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Agus Blanco, una psicóloga convertida en jueza cervecera: “El mayor error es beber directamente de la lata o la botella; la cerveza tiene que salir de su recipiente”

Agus es la única mujer española en el ranking de los 100 jueces de cerveza más activos del mundo, una lista publicada por el Beer Judge Certification Program (BJCP)

Mujer con sombrero y sudadera azul sujeta un vaso de cerveza, con esmalte de uñas rosa y reloj. Hay otros vasos y personas borrosas de fondo
La jueza de cerveza española Agus Blanco examina atentamente una pequeña muestra de cerveza en un vaso transparente durante un evento.
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Entre lo que sucede en el despacho de un psicólogo y lo que viven los camareros tras la barra de un bar no existe una gran distancia. Ese trayecto es el que ha recorrido Agus Blanco, psicóloga de profesión convertida hoy en la única mujer española en la élite internacional de jueces de cerveza. La espuma, el lúpulo, la caña y las burbujas se han convertido poco a poco en una auténtica obsesión, traducida en viajes por todo el mundo y catas de las más variopintas variedades.

“Empecé de camarera para poder pagarme mi carrera de Psicología y, cuando terminé, me di cuenta de que lo que me gustaba era más la barra que la psicología en sí. Aunque estar detrás de la barra vendiendo bebidas tiene un poco de psicología”, cuenta Agus a Infobae entre risas, contando su propia historia desde los inicios, una trayectoria que hoy la consolida como una de las voces más respetadas en el mundo cervecero. Tomada la decisión de abandonar la carrera que marcaban sus estudios, Agus decidió adentrarse en el mundo de las bebidas de cebada. Primero estudiando el whisky; más tarde, especializándose en cerveza.

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El estudio constante, la pasión y el esfuerzo le han llevado a donde está hoy. Agus es la única mujer española en el ranking de los 100 jueces de cerveza más activos del mundo, una lista publicada por el Beer Judge Certification Program (BJCP), una de las organizaciones de referencia mundial en evaluación cervecera.

Solo durante 2025, Agus Blanco participó en 12 competiciones internacionales celebradas en países como Estados Unidos, Bélgica, Alemania, Italia, Sudáfrica, México o Argentina, donde evaluó un total de 1.237 cervezas mediante catas a ciegas bajo estándares internacionales. Entre los certámenes en los que formó parte del jurado destacan la World Beer Cup, considerada la competición cervecera más prestigiosa del mundo, y el Great American Beer Festival (GABF), uno de los eventos más relevantes de la industria en Estados Unidos.

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Primer plano de una mujer de cabello castaño que sostiene dos vasos con cerveza rubia por encima de su cabeza. Lleva blusa floral y uñas rosas
La jueza internacional de cerveza Agus Blanco observa dos vasos de cerveza durante una competición (Cedida)

“Las competiciones tienen sus propias normas y categorías, como si fueran las Olimpiadas. Los jueces nos sentamos en la mesa y recibimos varias muestras de una única categoría de cervezas”, cuenta la jueza y divulgadora. Esto significa que una cerveza no compite con birras de otra categoría; las Pale Ale luchan entre ellas, sin mezclarse con las Pilsner o las Stout. “Como la natación no compite con el hockey sobre hielo, es lo mismo”. Totalmente a ciegas, el equipo de jueces evalúa si cada trago presenta la espuma adecuada, si cumple con la apariencia, el aroma, el sabor y la sensación en boca que se suponen en su variedad.

Hay cientos de cervezas, pero todos bebemos la misma

Más allá de catar y evaluar, el trabajo de Agus Blanco tiene muchas otras variantes, entre ellas la de divulgar. Y su mensaje es más que claro. “Quiero acercar la complejidad y la amplia variedad que hay de cerveza al consumidor final. Es el punto más problemático en esta industria; hay muchas variedades de cerveza muy interesantes, pero estamos acostumbrados a beber la que ofrecen en el bar”, asegura.

Si te sientas en la barra de un bar español y pides una cerveza, te servirán, por defecto, una pale lager. Agus no quiere desprestigiar este estilo, ni mucho menos. “Es un estilo totalmente válido que yo disfruto mucho, pero hay más de cien estilos distintos en el mundo que se podrían disfrutar también, como pasa con el vino, con el cava o con distintas bebidas”.

Mujer con cabello castaño y canas, camisa blanca y chaqueta floral, sujeta un vaso con cerveza clara para olerla. Usa un reloj y tiene las uñas rosadas
La jueza española Agus Blanco evalúa una muestra de cerveza en un evento internacional de cata (Cedida)

Es la manera más fácil de entenderlo, comparando las diferentes cervezas con cepas de uva. “Nunca se nos pasaría por la cabeza que todos los bares y restaurantes del mundo te ofrecieran solo vino Rioja de una única cepa y no tuvieras otra opción”. Incomprensible, sobre todo, al saber la facilidad que tenemos en España para acceder a tipos distintos de cerveza. ”Si nosotros empezáramos a pedir a los bares acceder a otros tipos de sabores y categorías, se crearía una demanda".

¿En lata o en botella? Ninguna

Pocas cosas sientan peor a un buen cervecero que una cerveza mal tirada. Con todas las bebidas, con la birra especialmente, la forma de servir condiciona por completo la experiencia de beber, pudiendo estropear por completo una cerveza excelente o convertir en decente un producto mediocre. A ojos de Agus, hay muchas maneras de servir bien una cerveza, pero lo más importante es precisamente eso, servirla.

“No hay que beber ni de lata ni de botella. Eso es lo principal”, afirma la experta. “A veces en los bares es mucho más fácil, pero la realidad es que la cerveza es una bebida carbonatada y necesitamos que se abra”. Para abrirla, explica Agus, tiene que salir obligatoriamente de su recipiente original.

“Para que esté bien servida, tiene que tener espuma”, continúa su clase la jueza cervecera. Es cierto que hay estilos que no tienen espuma o tienen muy poca, pero “el 90 % de las cervezas cuentan con espuma y hay que formarla”. La razón es muy sencilla: “Esa espuma, esa carbonatación, está pensada como parte de la receta para que ayude a que los aromas lleguen a tu nariz. Al servir la cerveza, esas burbujas que van del fondo para arriba levantan todos esos aromas encerrados en la cerveza”.

El motivo por el que las botellas de cerveza son de calor marrón. (Canva)
La luz es uno de los grandes enemigos de la cerveza (Canva)

No es menor la importancia de una buena conservación. Volvemos así al debate de siempre: ¿es mejor la lata o la botella? “Los grandes enemigos de la cerveza son la luz, el calor y el oxígeno. Yo entiendo que durante mucho tiempo existía el miedo de que la lata diera sabor, pero hoy en día es un producto diseñado para que no dé sabor. Lo que sí genera es una protección total de la luz. Eso siempre va a ser mejor porque, aunque la cerveza esté pasteurizada, la luz y el calor van a generarle modificaciones”.

La lata sale ganando en esta batalla, aunque no hay que menospreciar el poder de las clásicas botellas de cristal. “Entiendo el romanticismo, porque son hermosas y ayudan a la maduración en un montón de cervezas, pero es verdad que para una cerveza international pale lager, que serían las lager de supermercado, realmente la lata la protege mucho mejor que una botella”. Siempre, claro está, que la guardemos en el espacio correspondiente: “Si tenemos las latas al lado del horno, la cerveza estará recibiendo mucho calor; una temperatura de más de veinticinco grados es un golpe de calor demasiado grande”.

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