Todo lo que no se vio de la visita de los reyes Felipe VI y Letizia a Ceuta: del guiño a Sonsoles Ónega al blindaje histórico de cinco escoltas por monarca

La cercanía con los ceutíes marcó una jornada que llevaba sin suceder desde hace diecisiete años

Los detalles de la visita de los reyes a Ceuta. (REUTERS/Pedro Nunes)
Los detalles de la visita de los reyes a Ceuta. (REUTERS/Pedro Nunes)
Guardar

Han tenido que pasar diecisiete años para que la Casa Real española volviera a pisar suelo ceutí en viaje oficial. Tras la histórica visita de don Juan Carlos y doña Sofía en 2007, y coincidiendo con el día posterior a la celebración de la Fiesta Nacional del 12 de octubre, don Felipe y doña Letizia desembarcaron este martes en la ciudad autónoma para cumplir con lo que ellos mismos calificaron como una visita “largamente deseada”. El viaje llegaba en un contexto de especial sensibilidad social, apenas dos meses después de la entrada masiva de migrantes en las costas ceutíes que costó la vida a 90 personas a finales de julio.

La agenda oficial condensó diez horas de actividad frenética. Arrancó a mediodía con una recepción multitudinaria en la céntrica Plaza de África y en el Ayuntamiento, donde los monarcas almorzaron en privado con el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, tras firmar en el libro de honor y recibir las llaves de la ciudad. A partir de ahí, la comitiva se trasladó al colegio público Vicente Aleixandre para conocer de primera mano la convivencia multicultural en las aulas, antes de presidir un emotivo acto de recuerdo en el cementerio de Sidi Embarek por los fallecidos en el mar y cerrar el día con un encuentro social en el Parador La Muralla.

PUBLICIDAD

Sin embargo, más allá de la hoja de ruta institucional, la visita dejó una estela de gestos espontáneos, anécdotas a pie de calle y un complejo engranaje logístico que rara vez captan los objetivos de las agencias. Desde el dispositivo blindado que rodeó a la comitiva en todo momento hasta las muestras de complicidad de la reina con los vecinos y la prensa, la jornada estuvo repleta de detalles que demostraron la voluntad de la Corona de saltarse el protocolo para conectar directamente con la realidad ceutí.

Un cordón de seguridad inédito

La expectación era máxima y el Servicio de Seguridad de la Casa del Rey, en coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, no dejó ningún cabo suelto. Aunque los monarcas siempre se desplazan con escolta, llamó poderosamente la atención el volumen del despliegue en las calles ceutíes. En las inmediaciones de la Plaza de África, donde se agolpaban cientos de vecinos con pancartas y gritos de “¡Viva el Rey!”, se pudo observar un cordón de seguridad excepcionalmente denso.

PUBLICIDAD

Los reyes Felipe y Letizia durante su visita a Ceuta. (EFE)
Los reyes Felipe y Letizia durante su visita a Ceuta. (EFE)

Cada movimiento de don Felipe y doña Letizia estuvo flanqueado por entre cuatro y cinco guardaespaldas de paisano que los seguían a escasos centímetros de distancia. Esta cápsula de seguridad, aunque estricta en su perímetro visual, tuvo que flexibilizarse constantemente. La insistencia de los reyes en romper la línea protocolaria para acercarse a las vallas, estrechar manos y preguntar a los vecinos por su situación tras la crisis migratoria del verano, obligó a los agentes a reajustar sus posiciones en tiempo real. Afortunadamente, pese a la aglomeración y el retraso que estos saludos provocaron en el inicio del acto en el Ayuntamiento, la jornada transcurrió sin un solo incidente.

El guiño de doña Letizia a Sonsoles Ónega

La conexión con el público dejó una de las anécdotas más curiosas de la mañana, demostrando que doña Letizia no pierde detalle de su entorno ni siquiera en medio del bullicio. Durante el largo paseo de saludos, abrazos y peticiones de ‘selfies’ en la Plaza de África, la Reina detectó entre la multitud a un reportero del programa Y ahora Sonsoles.

La esposa de Felipe VI ha asistido al último adiós del legendario periodista, quien falleció este martes, 3 de marzo, a los 78 años (Europa Press)

Aunque el periodista no había logrado hacerse hueco en la primera fila, consiguió estirar el brazo para acercarle el característico micrófono naranja del formato de Antena 3. Lejos de esquivarlo, doña Letizia lo cogió con naturalidad. De hecho, llegó a sostener el micrófono en la mano mientras posaba sonriente para la cámara del teléfono de una vecina. Antes de devolvérselo al reportero, aprovechó para mandar un afectuoso saludo en directo al programa de las tardes. Un gesto espontáneo que revalida públicamente la inquebrantable amistad que mantiene desde hace casi tres décadas con Sonsoles Ónega, a quien ha arropado en momentos clave de su vida, desde la capilla ardiente de su padre hasta la firma de ejemplares de su Premio Planeta.

El instinto maternal de la reina Letizia

El baño de masas también deparó imágenes cargadas de ternura que rompieron por completo con el tono formal de las visitas de Estado. Mientras la comitiva avanzaba lentamente entre los vítores, una vecina de las primeras filas llamó la atención de doña Letizia. Tras cruzar unas palabras y una mirada de complicidad, la reina no dudó en detener la marcha para coger en brazos al bebé de la mujer.

La reina Letizia y la complicidad con un bebé. (EFE/Chema Moya)
La reina Letizia y la complicidad con un bebé. (EFE/Chema Moya)

Doña Letizia acunó al pequeño durante varios instantes, acariciándolo y charlando animadamente con la madre, en una escena que desató los aplausos y sonrisas de quienes se encontraban a su alrededor. El gesto, captado rápidamente por los teléfonos móviles de los presentes, evidenció la faceta más cálida y humana de la reina, quien volvió a demostrar que, cuando se trata de conectar con las familias y los niños, el protocolo de Zarzuela siempre pasa a un segundo plano.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD