Rafa Lozano Jr., el boxeador que salió de la estela de su padre y sueña ahora con un oro olímpico: “Cuando empecé, me decían que estaba ahí por ser ‘el hijo de’”

El boxeador atiende a ‘Infobae’ para hablar de su trayectoria, los pesajes, los Juegos Olímpicos y el mundo del boxeo

El boxeador Rafa Lozano Jr (imagen cedida)
El boxeador Rafa Lozano Jr. (Imagen cedida)
Guardar

“En un rato me voy a entrenar, pero puedo hablar”, comienza la conversación entre Infobae y Rafa Lozano Jr. Su vida gira en torno al boxeo, y ya era así nada más nacer, debido a su padre. “Cuando empecé me decían que estaba ahí por ser el hijo de”, recuerda. Pero a él nadie le ha regalado nada. A base de combates y golpes y de levantarse una y otra vez, se ha labrado su camino. Tiene ya varios títulos, como el europeo o el bronce mundial y, entre los combates olímpicos y los profesionales, pasa de un ring al otro movido por un sueño: ser campeón olímpico y conseguir que su familia deje de trabajar.

Su padre, Rafa Lozano, ha sido uno de los púgiles más importantes de España. De niño, Rafa Lozano Jr. realizó diferentes deportes, como fútbol o gimnasia deportiva, hasta que cumplidos los 10 años fue al campeonato de España de lo que entonces se llamaba “deporte de contacto”, porque no se realizaba boxeo en niños. “Poco a poco me fui yendo al boxeo”, cuenta. Lo había palpado desde pequeño, al acompañar a sus padres a las competiciones y los entrenamientos. “Cuando era pequeño convivía con los mejores deportistas de España”, asegura.

PUBLICIDAD

Sus antecedentes familiares, sin embargo, también han sido una losa. “Cuando empecé, había mucha gente que me decía que yo no me había ganado el derecho de estar ahí y que solo estaba por ser el hijo de”, explica. Unas palabras que no tardó en tirar abajo a base de combates. En el campeonato de España no dejó ni un rival en el camino. “Yo tampoco tengo la culpa de que mi padre haya sido seleccionador olímpico”, destaca. Para él, fue una suerte, como describe, que su padre fuera boxeador y poder rodearse de los mejores desde pequeño. “Yo lo que veía era calidad”.

El boxeador español Rafael Lozano en un combate de los Juegos Olímpicos de París. (EFE/Miguel Gutiérrez)
El boxeador español Rafael Lozano en un combate de los Juegos Olímpicos de París. (EFE/Miguel Gutiérrez)

A medida que fue creciendo, los resultados no bajaron. Pasó por el juvenil, por las categorías inferiores. Con 16 años fue subcampeón de Europa en junior y al año siguiente se proclamó campeón del Viejo Continente, en 2021. Un curso después, fue bronce mundial joven. En 2023 llegó el gran salto: la absoluta. “Me lo olía, yo cumplía los requisitos que había que tener para estar ahí. Yo ya había estado guanteando con los mayores, me veía con nivel y ellos me veían ahí”. Sin embargo, su primer año en el equipo absoluto no fue como esperaba. Las lesiones llegaron a su vida y tuvo que pasar dos veces por el quirófano para operarse del tendón del bíceps, una intervención en cada brazo.

PUBLICIDAD

“Ese año no gané ni un combate. Solo hice tres combates, que es poquísimo, y perdí los tres”. Una de las lesiones, de hecho, se la hizo en pleno combate, en el que además iba ganando. “Fue duro, pero me enseñó mucho. Me enseñó a cuidarme más. Las cosas que antes decía ‘no pasa nada por no hacer esto’, como estirar, pues aprender que sí que pasa. En ese momento maduré mucho deportivamente”. Ahora, visto con retrospectiva, considera que fue mejor pasar tan joven por todo eso. Tras un año para olvidar, 2024 llegó lleno de éxito. Consiguió una medalla europea y la clasificación para los Juegos Olímpicos de París. “Conseguir la plaza fue el momento más feliz de mi vida. Fue muy emotivo”, recuerda.

“Solo yo y mi padre sabemos el trabajo y sacrificios que hice para poder llegar después de las operaciones”, explica. Lo consiguió en la última oportunidad que había para lograr el billete olímpico, ya que durante los primeros clasificatorios todavía estaba en el proceso de recuperación. Su actuación en los Juegos Olímpicos le dejó un “sabor poco malo” porque se quedó a un punto de asegurar la medalla. “Todo pasa por algo y ahora toca prepararse para los clasificatorios de Los Ángeles”, afirma. Además de competir con el equipo nacional, también ha decidido dar el salto al boxeo profesional.

Rafa Lozano Jr. junto a su padre y seleccionador nacional. (Europa Press)
Rafa Lozano Jr. junto a su padre y seleccionador nacional. (Europa Press)

El boxeo profesional, los cambios de peso y los Juegos Olímpicos

En el año 2025, se presentó la oportunidad de dar el salto al boxeo profesional y decidió aprovecharla. “Quería pasarme a profesional haciendo algo que no había hecho nadie: debutar a diez asaltos y por un título”. Su equipo (formado por su padre y la promotora JHM) no dudó en apoyarle. Además, fue en su casa, en Córdoba. Una de las grandes diferencias entre el olímpico y el profesional es que en el olímpico no evitas a nadie. “Al final te toca pelear con los mejores de cada país; antes o después te enfrentas a los mejores. En el profesional sí puedes elegir al rival”, explica, aunque reconoce que el profesional es un “boxeo más peligroso” porque el guante es más pequeño.

Se trata de dos modalidades diferentes. El ritmo y la mentalidad marcan las diferencias. “En el profesional también te ponen con rivales duros para que te vayas acostumbrando y adaptando. Tienes que ser muy fuerte a nivel mental, porque cuando haces 10 asaltos, te vas cansando mucho en todos los sentidos”. Él se define como “un boxeador bastante inteligente y bastante preciso”. ”No tiro muchos golpes, pero cuando tiro es porque sé que voy a dar. Además, me considero bastante rápido en el ataque y con visión de golpe y buenos reflejos. No soy Tyson, pero soy un boxeador fuerte que sabe recibir los golpes”.

Una cuestión que marca también los combates es el pesaje. “Puedes bajar y luego volver a subir unos seis o siete kilos, algunos incluso suben diez, antes del combate”. Para bajar de peso, lleva una buena alimentación durante toda la preparación, y los días previos empieza a intensificarse la bajada. “Empezamos a emplasticarnos, te abrigas con plásticos para empezar a sudar. También nos echamos crema para sudar más, porque hace que el cuerpo se caliente más. Y ya de últimas, lo que haces son bañeras de agua ardiendo y le echas sal para que te deshidrate más y bajas el peso rápido”. Una situación que le lleva a la deshidratación e incluso a los mareos. La recuperación también es poco a poco, porque el estómago está cerrado. “Vas bebiendo agua, hidratos y proteína y rápido subes cuatro o cinco kilos”, relata.

El boxeador cubano que vivió una odisea para llegar a España y cumplir el sueño de padre.

Su próximo compromiso será en diciembre, cuando competirá en una copa mundial en Uzbekistán, donde tratará de conseguir puntos para el ranking. De cara al próximo año, intentará clasificarse para los próximos Juegos Olímpicos. Su primera oportunidad será en abril y acudirá con la intención de conseguir el billete olímpico cuanto antes y estar “relajado el resto del tiempo”. Su objetivo es ser campeón olímpico, aunque su sueño es “hacer que su familia no tenga que volver a trabajar, que se tiren los 365 días del año de vacaciones”.

Respecto a su padre, destaca: “Para mí ha significado todo. Es el que me ha dado la oportunidad de que mi nivel salga a la luz y el que hace que todos los días sea un poquito mejor que el día anterior y que siempre me esfuerce al máximo y que no pare de tener una mentalidad ambiciosa como él la tiene”. Nunca sintió que el apellido le pesara, solo intentó mantenerse ajeno a los comentarios del resto. Ahora, tras años en el mundo del boxeo, asegura que ese deporte es su vida. “Nací con unos guantes puestos. Para mí, es mi vida. Me ha abierto muchas puertas y he podido conocer a mucha gente gracias al boxeo. Estoy viviendo mi sueño por el boxeo, gracias a todo el trabajo que hay detrás. Nadie me ha regalado nada porque yo soy el que se sube al ring. No se sube nadie más”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD