La ola de calor bate récords de temperaturas en España con una media de casi 39ºC de máxima y una una anomalía térmica de 7,1ºC

Las noches del 22 y 23 de junio han sido las más cálidas para este mes desde que hay registros en 1950

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Un turista descansa a la sombra de un árbol en el Patio de los Naranjos, en Córdoba, a 23 de junio de 2026. (EFE/Rafa Alcaide)
Un turista descansa a la sombra de un árbol en el Patio de los Naranjos, en Córdoba, a 23 de junio de 2026. (EFE/Rafa Alcaide)

La ola de calor que atraviesa España y llega a su fin este miércoles ha dejado los días y las noches de junio más cálidas desde que existen registros, según detalla en un informe la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) a partir de datos provisionales. La temperatura media registradas los días 22 y 23, que es de casi 39 grados ambos días, suponen valores inéditos, con una anomalía térmica de 7,1 grados respecto a la media histórica peninsular. Esta cifra rebasa los registros del 30 de junio de 2025 y sitúa tres últimas jornadas entre las diez más cálidas de toda la serie histórica de junio.

Las noches del 22 y 23 de junio de este año figuran como las más cálidas de junio desde 1950, con unas mínimas de 20,14 grados y 19,81 grados, respectivamente. La noche del 22 entra en el top diez de las más cálidas en cualquier fecha del año. En cuanto a las temperaturas diurnas, el 23 de junio registra la tercera media de máximas más alta, solo detrás de los extremos del 29 y 30 de junio del año pasado.

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Este episodio de temperaturas extremas ha provocado que en el norte peninsular se hayan batido varios récords en estaciones con largas series históricas. Destaca el caso de Tama (Liébana, Cantabria), donde el 23 de junio se alcanza el récord absoluto de temperatura máxima para cualquier mes, con 43,7 grados.

País Vasco bajo máximas extremas

Durante los tres últimos días, el organismo público ha mantenido activo el nivel rojo (riesgo extraordinario) en varias regiones del interior de País Vasco. En el aeropuerto de Bilbao, con registros desde 1947, la barrera de los 40 grados se había superado 18 veces hasta 2025. Solo en los días 21 y 23 de junio de 2026, este umbral se sobrepasa de nuevo, algo que nunca había ocurrido en un mismo año y aún menos en el mismo mes. El 23 de junio marca la temperatura más alta de un junio en ese observatorio, con 41,3 grados.

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Durante los primeros 53 años de observaciones en la terminal vizcaína, apenas hubo siete días con más de 40 grados, mientras que en los últimos 27 años —de 2000 a 2026— la cifra casi se duplica, alcanzando trece. Este patrón evidencia una clara aceleración de los extremos térmicos en las últimas décadas.

Natalia Shartova, investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona, habla sobre los efectos del calor.

Las olas de calor, un fenómeno en expansión

Desde 1975, España suma 78 olas de calor, que suponen 458 días en situación de ola. La evolución temporal muestra un cambio profundo: en los primeros 25 años de la serie (1975-2000) se acumulan 129 días en ola de calor; en los 25 años siguientes (2001-2025), esa cifra aumenta hasta 329, multiplicando por 2,5 el valor anterior. Según el análisis de Aemet, entre 1975 y 1984 la media anual era de tres días en ola de calor, mientras que en el periodo 2016-2025 el promedio sube a 22 días por año.

En los últimos años, las olas de calor se presentan más frecuentes, extensas e intensas. Si se mantiene la tendencia actual de emisiones de gases de efecto invernadero, el país podría pasar de 22 a 47 días de ola de calor por año a finales del siglo XXI. Si las emisiones se mantienen altas, la proyección apunta a 60 días, y en caso de emisiones muy elevadas, hasta 77 días al año bajo estas condiciones.

Las temperaturas diurnas y nocturnas suben en España, pero la transformación de las noches es especialmente significativa. Desde 1961, las mínimas veraniegas han subido dos grados, lo que se traduce en más noches tropicales (mínimas por encima de 20 grados).

Cambio climático, isla de calor y causas humanas

El aumento sostenido de temperaturas y la extensión de las olas de calor se atribuyen directamente al cambio climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero originadas en la quema de combustibles fósiles. “Las olas de calor y los episodios muy cálidos son cada vez más frecuentes y se adelantan en el calendario”, avisa el portavoz del organismo público, José Ángel Núñez, en el informe, subrayando que lo opuesto ocurre con los episodios fríos, que son menos habituales.

Se descarta que el fenómeno se explique por la ubicación de las estaciones meteorológicas. Pruebas independientes como los radiosondeos muestran, desde 1989, una tendencia de +2,7 grados en junio a 1.500 metros de altitud sobre Santander, una señal de calentamiento que afecta a toda la troposfera.

El estudio aclara que, además del calentamiento global, la estructura urbana tiene un papel clave en las noches tropicales. Por el efecto “isla de calor”, sobre todo en ciudades mediterráneas como Valencia, Barcelona, Alicante o Palma, el número de noches calurosas se ha multiplicado. La combinación de materiales urbanos, menor ventilación y menos humedad impide el enfriamiento nocturno incluso en la periferia, lo que aumenta el riesgo para la salud y reduce el confort térmico para millones de personas.

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