Pilar, Óscar y Cástor, vuelos de esperanza para recuperar el halcón peregrino en Burgos

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Burgos, 6 dic (EFE).- Los halcones peregrinos han vuelto a surcar los cielos de Burgos, desde donde acechan a las miles de palomas que en su ausencia se habían hecho las amas de la ciudad y que ahora reconocen con nítida inquietud el perfil de este ave rapaz.

El Ayuntamiento de esta localidad trabaja por la recuperación del halcón peregrino a través de un proyecto de reintroducción que acaba de cumplir su primer año de vida con muy buenos resultados.

Pilar, Óscar y Cástor son los tres ejemplares supervivientes de los siete pollos que, el pasado mayo, se introdujeron en los cajones hacking del Museo de la Evolución Humana y el Monasterio de San Juan de la capital burgalesa, en un proceso previo de aclimatación antes de ser liberados en junio, cuando se lanzaron a una aventura no exenta de riesgos.

El concejal de Medio Ambiente, Carlos Niño, ha asegurado a EFE que “hay que tener paciencia”, pues el proyecto de reintroducción del halcón peregrino, cuya última pareja se vio en la ciudad en 1983, está planificado para cinco años, y aun así “los resultados han sido mejor de los esperados”.

La iniciativa arrancó en octubre de 2021, con la instalación de seis cajones nido en ubicaciones especialmente seleccionadas, como la Catedral o el Castillo, y vigiladas con cámaras, para saber si algún ejemplar silvestre se animaba a criar en Burgos.

Solo en la caja nido de las agujas de la Catedral las cámaras registraron la presencia de un halcón, una hembra adulta que la utilizaba como refugio, pues allí llevaba sus presas y se las comía, pero que llegada la primavera desapareció.

Por ese motivo, el proyecto activó la segunda fase, con la instalación de los cajones de hacking en el Monasterio de San Juan y el Museo de la Evolución Humana e introdujo siete pollos de halcón de unos 30 o 35 días, tres hembras y cuatro machos, a los que prepararon para su liberación.

“Todos procedían de cría en cautividad pero fueron criados por sus padres”, ha explicado a EFE Roberto Milara, técnico de Medio Ambiente, quien ha destacado este matiz pues “este tipo de especies, durante los primeros días generan la impronta”, es decir, en su cabeza registran la imagen de cuál es su especie y si se crían con los padres se identifican con los halcones, lo que no ocurre si es criado a mano.

Este proyecto ha demostrado que los halcones tienen instinto cazador, pues si bien los primeros días se les alimenta, mediante un sistema por el que en ningún momento ven a la persona que se ocupa de ellos, en cuanto se les ha dejado salir se han lanzado a por posibles presas, y ya cazan sin problemas.

“Amaya, la hembra del Museo de la Evolución, lo primero que hizo el día que abrimos la jaula fue irse a por las palomas”, ha explicado Milara, así que las palomas de la zona ya huyen de los halcones, y su número se ha reducido ligeramente.

Milara ha insistido en que “su instinto les dice que tienen que cazar, pero luego tienen que aprender a cazar, a volar, a hacer quiebros...”, y en ello están ahora Óscar y Cástor, que se han asentado en Burgos después de viajar por buena parte del país, viajes de juventud y reconocimiento, y también Pilar, aunque esta hembra ha preferido asentarse en Palencia.

 Seguimiento GPS

Por el camino se han quedado los otros cuatro halcones: Teresa, Amaya y Pólux fallecieron este verano electrocutados tras posarse en tendidos eléctricos o catenarias, lo que es muy frecuente, un peligro derivado de la acción humana que se suma a los que ofrece la naturaleza, como la depredación que sufrió Forest por parte de un búho real.

El concejal ha recordado que el 40 por ciento de los halcones incluidos en proyectos de reintroducción, en los que se les hace un seguimiento por GPS, mueren electrocutados, y ha destacado que la iniciativa de Burgos haya apostado por ese seguimiento que permite saber dónde está el animal en cada momento, registrar sus viajes y detectar posibles problemas.

El proyecto, que continuará la próxima primavera con la introducción de otros seis pollos, también está haciendo seguimiento a una hembra silvestre que suele entrar a Burgos a cazar en invierno, que está usando el nido de la Catedral como refugio y que, además, tiene muy buenas relaciones con Óscar.

Todavía es pronto para saber si formarán pareja, ha apuntado Milara, pues los halcones no alcanzan su madurez sexual hasta el tercer año, pero el objetivo es que los ejemplares que se vayan liberando se queden en la capital, se emparejen entre ellos o con otros ejemplares silvestres y críen, permitiendo recuperar así su presencia en Burgos.EFE

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