Se acerca el invierno con menos reservas de gas y precios más altos, pero España afronta el frío con ventaja para asegurar el suministro

La capacidad para recibir cargamentos de GNL por barco y la variedad de proveedores da margen de maniobra ante un escenario europeo marcado por la incertidumbre

Mujer de perfil tocando un termostato digital que marca 21 grados centígrados en un salón frente a una ventana exterior con lluvia.
Una mujer ajusta el termostato digital de su casa a 21 grados centígrados mientras en el exterior llueve. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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España se acerca a la temporada de calefacción con una ventaja relativa frente a otros mercados europeos: su sistema gasista tiene más opciones para recibir suministros por mar y reducir la dependencia de una única ruta. La red de plantas de regasificación, las conexiones con Argelia y la diversidad de países que venden gas al mercado español le dan más margen ante un invierno que comienza con reservas europeas bajas y precios elevados.

La situación no implica que España esté protegida de la tensión energética. Sus almacenamientos subterráneos cerraron septiembre cerca del 75% de capacidad, frente al 87% de un año antes, según el último Boletín Estadístico de Enagás. Un dato que refleja que el país también llega con menos colchón a los meses de invierno, cuando el consumo es mayor.

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La principal diferencia respecto a otros países radica en la capacidad para importar gas natural licuado (GNL) por barco. Mientras buena parte de Europa central y oriental depende más de los gasoductos continentales y de los depósitos subterráneos, España puede recurrir a cargamentos marítimos y a sus conexiones con el norte de África.

Esa posición reduce el riesgo de un problema físico de suministro, aunque no evita que hogares, comercios e industrias paguen el impacto de un mercado internacional más caro.

Europa entra en la temporada de frío con menos gas almacenado

Los depósitos de la Unión Europea estaban al 72% de su capacidad el 1 de octubre, según la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Gas (ENTSOG). El nivel queda por debajo de los registros habituales antes del invierno, una fase en la que los países empiezan a retirar gas almacenado para atender el consumo doméstico y la demanda de las empresas.

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Tanques de Enagás en la Zona Franca de Barcelona. (Albert Gea / Reuters)
Tanques de Enagás en la Zona Franca de Barcelona. (Albert Gea / Reuters)

El almacenamiento no es una reserva secundaria. Durante el invierno de 2025-2026 cubrió cerca del 26% del consumo europeo de gas, tras aportar alrededor del 30% en la temporada previa. Entrar con menos existencias obliga al continente a depender en mayor medida de los cargamentos de GNL que lleguen a los puertos durante los próximos meses.

A ello se suma la evolución de los precios. El TTF holandés, referencia del mercado europeo, se ha movido en los últimos días cerca de 80 euros por megavatio-hora, después de que las tensiones en el estrecho de Ormuz y las previsiones de temperaturas más bajas elevaran la preocupación por el suministro.

El paso marítimo concentra una parte relevante del comercio mundial de GNL, por lo que cualquier incidente que altere la navegación repercute en los compradores europeos y asiáticos.

La Comisión Europea considera que el sistema comunitario tiene capacidad para cubrir la demanda durante el invierno, gracias a la expansión de las terminales de GNL, una mayor diversificación de orígenes y una demanda menor que la registrada antes de la crisis de 2022. Sin embargo, ENTSOG advierte de que, si escasean los cargamentos, los depósitos europeos podrían terminar la temporada con niveles inferiores al 30%.

Siete plantas permiten a España recibir gas por mar

La principal fortaleza de España es su infraestructura portuaria. El sistema dispone de siete plantas de regasificación, situadas en Barcelona, Cartagena, Huelva, El Musel, Bilbao, Sagunto y Mugardos. Estas instalaciones reciben el GNL transportado por buques, lo devuelven a estado gaseoso y lo inyectan en la red que abastece a hogares, centrales eléctricas e industrias.

Según Enagás, las terminales españolas concentran alrededor del 30% de la capacidad de regasificación de la Unión Europea y el 40% de la capacidad comunitaria de almacenamiento de GNL en tanques. Esa infraestructura ofrece una alternativa a los países más expuestos a los gasoductos terrestres y a la disponibilidad de sus reservas subterráneas.

"Argelia es un suministrador estable, fiable y constante de gas", ha ensalzado el ministro de Exteriores español.

No obstante, esta ventaja tiene límites. Tener capacidad para descargar y transformar gas no garantiza que haya siempre cargamentos disponibles ni que lleguen a precios asequibles. España debe competir con Asia y otros compradores por el GNL procedente de Estados Unidos, África occidental, América Latina o el Golfo, en un contexto marcado por las dificultades de tránsito en Ormuz.

Tampoco puede convertirse en una solución para toda Europa. Las interconexiones con Francia limitan la cantidad de gas que la península ibérica puede trasladar hacia el centro del continente. La red española, aunque aporta seguridad al abastecimiento nacional, no puede compensar por sí sola una hipotética escasez en Alemania, Europa oriental o los Balcanes.

Argelia y Estados Unidos sostienen la diversidad del suministro

La procedencia del gas también distingue a España. Entre enero y septiembre, Argelia aportó el 34,2% de las importaciones nacionales y Estados Unidos el 30,7%, según los últimos datos de Enagás. Rusia representó el 15,2% en el acumulado de los nueve primeros meses del año, aunque en septiembre no llegaron cargamentos rusos por primera vez desde el inicio de la invasión de Ucrania.

La combinación de gasoductos y buques reduce la dependencia de una sola vía. Argelia suministra gas a través de las conexiones con la península, mientras que Estados Unidos y otros productores envían GNL por mar. Enagás ha señalado que el sistema español ha recibido gas de 14 países en 2026, una diversidad que facilita sustituir parte de un origen si falla otro.

Una capacidad de reemplazo que resulta clave ante un escenario geopolítico cambiante. La guerra entre Rusia y Ucrania, el futuro de las importaciones rusas de GNL, el conflicto en Oriente Medio y la situación de Ormuz pueden modificar los flujos comerciales en pocos días.

Una mujer pone la calefacción a 22 grados en invierno (Canva)
Una mujer pone la calefacción a 22 grados en invierno (Canva)

Puede llegar más gas, pero el precio sigue condicionado por el mercado

A pesar de que España tiene menos riesgo de problemas de abastecimiento, si el gas se encarece, subirá el coste de la calefacción para los hogares y de la electricidad en las horas en las que las centrales de ciclo combinado marquen el precio mayorista. Además, las empresas intensivas en energía también afrontan una presión adicional sobre sus costes de producción.

Las familias acogidas a la Tarifa de Último Recurso (TUR), la modalidad regulada del gas, cuentan desde octubre con un límite del 15% para la revisión trimestral. Sin esa intervención, el aumento habría superado el 45%, según explicó el Ministerio para la Transición Ecológica.

La medida del Gobierno evita que la factura suba de golpe este otoño para los más de tres millones de usuarios de la tarifa regulada. Pero el encarecimiento no desaparece: la parte de la subida que no se aplica ahora se recuperará en futuras revisiones. Los hogares y comunidades con contratos en el mercado libre, así como las empresas, seguirán sujetos a la evolución del precio internacional del gas.

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