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Qué son las cataratas de sangre y por qué están causando tanto revuelo

Una corriente roja provocando uno de los fenómenos más llamativos del planeta y la ciencia ha descubierto cómo se forma

Cataratas de Sangre (Wikimedia).
Cataratas de Sangre (Wikimedia/Peter Rejcek).
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Del glaciar Taylor, en la Antártida, brota una corriente de color rojo intenso que desemboca en el lago Bonney como si el hielo estuviera sangrando. Su tamaño es descomunal, sólo hay que observar la foto y comparar la cascada con la tienda que hay en la parte baja izquierda de la foto. Las Cataratas de Sangre acaban de revelar un secreto que lleva más de un millón de años enterrado bajo el hielo.

El color rojo no es plasma ni algas, como se creyó durante décadas tras el descubrimiento del enclave por el geólogo Thomas Griffith Taylor en 1911. La explicación es más sencilla de lo que parece y no tiene que ver con sangre humana ni animal. Simplemente es una comunidad de microorganismos que siguen vivos en uno de los entornos más hostiles de la Tierra.

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Bajo el glaciar existe una salmuera, agua con una concentración de sal tan elevada que no se congela pese a las temperaturas extremas. Ese agua arrastra hierro disuelto y, al salir a la superficie y entrar en contacto con el oxígeno, el metal se oxida y tiñe el hielo de rojo. El resultado es un paisaje que parece sacado de otro planeta que por el color puede alertar hasta a los más tranquilos o parecer que es de película.

Un océano atrapado bajo el hielo

imagen aérea de una catarata de sangre
Las cataratas de sangre están formadas por microorganismos capaces de vivir en sistemas con una gran cantidad de sal. (Wikimedia/Peter Rejcek)

El origen de esa salmuera es lo que ha desatado el interés científico. Un nuevo estudio publicado en Nature Geoscience por un equipo de la Universidad de California en San Diego (UCSD), liderado por la microbióloga Angela Zoumplis, propone que el agua procede de un antiguo brazo de mar que quedó atrapado bajo el glaciar hace al menos 1,5 millones de años, durante un periodo cálido en el que el océano inundó el valle Taylor. Cuando el nivel del mar bajó y el hielo avanzó, aquel depósito quedó sellado.

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Para comprobarlo, el equipo analizó 167 muestras de agua, sedimentos, barro y aire recogidas en las Cataratas de Sangre, los Valles Secos de McMurdo y zonas marinas cercanas. El análisis del ARN ambiental, que permite distinguir organismos vivos de simples restos genéticos, reveló una comunidad de microbios activos en la salmuera con una proporción de especies marinas muy superior a la del resto del valle. El 9,34% de los eucariotas detectados en el glaciar Taylor coincidía con organismos del océano próximo, frente al 1,15% registrado en otros puntos de los Valles Secos.

Entre esos organismos aparecieron diatomeas, dinoflagelados, haptofitas y ciliados, grupos típicos del mar que no tienen ninguna explicación lógica en un valle interior cubierto de hielo. Además, su distribución descartó el viento como vía de llegada porque estaban concentrados justo alrededor de la salida de la salmuera, no dispersos por el entorno.

Por qué este hallazgo importa más allá de la Antártida

Los perfiles metatranscriptómicos del estudio de la UCSD mostraron que algunos de esos microorganismos mantenían rutas activas de fotosíntesis, respuesta al estrés osmótico y reparación celular, funciones que solo se activan en organismos vivos. Las redes de haplotipos, que rastrean la historia genética de las especies, revelaron además diferencias entre las diatomeas del glaciar Taylor y sus parientes actuales del océano, lo que apunta a un aislamiento prolongado y a una evolución propia durante cientos de miles de años.

Misión española en la Antártida (Ejército de Tierra)

El hallazgo tiene implicaciones que van más allá de la geología antártica. Demostrar que formas de vida pueden sobrevivir activas durante más de un millón de años en condiciones de oscuridad total, temperaturas bajo cero y salinidad extrema refuerza las hipótesis sobre la posibilidad de vida en otros cuerpos del sistema solar, como Europa, la luna de Júpiter, o Encélado, la de Saturno, donde existen océanos líquidos atrapados bajo capas de hielo en condiciones similares.

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