
Con la segunda ola de calor del verano en España, nuestro país se ha vuelto a enfrentar a termómetros por encima de los 40 grados en múltiples localidades y a alertas por las altas temperaturas. Con la llegada de la noche, sin embargo, no siempre aparece el esperado alivio térmico.
El calor continúa siendo protagonista cuando cae el sol en distintos sitios de España. Esto, en buena medida, está motivado por el efecto isla de calor urbana en las ciudades, un fenómeno que se produce cuando los materiales (como el asfalto, el hormigón o los edificios) absorben y retienen el calor durante el día y lo liberan lentamente durante la noche.
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El aire acondicionado se convierte en el mejor aliado durante esta época del año. Sin embargo, no todas las personas cuentan con uno en su casa o, si lo tienen, no quieren dejarlo encendido durante toda la noche para evitar el exceso de consumo.
Es por este motivo por lo que, para huir del calor nocturno, se hace necesario recurrir a otra serie de trucos económicos que pueden ayudar a reducir la temperatura de la habitación o la sensación térmica. Uno de ellos, tal y como señalan expertos como el doctor José Manuel Felices, es el conocido como “método egipcio”.
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El método egipcio para dormir con calor
Cuando las noches son tropicales (sin bajar de los 20 grados), tórridas (sin bajar de los 25) o infernales (sin bajar de los 30), se pueden poner en marcha algunas estrategias para evitar asarnos mientras estamos en la cama.
El doctor Felices recomienda utilizar el “método egipcio”, que consiste en pulverizar agua fresca sobre la sábana hasta que quede humedecida por completo. De esta manera, cuando el agua se evapore, la temperatura de la sala bajará unos grados. “Será como dormir sobre un aire acondicionado”, explica el experto en sueño.
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Este sistema se basa en el principio del enfriamiento por evaporación. Al pasar de estado líquido a gaseoso, el agua necesita absorber calor del entorno, incluida la superficie sobre la que se encuentra y el cuerpo de la persona que duerme. Ese proceso genera una sensación de frescor que puede hacer más llevaderas las noches de calor, especialmente en lugares donde la humedad ambiental es baja.
No obstante, esta técnica tiene algunas limitaciones. Si el ambiente es muy húmedo, la evaporación del agua se produce con mayor dificultad y el efecto refrescante disminuye considerablemente. Además, la sábana debe quedar únicamente húmeda, nunca empapada, para evitar molestias durante el descanso o que el colchón termine mojándose, lo que podría favorecer la aparición de moho, ácaros u otros deterioros. En este sentido, tras la noche, es importante ventilar correctamente la habitación.
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Combinado con una ligera corriente de aire (importante que sea ligera para evitar sentir demasiado frío), como la de un ventilador, el método puede resultar todavía más eficaz.
Otros métodos eficaces para las noches calurosas
El método egipcio no es el único truco que puede utilizarse para reducir la temperatura o la sensación térmica antes de irnos a la cama. El doctor Felices también recomienda humedecer ligeramente las muñecas antes de dormir con agua fría: con treinta segundos en suficiente.
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“Así enfrías la sangre que va directa a todo tu cuerpo y bajarás medio grado la temperatura en los primeros minutos que te metes en la cama”. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la persona necesita más que unos pocos minutos para conciliar el sueño o suele despertarse en mitad de la noche?
En este caso, también pueden humedecerse los pies o un poco los calcetines. El doctor Felices recomienda meterlos un rato en el congelador y después ponerlos alrededor de los tobillos, pero sin calzárselos. Esta técnica aprovecha que los tobillos y los pies son zonas por las que el cuerpo puede disipar calor con relativa facilidad.
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Otros trucos ampliamente utilizados y que pueden contribuir a experimentar un alivio térmico en las noches en las que el calor no termina de irse son, por ejemplo, colocar una bolsa de hielo o una botella de agua congelada envuelta en una toalla cerca de los pies o ducharse con agua tibia antes de acostarse. Es importante que no se haga con agua muy fría, ya que el contraste brusco de temperatura puede provocar una vasoconstricción y hacer que el organismo trate de conservar el calor en lugar de disiparlo. En cambio, una ducha templada favorece que el cuerpo reduzca su temperatura de forma gradual y facilita la conciliación del sueño.
Si se tiene ventilador pero el alivio que este genera resulta insuficiente, puede colocarse un recipiente con hielo delante, lo que contribuye a enfriar el aire que circula por la habitación. El aire que atraviesa esa zona se enfría ligeramente, generando una sensación de frescor para quienes se encuentran cerca del flujo del ventilador. Aunque esta técnica no reduce de forma apreciable la temperatura de toda la habitación, sí puede ofrecer un alivio temporal durante las noches más calurosas.
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Importante es también elegir con conciencia los materiales de la ropa de cama. El algodón o el lino transpiran mucho mejor, mientras que los tejidos sintéticos tienden a retener el calor y dificultan la evaporación del sudor. Optar por sábanas de fibras naturales favorece la circulación del aire, ayuda a mantener una temperatura más agradable durante la noche y contribuye a reducir la sensación de bochorno, especialmente en los episodios de calor intenso.
Otro aspecto que suele pasarse por alto es el calor que generan algunos electrodomésticos y dispositivos electrónicos. Televisores, ordenadores, bombillas halógenas o incluso los cargadores conectados contribuyen a elevar la temperatura de la habitación. Apagarlos cuando no se utilizan o evitar su uso antes de acostarse puede ayudar a mantener un ambiente algo más fresco.
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Descubre por qué la percepción de la temperatura varía tanto de una persona a otra. La ciencia explica cómo factores como la genética, la grasa corporal y el estrés influyen en si eres más propenso a sentir frío o calor.
La digestión también influye en la sensación térmica. Realizar cenas copiosas o muy calientes obliga al organismo a gastar energía y producir más calor. Los especialistas recomiendan optar por comidas ligeras y mantenerse bien hidratado durante la tarde y la noche.
Por último, elegir el momento adecuado para subir y bajar las persianas durante el día resulta fundamental, algo que ha sido evidente en la reciente ola de calor que ha atravesado Europa y que ha situado los termómetros en valores muy altos en países en los que no están acostumbrados a semejante calor. De hecho, en muchos de estos lugares ni siquiera cuentan con persianas, lo que provoca, durante estos episodios, que el calor se cuele por completo en el interior de la vivienda.
Durante las horas centrales del día, en las que el calor aprieta con más fuerza, es momento de mantener las persianas y las cortinas cerradas. Cuando cae el sol y llega la noche, hay que dejar que pase el aire y que se ventile la estancia.
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