Mikel, un joven que se mudó a Australia para trabajar: “Ahorré 50.000 euros trabajando 15 meses”

Llegó al país sin contactos, con el dinero justo en el bolsillo y aceptando empleos como peón, camarero o granjero

Mikel, un joven que se mudó a Australia para trabajar
Mikel, un joven que se mudó a Australia para trabajar (YouTube/Maiki)
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Mikel aterrizó en el aeropuerto de Sídney con una maleta en la que apenas llevaba tres pantalones, cero contactos en el país y una cuenta corriente bajo mínimos tras pagar los billetes de avión, el visado obligatorio y el seguro médico. Como miles de jóvenes de entre 18 y 30 años que solicitan cada año la Work and Holiday Visa, su meta era buscar un futuro lejos de casa. Quince meses después, la cifra en su banco ascendía a 80.000 dólares australianos (aproximadamente 50.000 euros al cambio).

La llegada al país no fue un camino de rosas. Al encontrarse allí sin un trabajo, Mikel adoptó una estrategia directa: patearse las calles y llamar a cuantas puertas hiciera falta. Tras repartir más de 90 currículums impresos en mano y buscar por todas las vías imaginables, la perseverancia dio sus frutos en forma de tres ofertas formales de empleo. Mientras tanto, el joven fue documentando cada paso de su aventura en su canal de YouTube (Maiki) y en sus redes sociales.

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En Australia, los perfiles “todoterreno” se cotizan al alza, y Mikel decidió no hacerle ascos a nada. Se convirtió en un camaleón laboral capaz de adaptarse a lo que la semana le exigiera: peón en obras de construcción, mozo de mudanzas, personal de montaje en eventos temporales, camarero en bares, cafeterías y salones de té e incluso fregaplatos.

Mikel enseñando la furgoneta que se compró en uno de sus vídeos. (YouTube/Maiki)
Mikel enseñando la furgoneta que se compró en uno de sus vídeos. (YouTube/Maiki)

Para exprimir al máximo el poder adquisitivo del país, donde las tarifas por hora en contratos temporales rondan entre los 25 y los 35 dólares australianos de base, el joven optó por apretarse el cinturón en sus primeros meses. Amuebló a coste cero un piso entero buscando en redes sociales electrodomésticos y muebles que otros vecinos regalaban y adquirió una furgoneta para garantizarse movilidad total.

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70 horas de trabajo a la semana

Para extender el visado a un segundo y tercer año, Inmigración exige cumplir 88 días de trabajo en zonas regionales y remotas del interior. Mikel no lo dudó y se trasladó al campo para convertirse en un verdadero granjero australiano. Durante tres meses ejerció de jardinero, pintor, ganadero, lampista y operario de mantenimiento general. Allí aprendió desde a alimentar terneros biberón en mano hasta a manejar maquinaria pesada y excavadoras.

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De las granjas del interior dio el salto a la costa tropical de Queensland, donde vivió la etapa más intensa de su periplo. Instalado en un complejo vacacional a pie de playa, combinó dos y hasta tres puestos de trabajo a la vez. En una misma semana ejercía de recepcionista, barman preparando cócteles, barista de café y personal de limpieza. “Llegué a trabajar más de 60 e incluso 70 horas a la semana durante seis meses seguidos, pero me lo pasé increíblemente bien”, reconoce en uno de sus vídeos.

Aunque en sus redes sociales aconseja con cierta ironía que “tampoco hace falta trabajar tanto”, su cifra de ahorro responde a una gran fórmula: aprovechar las mejores pagas por festivos y fin de semana mientras mantenía un estilo de vida austero. Hoy, con los 50.000 euros ya en el bolsillo, Mikel ha logrado exactamente lo que buscaba al subirse a aquel primer avión: comprarse varios años de libertad financiera para viajar por todo el planeta.

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