
Con los calurosos meses de verano llega una nueva remesa de frutas típicas de este tiempo que destacan por su sabor y su versatilidad en la cocina. Junto con el melón y la sandía, destaca el albaricoque, que ofrece importantes beneficios para la salud, según asegura la Fundación Española de la Nutrición (FEN). S su perfil nutricional lo convierte en un alimento recomendable dentro de una dieta equilibrada, especialmente por su bajo aporte calórico, su riqueza en agua y su contenido en vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes.
Uno de los principales atractivos nutricionales del albaricoque es su escaso aporte energético. Con apenas 45 kilocalorías por cada 100 gramos, esta fruta resulta una opción ideal para quienes desean controlar su peso sin renunciar a un alimento nutritivo. Su elevada proporción de agua, que alcanza el 87,6 % de su composición, favorece la hidratación del organismo, especialmente durante los meses de calor, mientras que su moderado contenido en hidratos de carbono proporciona energía de forma natural.
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La FEN destaca especialmente su riqueza en betacarotenos, pigmentos naturales responsables del color anaranjado de la fruta. Estos compuestos son precursores de la vitamina A, ya que el organismo los transforma en esta vitamina según sus necesidades. La vitamina A desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la visión, el correcto funcionamiento del sistema inmunitario y la conservación de la piel y las mucosas en condiciones normales.
El albaricoque también aporta vitamina C, aunque en cantidades moderadas. Una ración de 200 gramos proporciona alrededor de 14 miligramos, un nutriente que contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y participa en la formación de colágeno, esencial para la salud de la piel, los vasos sanguíneos, los huesos y los cartílagos. Además, la vitamina C actúa como antioxidante, ayudando a proteger las células frente al daño oxidativo.
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Una fruta que protege los músculos
Otro de los minerales destacados es el potasio. Una ración de albaricoques aporta cerca de 586 miligramos de este mineral, necesario para el funcionamiento normal de los músculos y del sistema nervioso, además de contribuir al mantenimiento de una presión arterial normal. Debido a su bajo contenido en sodio y su aporte de potasio, esta fruta puede formar parte de patrones alimentarios saludables orientados al cuidado cardiovascular.
En cuanto a la fibra, el albaricoque contiene 2,1 gramos por cada 100 gramos de producto. Aunque no se encuentra entre las frutas con mayor contenido de fibra, su consumo habitual puede contribuir a mejorar el tránsito intestinal y aumentar la sensación de saciedad, especialmente cuando se consume fresco y con piel, siempre que esté bien lavada.
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El albaricoque, fuente de antioxidantes
Junto a vitaminas y minerales, el albaricoque incorpora pequeñas cantidades de flavonoides, entre ellos la quercetina, un compuesto de origen vegetal con actividad antioxidante. Los antioxidantes ayudan a combatir los radicales libres generados durante el metabolismo celular y por factores ambientales, contribuyendo a proteger las células del organismo frente al estrés oxidativo.
Desde el punto de vista nutricional, una ración de 200 gramos aporta además 4,2 gramos de fibra, 1,6 gramos de proteínas y cantidades moderadas de minerales como magnesio, fósforo, calcio y hierro, lo que refuerza su interés como alimento dentro de una dieta variada.
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