El pueblo de 33 habitantes que esconde ‘El Escorial’ gallego: tardó cuatro siglos en construirse y es el segundo monasterio más grande del país

Incendios, abandono y una desamortización marcaron su historia, que hoy atrae a viajeros interesados en el Camino de Santiago

Monasterio de Santa María Oseira, en Ourense (ShutterStock).
Monasterio de Santa María Oseira, en Ourense (ShutterStock).
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En un valle del norte de Ourense, apenas 33 personas conviven con un edificio de 43.000 metros cuadrados que algunos comparan con El Escorial. Oseira, una aldea gallega perdida entre montes de la sierra de Martiñá, ingresó en 2026 a la red de Los Pueblos Más Bonitos de España gracias al Monasterio de Santa María la Real, un conjunto cisterciense que acumula casi nueve siglos de historia.

El reconocimiento llegó junto al de otras tres localidades —Alpuente, en Valencia, Vilanova dos Infantes, también en Ourense, y Santa Gadea del Cid, en Burgos—, que se sumaron a una asociación que evalúa a sus miembros con más de 40 criterios relacionados con la conservación arquitectónica, la integración paisajística y la calidad urbana. Oseira forma parte del municipio de San Cristovo de Cea y se ubica a unos 35 kilómetros de la capital provincial, a 700 metros de altitud.

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La historia del lugar se remonta a 1137, cuando un grupo de ermitaños se instaló en el valle. Cuatro años después, monjes cistercienses enviados desde la abadía francesa de Claraval por Bernardo de Claraval tomaron el relevo y fundaron oficialmente el monasterio. La construcción de la iglesia abacial se extendió entre finales del siglo XII y 1239, año de su consagración, mientras que otras dependencias, como la célebre sala capitular, no se terminaron hasta el siglo XV. El complejo recibe el sobrenombre de “el Escorial gallego” por sus dimensiones y por la sobriedad de su arquitectura, aunque es anterior en varios siglos al monumento que Felipe II mandó construir en Madrid. La fachada combina estilos románico, gótico y barroco, y las dos torres que coronan la iglesia se inspiraron en las de la catedral de Santiago de Compostela.

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Un incendio y una desamortización marcaron su historia

El monasterio no ha atravesado los siglos sin sobresaltos. En 1522, un incendio destruyó casi todas las construcciones y solo la iglesia, de granito, sobrevivió a las llamas. La comunidad decidió reconstruir el conjunto en el mismo emplazamiento, y entre los siglos XVI y XVIII se levantaron los tres claustros que hoy se conservan: el de los Caballeros, el de los Medallones y el de los Pináculos.

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El golpe más duro llegó con la desamortización de Mendizábal en 1835, cuando los monjes abandonaron el edificio por orden del Gobierno y el lugar quedó expuesto al saqueo y al deterioro durante casi un siglo. La comunidad regresó en 1929, con monjes trapenses procedentes de Francia, pero las obras de restauración más profundas no comenzaron hasta mediados de la década de 1960, impulsadas por el entonces obispo de Ourense, Florencio Cerviño González. El esfuerzo recibió reconocimiento en 1990, cuando el monasterio obtuvo la Medalla de Oro de la Diputación de Ourense y el Premio Europa Nostra, entregado por la reina Sofía.

Entre los ambientes interiores destaca la sala capitular, conocida popularmente como “sala de las Palmeras” por sus columnas torsionadas sin capiteles, que se abren hacia arriba como ramas hasta formar bóvedas de crucería de influencia manuelina portuguesa. El conjunto también incluye una biblioteca con cerca de 30.000 volúmenes en estanterías de estilo barroco-rococó, un museo de escultura religiosa y una escalera de honor construida entre 1644 y 1647, con 24 peldaños decorados con puntas de diamante. Las visitas al monasterio son siempre guiadas, duran alrededor de 45 minutos y no permiten la toma de fotografías en el interior.

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