
Felipe González ha vuelto a deslizar una crítica hacia Pedro Sánchez sin necesidad de mencionarlo. El expresidente del Gobierno ha aprovechado un acto celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid para recordar una de las decisiones más relevantes de su trayectoria política: la convocatoria de elecciones anticipadas en 1995 tras no lograr aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Y lo ha hecho con una reflexión cargada de ironía que muchos interpretaron como un mensaje dirigido al actual inquilino de La Moncloa.
“Esto es una antigualla porque ahora ya no se lleva, no he podido aprobar presupuestos, por lo tanto, voy a convocar elecciones y creo que las voy a perder porque hasta yo estoy harto de mí mismo”, ha afirmado González durante una conversación pública junto al expresidente de República Dominicana Leonel Fernández y el periodista y académico Juan Luis Cebrián.
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La frase ha arrancado algunas sonrisas entre los asistentes, pero también ha vuelto a poner sobre la mesa una de las discrepancias que desde hace años separan al histórico dirigente socialista de Pedro Sánchez. Porque detrás de la broma se escondía una idea que González ha defendido en numerosas ocasiones: cuando un Gobierno es incapaz de aprobar los presupuestos, debe plantearse la convocatoria de elecciones.
La referencia cobra especial relevancia porque llega en un momento en el que el Ejecutivo de Sánchez continúa gobernando con las cuentas prorrogadas y sin haber logrado aprobar unos nuevos Presupuestos Generales del Estado. De hecho, la pasada semana el propio presidente del Gobierno anunció que renuncia a presentar unas cuentas para 2026 y que el Ejecutivo ya ha puesto en marcha la elaboración de los presupuestos de 2027.
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El recuerdo de 1995 como mensaje político
González ha recordado aquel momento especialmente delicado de su mandato, cuando la pérdida de apoyos parlamentarios le impidió sacar adelante los presupuestos y acabó desembocando en un adelanto electoral.
No es la primera vez que reivindica aquella decisión. De hecho, en distintas entrevistas y actos públicos defendió que la imposibilidad de aprobar unas cuentas públicas constituye una señal de debilidad política suficiente como para devolver la palabra a los ciudadanos. En su opinión, un Gobierno que no logra reunir una mayoría para respaldar los presupuestos ve limitada su capacidad para desarrollar un proyecto político completo.
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Esa visión contrasta con la estrategia seguida por Pedro Sánchez durante los últimos años. El presidente del Gobierno ha sostenido en repetidas ocasiones que la continuidad de una legislatura no depende exclusivamente de la aprobación de los presupuestos, sino de la capacidad para mantener una mayoría parlamentaria que permita sacar adelante iniciativas legislativas y garantizar la estabilidad institucional.
Un nuevo capítulo en las discrepancias con Sánchez
Sin embargo, la cuestión presupuestaria es solo uno de los muchos puntos de fricción que han acabado separando a Felipe González de Pedro Sánchez. La relación entre ambos lleva años marcada por desencuentros que, lejos de suavizarse con el tiempo, se han ido intensificando hasta convertir al expresidente en una de las voces más críticas con la dirección actual del PSOE.
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Las discrepancias entre ambos no comenzaron en La Moncloa, sino años antes, durante la profunda crisis interna que vivió el PSOE en 2016. En aquel momento, Pedro Sánchez defendía mantener el rechazo a una investidura de Mariano Rajoy, mientras que destacados dirigentes históricos del partido, entre ellos Felipe González, apostaban por facilitar la gobernabilidad mediante una abstención. La tensión alcanzó su punto álgido cuando González aseguró públicamente sentirse “engañado” por Sánchez tras una conversación mantenida entre ambos sobre la posición que debía adoptar el partido. Aquella crisis acabó provocando la dimisión de Sánchez como secretario general y marcó el inicio de una relación política cada vez más distante entre ambos dirigentes.
Con la llegada de Sánchez a La Moncloa en 2018, las diferencias no desaparecieron. Más bien al contrario. González empezó a mostrar públicamente sus reservas sobre algunos de los socios parlamentarios elegidos por el Gobierno y sobre la creciente dependencia de fuerzas independentistas para garantizar la estabilidad de la legislatura. Aunque durante un tiempo evitó la confrontación directa, sus intervenciones fueron dejando entrever un profundo desacuerdo con la estrategia política desplegada desde Ferraz y el Palacio de la Moncloa.
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De la amnistía a la continuidad de la legislatura
El gran punto de ruptura llegó con la ley de amnistía. El expresidente se convirtió en uno de los dirigentes históricos del socialismo más beligerantes contra una medida que consideró incompatible con los principios que, a su juicio, habían definido tradicionalmente al PSOE.
Sus críticas fueron especialmente duras durante los meses posteriores a las elecciones generales de 2023, cuando Sánchez negoció su investidura con los partidos independentistas catalanes. González llegó a cuestionar públicamente la constitucionalidad y la conveniencia política de la amnistía, situándose en posiciones muy alejadas de la dirección socialista.
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Aquellas declaraciones abrieron una brecha aún mayor entre el expresidente y el actual liderazgo del partido. Desde entonces, González ha reiterado en numerosas ocasiones que no comparte algunas de las decisiones estratégicas adoptadas por Sánchez y ha llegado a expresar dudas sobre el rumbo político del PSOE.
En varias entrevistas también ha lamentado lo que considera una excesiva concentración del debate político en la supervivencia parlamentaria del Gobierno. A su juicio, un proyecto político debe apoyarse en una mayoría sólida y en una hoja de ruta clara para el conjunto del país, una idea que ha resumido en más de una ocasión asegurando que echa en falta un “proyecto nacional” reconocible.
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