Predecir el riesgo de Alzheimer diez años antes de su aparición podría ser posible: un nuevo análisis de sangre detecta los síntomas de deterioro cognitivo

Las personas cognitivamente sanas con niveles muy elevados de p-tau217 presentan un mayor riesgo absoluto de desarrollar demencia

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Análisis de sangre (Shutterstock)
Análisis de sangre (Shutterstock)

Las autoridades sanitarias de Estados Unidos acaban de aprobar un nuevo análisis de sangre que podría convertirse en una herramienta clave para estimar el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo asociado a la enfermedad de Alzheimer. Así lo acaba de concluir un estudio internacional liderado por investigadores del Instituto de Neurociencia Mass General Brigham cuyos resultados se presentan en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer.

La investigación, publicada en JAMA, revela que las personas cognitivamente sanas con niveles muy elevados de p-tau217 presentan un riesgo absoluto del 38 % de desarrollar deterioro cognitivo en un plazo de cinco años. La probabilidad aumenta hasta el 78 % a los diez años, aunque los autores advierten de que las estimaciones a largo plazo se basan en un número más reducido de participantes.

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Pese a estos resultados, los investigadores subrayan que las pruebas no están recomendadas, por el momento, para personas sin síntomas, ya que todavía no existen tratamientos preventivos eficaces dirigidos a quienes presentan un alto riesgo de desarrollar la enfermedad.

“Aún no contamos con terapias modificadoras de la enfermedad para personas asintomáticas con alto riesgo de desarrollar deterioro cognitivo por Alzheimer, por lo que nuestro consejo médico sigue siendo el mismo independientemente del resultado del análisis: realizar ejercicio físico de forma regular, mantener una alimentación saludable y priorizar el sueño y el bienestar general”, explica la neuróloga Reisa Sperling, autora principal del estudio.

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No obstante, la investigadora considera que este escenario podría cambiar si los ensayos clínicos actualmente en marcha demuestran la eficacia de nuevos tratamientos preventivos. “En el futuro, estas pruebas podrían ayudar a identificar a las personas que más se beneficiarían de estas terapias. Nuestro objetivo es alcanzar un nivel de precisión comparable al de las pruebas de colesterol para predecir el riesgo de infarto”, señala.

Objetivo de la prueba: detectar posibles cambios en su función cognitiva

Para evaluar la capacidad predictiva del biomarcador, el equipo analizó datos de seis estudios observacionales y ensayos clínicos realizados en Norteamérica, Japón y Australia. En total participaron 2.684 adultos mayores sin deterioro cognitivo al inicio de la investigación.

Todos los participantes se sometieron a un análisis de sangre para medir los niveles de p-tau217 y a una tomografía por emisión de positrones (PET) como evaluación basal. Posteriormente fueron evaluados anualmente para detectar posibles cambios en su función cognitiva. El seguimiento abarcó desde las primeras incorporaciones al estudio en 2004 hasta 2025.

Durante ese periodo, 478 participantes desarrollaron deterioro cognitivo. El análisis confirmó que concentraciones elevadas de p-tau217 al inicio del estudio se asociaban de forma significativa con una mayor probabilidad de presentar deterioro cognitivo en los años siguientes.

Un marcador independiente de otros factores de riesgo

Según Rachel F. Buckley, primera autora del trabajo, uno de los principales avances del estudio es que permite estimar el riesgo individual de desarrollar deterioro cognitivo. “Lo que realmente distingue este trabajo es que ofrece una estimación personalizada del riesgo. Al combinar datos de seis cohortes internacionales obtuvimos un conjunto de información amplio y diverso, y observamos resultados consistentes sobre cómo la proteína p-tau217 influye en el riesgo a lo largo del tiempo”, afirma.

Los investigadores también comprobaron que el valor predictivo del biomarcador se mantenía incluso al tener en cuenta otros factores de riesgo conocidos, como la presencia de placas de beta-amiloide detectadas mediante PET o la variante genética APOE4, asociada a un mayor riesgo de Alzheimer.

Episodio: 12 cuidados para retrasar el alzheimer.

Aún son necesarios más estudios

Los autores reconocen que el trabajo presenta algunas limitaciones, entre ellas un posible sesgo de selección de los participantes y la falta de datos suficientes para estimar el riesgo a lo largo de toda la vida. Por ello, consideran necesario validar los resultados en poblaciones más amplias y representativas y prolongar el seguimiento para mejorar la precisión de las estimaciones.

Mientras tanto, Sperling apunta que la utilidad inmediata de la prueba podría centrarse en la investigación clínica. “Actualmente, la proteína p-tau217 puede ayudar a identificar a personas con alto riesgo de desarrollar demencia por Alzheimer para participar en ensayos de prevención. A medida que estas investigaciones avancen, las estimaciones individualizadas del riesgo podrían contribuir a orientar antes las decisiones sobre tratamiento y seguimiento”, concluye.

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