Los cinco puntos débiles de Europa que Rusia podría aprovechar en un ataque: de su enclave de Kaliningrado al corredor que lo conecta con Bielorrusia

El coronel Alfredo Rodríguez explica a ‘Infobae’ que Rusia ha aumentado sus ataques híbridos para buscar cuál es el límite hasta el que puede llevar a la OTAN

El presidente ruso Vladimir Putin trajeado frente a un mapa ilustrado que muestra el mar Báltico y las fronteras de los países bálticos
Vladimir Putin sobre un mapa del mar Báltico en el contexto de las tensiones bélicas e híbridas con la OTAN. (Composición/Mapy.com)
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“Rusia está probando hasta dónde puede llegar sin provocar una respuesta directa de la OTAN. Es decir, dónde está realmente el límite”. Así explica el coronel Alfredo Rodríguez qué significa exactamente el repunte de ataques híbridos rusos sobre Europa. La ofensiva del Kremlin se ha hecho notar en varios países aliados en las últimas semanas. Letonia ha denunciado la entrada de personas encapuchadas a través de la frontera de Bielorrusia, mientras que Lituania ha reforzado militarmente la frontera y Alemania ha criticado la supuesta autoría rusa del sabotaje del aeropuerto de Leipzig.

La realidad es que la guerra de Ucrania no parece cerca de concluir, por lo que Rusia no está cambiando su enfoque por considerar cerrado el frente principal. Se trata de una puesta a prueba. “Está tensando la cuerda para comprobar hasta dónde puede hacerlo sin que se rompa”, explica el coronel. Según este experto, la estrategia es impulsar la presión de la conocida como “zona gris”. Evitar el conflicto militar convencional, pero hacer daño desde dentro a través de ciberataques, interferencias GPS, drones o presiones migratorias. Es decir, como explica precisamente la doctrina Gerasimov, acuñada por el general ruso del mismo nombre, ataques híbridos.

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Para este tipo de operaciones, Rusia cuenta con una importante cantidad de posibilidades. Algunas informaciones han buceado en la posibilidad de que aproveche sus buques de la flota fantasma que navegan habitualmente por el Mediterráneo para dirigirse directamente a una potencia europea. Sin embargo, como explica Alfredo Rodríguez, existen al menos cinco escenarios más probables por cuestiones logísticas, geográficas y del impacto que puede tener. La región de Kaliningrado, Narva en Estonia, el Báltico, la frontera bielorrusa y el corredor de Suwałki son las zonas “especialmente sensibles”.

Rusia atacó infraestructuras energéticas, militares y viviendas en diferentes regiones de Ucrania

Kaliningrado, el último bastión ruso

Kaliningrado es un enclave ruso situado entre Polonia y Lituania, a orillas del mar Báltico. En 1945, al final de la II Guerra Mundial, pasó de Alemania al control soviético, tras la división de Prusia Oriental en Potsdam. Es una región rusa que quedó separada del resto del país desde la disolución de la Unión Soviética en 1991. El territorio alberga la Flota rusa del Báltico y posee valor militar estratégico por su ubicación junto a países de la Unión Europea y la OTAN.

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Este miércoles, Lituania anunció que movilizará militares para reforzar la vigilancia en su frontera con el enclave ruso de Kaliningrado, tras detectar “señales” de una posible movilización en Rusia. El ministro del Interior, Martynas Katelynas, informó que solicitó el apoyo del Ejército para los guardias fronterizos. La decisión se produce una semana después de que varias embajadas rusas advirtieran sobre la posibilidad de un ataque con “todo su arsenal” si la OTAN aislara Kaliningrado. Moscú sostuvo que defendería el enclave con todos sus recursos, incluidas armas nucleares en ese supuesto.

Soldados con uniforme militar colocan alambre de espino en postes junto a un mapa de Europa con regiones marcadas en verde
Soldados polacos instalan una cerca de alambre junto a un mapa de Europa que destaca Kaliningrado. (Reuters/Arkadiusz Stankiewicz/Agencja Wy)

La región rusoparlante de Estonia

En marzo, una campaña difundida por canales prorrusos en Telegram, VKontakte y TikTok promovió la creación de una supuesta “República Popular de Narva”. Se trata de una ciudad estonia fronteriza con Rusia y de mayoría rusohablante. Los mensajes incluyeron mapas, banderas, emblemas y llamados a organizarse contra las autoridades de Estonia, con referencias a sabotajes y defensa armada. La Policía de Seguridad de Estonia calificó las publicaciones como una campaña de desinformación destinada a generar confusión y dividir a la sociedad. La iniciativa imita la estrategia con la que Donetsk y Lugansk, apoyadas por Rusia, acabaron autoproclamándose independientes de Ucrania.

A finales de septiembre, el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) publicó un escenario hipotético sobre una incursión rusa en Narva. El informe sostuvo que Moscú podría combinar agentes infiltrados, propaganda separatista y apoyo con drones desde territorio ruso, sin intentar una invasión a gran escala. Según el análisis, el objetivo sería provocar una crisis que pusiera a prueba el Artículo 5 de la OTAN, dividiera a los aliados y desviara recursos destinados a Ucrania.

Tres paneles con mapas de Estonia y la frontera rusa que señalan el alcance de drones y la ubicación de la ciudad de Narva
Un análisis detalla las zonas de alcance de drones tácticos rusos y la ubicación de fuerzas de la OTAN en Estonia. (Fuente: Institute for the Study of War)

Amenaza sobre el Báltico

Rusia ha intensificado su guerra híbrida en el Báltico mediante incursiones aéreas y sabotajes. El 3 de octubre, un dron bielorruso obligó a desplegar cazas y cerrar el aeropuerto de Vilna. Pocas semanas antes, la OTAN derribó en Lituania un dron ruso con explosivos militarizados, mientras que en Letonia interceptó aparatos desviados por guerra electrónica rusa. Precisamente el Ejército del Aire español ha tenido un papel activo en estas defensas. Además, interferencias electromagnéticas que buscan desorientar a la navegación civil o los sospechosos cortes en cables submarinos elevan las posibles amenazas en esta región.

Tensiones en la frontera

También crece la tensión en la frontera de Bielorrusia con Polonia, Letonia y Lituania. Los gobiernos de la Unión Europea responsabilizan al régimen de Aleksandr Lukashenko, aliado de Rusia, de facilitar la llegada de migrantes para desestabilizar la región. Varsovia, Riga y Vilna denunciaron intentos de cruces coordinados, daños en las vallas fronterizas y actividades sospechosas cerca de sus infraestructuras. Al escenario hay que sumar maniobras del Ejército bielorruso junto a la frontera y, como respuesta, el refuerzo militar lituano.

Mapa con etiquetas de Polonia, Lituania y Bielorrusia, y un marcador rojo en la zona del corredor de Suwałki
Un mapa de Europa del Este ubica el corredor de Suwałki en la frontera entre Polonia y Lituania. (Seznam.cz/OpenStreetMap)

Un corredor de 100 kilómetros

El corredor de Suwałki es una franja estratégica de 100 kilómetros que separa Polonia y Lituania y que, a su vez, conecta Bielorrusia con Kaliningrado. Su captura por Rusia aislaría por tierra a los países bálticos y permitiría al Kremlin una conexión directa con el militarizado enclave ruso. Hace algo menos de un mes, Bielorrusia inició unas maniobras militares de cuatro días cerca del corredor. Minsk desplegó unidades mecanizadas y carros de combate. El Gobierno negó planes ofensivos, pero la OTAN se mantuvo alerta.

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