La psicología confirma que sentimos más cercanía con compañeros de trabajo con los que compartimos un ambiente laboral estresante

Según la psicología, si te llevas mal con tu jefe, te llevas bien con tus compañeros de trabajo

Una mujer de traje habla de pie ante siete personas sentadas alrededor de una mesa de reuniones con documentos, ordenadores y gráficos.
Entregas díficiles de gestionar o mucha carga de trabajo son algunos de los elementos que pueden generar estrés en el ambiente laboral y, a la vez, cohesión social. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Entregas imposibles, microgestiones o liderazgo tóxico son algunas de las causas de agotamiento que pueden afectar a la salud mental de los trabajadores. Los ambientes acelerados pueden desembocar en problemas de estrés para las personas, pero en ciertos grupos también se puede dar unión y solidaridad. En otras palabras y como dicen los expertos: cohesión social.

Según varias investigaciones, si varias personas atraviesan un ambiente laboral estresante favorece los vínculos con más fuerza en comparación con compartir logros o jornadas tranquilas. El fenómeno es una mezcla de mecanismos de cooperación grupal, una respuesta frente a jefes abusivos y un tipo específico de confianza que solo aparece bajo presión real.

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Estos rasgos de comportamiento se parecen a los que aparecen cuando ocurre una catástrofe ambiental y las personas se organizan.

Los equipos que sufren juntos cooperan más que los que no sufren

Cuatro personas trabajan en dos mesas de madera con laptops, documentos, gráficos, cuadernos, bolígrafos, lápices, tazas de café y teléfonos móviles.
Según varios estudios, la adversidad compartida genera vínculos de confianza y trabajo en equipo en una oficina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en Frontiers in Psychology por los investigadores Brock Bastian, Jolanda Jetten y Laura Ferris sometió a distintos grupos de trabajo a tareas que incluían una experiencia física adversa, como mantener las manos en agua helada, frente a grupos de control que realizaron las mismas tareas sin esa carga negativa. Los equipos que atravesaron la experiencia difícil mostraron un nivel de interacción de apoyo superior.

Los autores señalan que responder al malestar con cercanía grupal es una reacción funcional ante entornos percibidos como amenazantes, un patrón que favorece la cooperación.

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Este hallazgo tiene una aplicación directa en oficinas y equipos de trabajo. Un cierre de proyecto bajo presión, una auditoría sorpresa o una falla de sistema que obliga a resolver un problema entre todos en tiempo récord generan ese mismo tipo de vínculo. La adversidad compartida, según los investigadores, cumple una función de demarcación de grupo que las experiencias positivas no logran replicar con la misma intensidad.

Quejarse juntos de un jefe difícil funciona como pegamento social

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los autores aclaran que este mecanismo no implica que el malestar compartido sea deseable, simplemente documenta una consecuencia social observable de los entornos laborales hostiles.(Imagen Ilustrativa Infobae)

Una investigación de Rutgers University, Utah State University y Southern Methodist University, difundida este año, encuestó durante diez días consecutivos a 202 empleados de distintos rubros y luego replicó el experimento con otros 111 trabajadores. Los resultados mostraron que, en los días en que los empleados compartían quejas sobre su jefe, se sentían más cercanos entre sí y más dispuestos a cooperar y ayudarse.

El efecto se intensificó cuando el superior tenía un trato verbal o emocionalmente abusivo, señalaron los investigadores en declaraciones recogidas por Newsweek. En esos casos, el jefe pasa a funcionar como un enemigo común frente al cual el equipo se une, lo que incrementa el trabajo colaborativo entre pares aunque también los aleja del superior. Los autores aclaran que este mecanismo no implica que el malestar compartido sea deseable, sino que documenta una consecuencia social observable de los entornos laborales hostiles.

Por qué los equipos bajo presión confían más rápido entre sí

Un hombre y una mujer sentados frente a la mesa en una oficina. El hombre se frota los ojos y la mujer muestra un semblante visiblemente molesto
Las relaciones tóxicas en el trabajo generan mucho estrés. (Magnific)

El concepto de confianza acelerada, descrito originalmente por los investigadores Debra Meyerson, Karl Weick y Roderick Kramer, explica un tercer mecanismo. Según este modelo, retomado en un análisis reciente de Randstad Advisory, los equipos temporales que enfrentan una tarea con resultado incierto, interdependencia real entre sus integrantes y consecuencias visibles desarrollan niveles de confianza mutua que en condiciones normales tardarían meses en construirse.

La combinación de factores resulta determinante. Cuando ninguna persona del equipo puede resolver sola el problema, cuando la respuesta no está garantizada de antemano y cuando el fracaso tiene un costo real, los integrantes terminan por revelarse entre sí algo genuino sobre su forma de trabajar y reaccionar. Ese mismo proceso aparece en salas de redacción durante una cobertura urgente, en equipos de sistemas frente a una caída de servidores o en áreas comerciales que enfrentan un cierre de trimestre adverso.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

No todas las formas de presión compartida producen el mismo resultado. La proximidad constante sin un motivo claro que la justifique puede generar roces en lugar de cercanía, según documentó recientemente un estudio financiado por la Comisión Europea sobre convivencia en equipos de trabajo. La variable que parece inclinar la balanza hacia la cohesión, de acuerdo con las tres investigaciones citadas, es la existencia de una amenaza o un desafío externo concreto que el grupo deba enfrentar en conjunto.

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