entendían las estructuras y procesos democráticos tan bien como cualquiera y sabían cómo explotar sus vulnerabilidades: Utilizaron la libertad de reunión para hacer marchar columnas de tropas de asalto a través de bastiones comunistas y provocaron la violencia callejera, explotaron la libertad de expresión para difundir verdades a medias y mentiras descaradas, y paralizaron los procesos legislativos mediante votaciones obstruccionistas".
El autor advierte que hay "procesos similares en varias democracias hoy en día".
Tras investigar los más de 12.000 volúmenes de la biblioteca privada de Hitler, Ryback llega a la conclusión de que "el libro que quizás impactó más en su pensamiento con respecto al Holocausto, fue 'La caída de la gran raza' (1916), del eugenista estadounidense Madison Grant, quien expone el argumento de lo que ahora se denomina la "teoría del gran reemplazo".
En relación al libro 'Mein Kampf', recuerda Ryback que fue descartado por sus críticos como un manual político serio, en gran parte por su "naturaleza caótica y divagante, junto con su prosa tediosa y su longitud excesiva, casi 800 páginas, e incluso fue ridiculizado como Mein Krampf (mi espasmo)".
No se vendió masivamente hasta septiembre de 1930, cuando los nacionalsocialistas aumentaron diez veces su presencia en las elecciones al Reichstag.
El diario socialdemócrata Vorwärts escribió un editorial alarmista el día después de que Hitler fuera nombrado canciller, advirtiendo que "en su libro expuso su cosmovisión política... nos ha dicho exactamente lo que pretende hacer", pero "para entonces, por supuesto, era demasiado tarde", añade Ryback.
Las SA fueron concebidas originalmente como escuadrones de protección para Hitler durante sus apariciones en las cervecerías, pero gradualmente, apunta el autor, se convirtieron en "una fuerza de intimidación y violencia callejera, pues no se trataba tanto de 'limpiar' como de promover la violencia y elevar el perfil de un movimiento político relativamente marginal". EFE.
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