Marc Corominas
Barcelona, 23 jul (EFE).- La cola de electores se alarga en la Escuela Antoni Brusi de Barcelona, la temperatura sube y los sobres con los votos para el Congreso y el Senado se convierten en un improvisado abanico para sofocar el calor, principal protagonista de este 23J, que se augura "caliente" también en lo político.
Este centro educativo barcelonés es uno de los muchos que no tiene aire acondicionado -solo un 16 % de las escuelas catalanas dispone de algún espacio climatizado-, lo que ha obligado a instalar una decena de ventiladores en el comedor, donde se han instalado las mesas de votación.
Arrimados a los ventiladores para aprovechar al máximo el único aire que corre en la sala, los miembros de las mesas también combaten el calor con las botellas de agua que ha distribuido el Ayuntamiento de Barcelona - 18.000 botellines (unos 9.000 litros), en total-, aunque algunos se quejan de que están "calientes".
En este colegio electoral, que está a apenas cuatro calles de la playa del Somorrostro, ha habido unos cuantos electores que han acudido en bañador y con la sombrilla bajo el brazo a cumplir con su deber cívico, para posteriormente ir a refrescarse en el mar, causando envidia entre los que todavía les quedan horas rodeados de urnas y papeletas.
Con el paso de las horas, la resignación se ha impuesto al enfado de aquellos que todavía estaban fastidiados por perder un domingo de verano contando votos.
"En un fin de semana de verano siempre hay planes, y si no te los inventas", señala Juan, vocal de mesa en un colegio electoral del Eixample de Barcelona, que se queja más de lo inoportuno de las fechas que del calor.
"Nos han dado un ventilador, un agua y las gracias", agrega su compañero de mesa, que tan solo desea que la jornada termine cuanto antes para volver a disfrutar de las vacaciones.
Igual de impaciente está Júlia, vocal de mesa en el colegio electoral del edificio histórico Universidad de Barcelona, que mañana se marcha de viaje y todavía tiene que hacer la maleta.
"Estaríamos mejor en la playa o por lo menos con aire acondicionado", señalan ella y Álvaro, su compañero de mesa, que lamentan de que en este colegio no han instalado ni ventiladores, aunque el clima no es tan tórrido como en otros puntos de votación.
Sin embargo, un agente de seguridad privada del colegio, que controla que solo accedan electores y veta a los turistas porque el recinto está cerrado, admite que a primera hora el lugar era un "horno" debido a la poca ventilación, lo que ha obligado a abrir la portalada que da acceso al patio interior del edificio para airear el espacio.
Aunque el ritmo de votación es fluido, las horas pasan lentas para los miembros de las mesas, y más si el resto de la familia está disfrutando de un día fuera de la ciudad y a ti te ha tocado estar en una mesa, como le ha pasado a Sandra, que el día después pedir el voto por correo le llegó la notificación para ser vocal.
Por suerte, ha encontrado en sus compañeras de mesa, Eulàlia y Mònica, dos buenas amigas para pasar este atípico día de julio, que afrontan con algo más de energía después de que un elector les haya regalado una bolsa de jugosos y frescos melocotones. EFE
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