Científicas españolas revelan cómo el maltrato infantil multiplica la probabilidad de desarrollar trastornos mentales: el “modo alerta” altera tres biomarcadores

Las investigadoras del CIBERSAM y la Universidad Autónoma de Barcelona han diseñado un índice que mide tres biomarcadores clave en este proceso

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Ilustración de un cerebro humano en vista lateral; presenta surcos, y una amplia sección frontal y superior en tonos rojos y anaranjados.
El cerebro humano ilustra los efectos del maltrato en la infancia, con una sección de la corteza cerebral señalada en tonos rojizos y anaranjados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El maltrato infantil no solo deja cicatrices emocionales; también altera de manera cuantificable la biología de quienes lo sufren. Un reciente estudio liderado por científicas españolas y publicado en la revista Journal of Affective Disorders ha demostrado que la exposición al abuso o la negligencia parental provoca un desgaste acumulado en los sistemas biológicos de los menores, un concepto conocido como carga alostática.

Esta investigación revela cómo el cuerpo de las víctimas se mantiene en un “modo alerta” constante, lo que acaba amplificando de manera significativa el riesgo de sufrir problemas graves de salud mental, especialmente síntomas de ansiedad, depresión y dificultades relacionales. Hay que tener en cuenta que “estas experiencias suelen producirse dentro del entorno de referencia y apego, lo que puede situarlo en una posición especialmente ambivalente: necesita protección, cuidado y vínculo de las mismas figuras que pueden estar generando daño emocional, físico o relacional”, detalla Lourdes Fañanás, catedrática de la Universidad de Barcelona (UB-IBUB) y jefa de grupo del CIBERSAM.

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Junto a ella han trabajado las investigadoras Laia Marques-Feixa (primera autora del artículo), Nerea San Martín (ambas de la UB, el IBUB y el CIBERSAM) y Soledad Romero (Hospital Clínic, IDIBAPS y CIBERSAM). Para llevar a cabo el estudio, las autoras han analizado a un grupo de 187 niños y adolescentes de entre 7 y 17 años, de los cuales 116 tenían un diagnóstico psiquiátrico activo y 71 no presentaban trastornos. Durante la evaluación se observaron cinco subtipos de maltrato: negligencia emocional, negligencia física, abuso emocional, abuso físico y abuso sexual. El análisis conjunto de todos estos tipos de experiencias es crucial, ya que en la práctica clínica el maltrato no suele presentarse de forma aislada, sino combinado.

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Por qué el desgaste biológico potencia el desarrollo de trastornos

La carga alostática son las secuelas físicas que paga el organismo para adaptarse a las situaciones de estrés crónico y grave. Al no poder escapar de esta amenaza, que viene en este caso de las figuras de apego, el cuerpo activa de manera persistente sus sistemas neuroendocrino, inmunitario y metabólico. Esto genera una sobreactividad constante que provoca a su vez un desgaste fisiológico.

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Pero el hallazgo más sorprendente fue descubrir que la carga alostática actúa como un factor “moderador” o amplificador de la psicopatología. Es decir, aquellos que presentan un mayor desgaste biológico acumulado sufren síntomas psiquiátricos mucho más severos.

Específicamente, este impacto se tradujo en un incremento notable de los síntomas internalizantes (como la ansiedad, la depresión, el aislamiento y las quejas somáticas) y de los problemas sociales (como la dificultad para formar relaciones saludables o una excesiva dependencia de los adultos). En cambio, no se observó que la carga alostática moderara los síntomas externalizantes (como la agresividad o la conducta disruptiva) ni los problemas de pensamiento o atención.

¿Cómo puede detectarse este desgaste biológico?

Hasta ahora existía un índice global basado en diez biomarcadores que cubren distintas funciones del organismo para medir ese nivel de desgaste: el cortisol diurno y su reactividad bajo estrés agudo; la inmunoglobulina A secretora (s-IgA) basal y su reactividad; la proteína C reactiva (un marcador de inflamación); niveles de glucosa y hemoglobina glicosilada (HbA1c); el ratio de colesterol total/HDL; el índice de masa corporal (IMC) y el índice cintura/altura.

Una mujer con depresión (Freepik)
Una mujer con depresión (Freepik)

Una vez analizaron todas las muestras con estas variables, las autoras observaron unos resultados contundentes. Y es que aquellos menores que habían sufrido maltrato presentaban una carga alostática significativamente mayor, con un mayor número de estos biomarcadores situados por encima de los umbrales de riesgo clínico descritos en la población general.

Pero dada la dificultad práctica de analizar diez biomarcadores en la práctica clínica diaria, las investigadoras han creado la combinación más eficiente y predictiva de la gravedad clínica. Así nació el índice AL3, una herramienta simplificada compuesta por solo tres indicadores de fácil medición: niveles de cortisol diurno, proteína C reactiva (CRP) y el índice cintura/altura.

Según han podido comprobar durante el estudio, los jóvenes expuestos al maltrato que presentaban alteraciones en al menos dos de estos tres parámetros tenían una probabilidad 11 veces mayor de situarse en el grupo de alto riesgo biológico y clínico. Este hallazgo proporciona a los profesionales de la salud una valiosa herramienta predictiva para detectar de forma temprana a las víctimas más vulnerables antes de que desarrollen trastornos clínicos completos.

Aunque el estudio detectó que ser varón se asociaba con una mayor acumulación de maltrato y puntuaciones de carga alostática más altas en esta muestra, las autoras recalcan la necesidad de realizar investigaciones con perspectiva de género, especialmente durante la pubertad.

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