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Qué dice la ciencia de los trabajadores que aceptan el “bullshit corporativo”: menos inteligencia fluida y menos pensamiento crítico

Quienes más se dejaban seducir por el lenguaje vacío también tendían a calificar a sus superiores como líderes “visionarios” y carismáticos, y mostraban mayor satisfacción laboral y mayor adhesión a la misión de la empresa

Hombre y mujer en trajes de negocios conversan frente a una ventana de oficina con vista a la ciudad, junto a un bocadillo de cómic con texto.
Dos profesionales de empresa conversan frente a una ventana de oficina, con un bocadillo de texto que muestra una frase sobre socializar el conocimiento y las sinergias. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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“Hay que socializar el ‘know-how’ para apalancar las sinergias ‘cross-functional’ y co-crear un ‘framework’ holístico que optimice los ‘deliverables’ del ‘core business’”. Si hasta aquí no has entendido ni una palabra, todo bien. Estamos hablando de lenguaje corporativo, un conjunto de términos que se usan en el entorno empresarial del mundo anglosajón y que se ha extendido por todo el mundo. En otras palabras: son anglicismos innecesarios. Todas ellas tienen su equivalente en español, pero sirven como eufemismo. No es lo mismo que te digan “necesitamos hacer un workforce optimization porque ahora mismo la long-term sustainability no va biena “vamos a tener que reducir plantilla porque necesitamos reducir costes. Ya en Aquí no hay quien viva, Belén López Vázquez fue pionera en sufrir este tipo de lenguaje (”¿Hacemos un break para un coffe?” Sí, a mí el coffee me gusta mucho).

La ciencia ha investigado sobre este fenómeno. La conclusión —sin intención de ofender— es que los trabajadores que se dejan impresionar por la jerga corporativa vacía obtienen peores resultados en pruebas de inteligencia fluida, pensamiento analítico y toma de decisiones. Lo dice un estudio de la Universidad de Cornell publicado en la revista Personality and Individual Differences. La investigación, que involucró a más de 1.000 empleados de Estados Unidos y Canadá, pone cifras a una sospecha que muchos comparten en las oficinas: el bullshit corporativo no es inocuo.

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Shane Littrell, investigador postdoctoral en psicología cognitiva del Departamento de Gobierno de Cornell, es el único autor del estudio y el responsable de desarrollar la herramienta central de la investigación: la Corporate Bullshit Receptivity Scale (CBSR), una escala para medir la receptividad de los trabajadores ante el lenguaje corporativo sin contenido real. Littrell define el corporate bullshit como “un estilo de comunicación que usa palabras abstractas y confusas de forma funcionalmente engañosa”, distinto de la jerga técnica legítima que puede facilitar la comunicación interna. “A diferencia del argot técnico, el bullshit corporativo confunde en lugar de aclarar. Puede sonar impresionante, pero está semánticamente vacío”, precisa el investigador.

Espacio de oficina con varios trabajadores en escritorios, computadoras, teléfonos, paneles divisorios y plantas. Ventanas grandes a la izquierda con luz solar.
Una oficina corporativa muestra a numerosos empleados concentrados en sus tareas diarias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para construir la escala, Littrell diseñó un generador de frases corporativas que combinaba aleatoriamente términos de moda del mundo empresarial. El resultado: enunciados como “actualizaremos un nuevo nivel de acreditación de la cuna a la tumba” o “crearemos una empresa global hiperconectada, sin fricciones y con mentalidad de impacto”. Esas frases, mezcladas con declaraciones reales de directivos de empresas del Fortune 500, se presentaron a los participantes, que debían valorar el “nivel de visión empresarial” de cada una.

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Los resultados fueron consistentes en las cuatro fases del estudio. Los participantes con mayor puntuación en la escala CBSR mostraron un rendimiento inferior en inteligencia fluida, pensamiento analítico, reflexión y capacidad para considerar información que contradice sus propias creencias. En las pruebas de toma de decisiones laborales —test con décadas de uso en procesos de selección de bufetes de abogados y agencias gubernamentales—, la receptividad al bullshit corporativo fue el único predictor negativo del rendimiento, por encima de cualquier otra variable de control. “Las personas más susceptibles a la jerga corporativa elegían de forma consistente las peores soluciones ante los problemas”, señaló Littrell en declaraciones recogidas por The Guardian.

Ver a tu jefe como un líder visionario

El estudio apunta además a un efecto de retroalimentación que agrava el problema a nivel organizacional. Quienes más se dejaban seducir por el lenguaje vacío también tendían a calificar a sus superiores como líderes “visionarios” y carismáticos, y mostraban mayor satisfacción laboral y mayor adhesión a la misión de la empresa. Según Littrell, este mecanismo puede propulsar a posiciones de liderazgo a quienes más abusan de ese tipo de comunicación, lo que genera un ciclo negativo. “En lugar de una marea que levanta todos los barcos, un alto nivel de bullshit corporativo actúa más como un inodoro atascado de ineficiencia”, describió el investigador.

Littrell citó dos casos históricos para ilustrar las consecuencias reales de este fenómeno. El primero fue el intento de rebranding de Pepsi en 2009, cuando se filtró un documento de 27 páginas que justificaba una inversión de 1,5 millones de dólares para modificar levemente el logotipo de la compañía con frases como “al invertir en nuestra historia y en el ethos de la marca, podemos crear una nueva trayectoria hacia adelante”. El segundo fue el caso de Elizabeth Holmes, fundadora de Theranos, cuya habilidad para el discurso corporativo vacío le permitió captar —y finalmente defraudar— a inversores de primer nivel.

El propio Littrell advirtió contra una lectura simplista de los datos. Los participantes del estudio procedían de entornos con alta formación académica —recursos humanos, contabilidad, marketing y finanzas—, muchos con títulos universitarios o doctorados. “Esto no es algo que afecte solo a personas menos inteligentes”, subrayó. “Cualquiera puede caer en el bullshit, y todos, dependiendo de la situación, caemos cuando está empaquetado para apelar a nuestros sesgos”, advirtió. Su recomendación es pausar ante cualquier comunicación organizacional —declaraciones de líderes, informes públicos, anuncios— y preguntarse: “¿Cuál es exactamente la afirmación? ¿Tiene sentido real?”

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