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Aceite de oliva, el aliado de la dieta mediterránea que protege el corazón, controla el colesterol y es rico en grasas saludables

El “oro líquido” del Mediterráneo es un alimento fundamental para la salud cardiovascular

Aceite de oliva (Magnific)
Aceite de oliva (Magnific)
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Hablar de la dieta mediterránea es hablar del aceite de oliva. Fue Atenea la que, según la mitología griega, regaló a los atenienses el olivo, un árbol sagrado que proporcionaba alimento, aceite y madera. El otro competidor, Poseidón, nada pudo hacer ante la idea de la diosa de la inteligencia y fue así como la ciudad adoptó su nombre.

El aceite de oliva virgen extra no solo es un alimento destacado en la dieta mediterránea, sino también su propia base, y no solo por su sabor. Su consumo habitual, dentro de una alimentación equilibrada, se relaciona con algunos de los principales beneficios asociados a este patrón alimentario, especialmente en lo que tiene que ver con la salud cardiovascular.

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Una de sus principales ventajas es su composición en grasas, cuenta la Fundación Española de Nutrición (FEN). A diferencia de otros aceites con una mayor proporción de grasas que son más sensibles a la oxidación, el aceite de oliva destaca por su elevado contenido en grasas monoinsaturadas. Este perfil contribuye a que sea un aceite estable y adecuado para diferentes formas de cocinar, incluida la fritura.

Un aliado para la salud cardiovascular

Uno de los motivos por los que el aceite de oliva es considerado un alimento saludable es su relación con el cuidado del corazón y los vasos sanguíneos. Sustituir en la alimentación grasas menos saludables por grasas insaturadas, como las que predominan en el aceite de oliva, puede ayudar a mantener unos niveles adecuados de colesterol en sangre. Este efecto es especialmente relevante cuando el aceite de oliva forma parte de un patrón alimentario como la dieta mediterránea, basado también en frutas, verduras, legumbres, cereales, frutos secos y pescado.

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El aceite de oliva también presenta una ventaja práctica: su composición hace que sea más estable frente al calor que otros aceites ricos en grasas poliinsaturadas. Por eso puede utilizarse para cocinar y freír sin que esta técnica tenga que estar necesariamente reñida con una alimentación saludable.

En una fritura correctamente realizada, además, el aceite forma una capa superficial que permite que el alimento conserve buena parte de sus características y quede crujiente por fuera. La temperatura y el tiempo de cocinado, así como evitar reutilizar el aceite en exceso, son factores importantes para obtener un resultado adecuado.

Más que una fuente de grasa

Aunque el aceite de oliva es, fundamentalmente, una fuente de grasa, su papel en la alimentación va más allá de aportar energía. En el contexto de una dieta equilibrada, permite incorporar grasas de mejor perfil nutricional y sustituir otras fuentes de grasa menos convenientes. Además, el aceite de oliva virgen extra destaca por conservar componentes propios de la aceituna que contribuyen a sus características organolépticas y a su interés nutricional.

Así se cosecha la aceituna en una de las almazaras más antiguas del mundo: un aceite de oliva virgen extra biodinámico y de premio

Un alimento clave de la dieta mediterránea

España es actualmente el principal productor mundial de aceite de oliva, especialmente Andalucía. Su presencia habitual en la cocina ayuda a explicar por qué se ha convertido en uno de los productos más representativos de este modelo de alimentación.

Por sí solo, ningún alimento puede garantizar una buena salud. Sin embargo, utilizar aceite de oliva virgen extra como principal grasa culinaria, dentro de una alimentación variada y equilibrada, puede contribuir a una dieta con un perfil de grasas más favorable y, especialmente, al cuidado de la salud cardiovascular.

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