Miguel Hurtado, primer denunciante de abusos sexuales en Monserrat: “El papa no quiere escuchar las verdades incómodas de las víctimas”

Este superviviente sufrió abusos por parte del monje Andreu Soler, responsable durante 40 años de un grupo de scouts en la Abadía de Montserrat, en Barcelona. Tras años de silencio, en 2019 denunció a su agresor

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Miguel Hurtado, primer denunciante del caso Montserrat, frente a la Nunciatura Apostólica en Madrid. (EFE/ María Aguilella Pardo)
Miguel Hurtado, primer denunciante del caso Montserrat, frente a la Nunciatura Apostólica en Madrid. (EFE/ María Aguilella Pardo)

El papa León XIV se ha referido a los casos de pederastia en el seno de la Iglesia como una “plaga” y ha pedido a los obispos, durante su visita a Madrid, que “cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y cambios reales de sanación” en referencia a los supervivientes. Aunque no es la primera vez que un papa aborda públicamente los abusos sexuales en la Iglesia —su predecesor, Francisco, también lo hizo en varias ocasiones—, este reconocimiento sigue siendo fundamental para las víctimas tras las décadas en las que el Vaticano priorizó proteger la reputación de la institución y evitar escándalos públicos. Pese a ello, son muchas las víctimas que se sienten decepcionadas por no haber sido invitadas a reunirse con el pontífice, ya que este lunes solo seis personas vinculadas a proyectos de reparación impulsados por la propia Iglesia fueron recibidas por el papa.

Uno de estos supervivientes es Miguel Hurtado, que sufrió abusos sexuales en la adolescencia por parte del monje Andreu Soler, responsable de un grupo de jóvenes scouts durante 40 años en la Abadía de Montserrat, en Barcelona. Logró romper su silencio y denunciar a su agresor en 2019, lo que impulsó a otras víctimas a dar el mismo paso. Ese año, una comisión independiente creada por el abad de este monasterio benedictino para investigar los abusos concluyó que Soler, quien falleció en 2008, fue “un depredador sexual y un pederasta” y admitió que se omitió cualquier tipo de actuación en casos que se cometieron entre 1972 y 1999.

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Por ello, Hurtado, ahora portavoz de Reparación Integral Ya, cuestiona que el papa visite este miércoles Montserrat, mientras el monasterio se niega a compensar a quienes denunciaron agresiones cometidas en esa abadía.

“Hace un mes envié una carta al papa y le expliqué que la abadía de Montserrat, a pesar de que reconoció que mi agresor había sido un depredador sexual que abusó de quince niños durante treinta años, se ha negado a indemnizarnos durante los últimos siete años. También le transmití que queríamos un monumento a las víctimas de pederastia clerical en Cataluña y actos de homenaje públicos en Montserrat para reparar el daño, así que, aunque no lo haya escuchado directamente, el papa sabe lo que pensamos y lo que pedimos las víctimas. El problema es que no quiere escuchar las verdades incómodas”, dice Hurtado en entrevista con Infobae.

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Hurtado comprende que haya víctimas que quieran procesar su dolor en privado, pero también hay personas que, como él, explica, han decidido ser activistas y denunciar públicamente los abusos sufridos. Por eso considera que la reunión del pontífice con solo unas víctimas seleccionadas por la Iglesia “es una forma de discriminación hacia el resto”.

Hurtado junto a dos integrantes de la asociación Reparación Integral Ya!. (Alejandro Martínez Vélez / Europa Press)
Hurtado junto a dos integrantes de la asociación Reparación Integral Ya!. (Alejandro Martínez Vélez / Europa Press)

Verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición

En su opinión, las palabras del pontífice para definir los abusos “se quedan cortas”, ya que considera que se trata de “una plaga de dimensiones bíblicas”: “Cada vez es más difícil negar que la Iglesia católica española tiene un grave problema con los abusos a menores y el encubrimiento generalizado y sistemático de los casos”, sostiene.

Para Hurtado es fundamental que la Iglesia reconozca lo que ha ocurrido, porque “no han sido cuatro manzanas podridas”, y recuerda que el Vaticano mantuvo durante años una política de encubrimiento, instruyendo a los obispos a no denunciar los delitos ante la justicia y gestionando los casos de forma interna. Por eso, insiste en la necesidad de “verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición”.

Este superviviente también subraya la importancia de una “prevención eficaz”, lo que implica dejar de tratar el tema como un tabú dentro de las comunidades católicas, promover el debate abierto y generar una cultura de protección de la infancia, en la que todos los miembros de la Iglesia asuman la responsabilidad de salvaguardar a los menores frente a posibles agresores.

El Papa León XIV se dirige al Congreso de los Diputados en España con un contundente discurso sobre la inmigración y el valor de la vida. Ante la clase política, el Pontífice subraya que "el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad" y pide leyes que no avergüencen a la conciencia.

Protocolo de reparación entre Gobierno e Iglesia

Respecto al protocolo de reparación firmado el pasado 30 de marzo entre el Gobierno y la Iglesia, destinado a casos en los que no es posible acudir a la vía judicial porque los delitos han prescrito o el agresor ha fallecido, Hurtado asegura que carece de fuerza jurídica, al tratarse de un acuerdo moral y no un instrumento legal obligatorio. En ese sentido, recuerda que la Abadía de Montserrat ya ha manifestado su intención de no cumplir con ese acuerdo y, aunque asegura haber solicitado al Ministerio de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes que interviniera, la respuesta fue que debía dirigir su reclamo a la Iglesia.

“El ministro Félix Bolaños me dijo que, si Montserrat se negaba a indemnizar a las víctimas, tenía que preguntarle a la Iglesia. Por eso pedí la reunión con el papa. Me hubiera gustado preguntárselo al líder máximo de la institución católica, pero no ha sido posible. Entonces, si el ministro me manda a hablar con la jerarquía católica y el papa no me contesta, a mí quién me repara”, se pregunta Hurtado. Por ello, insiste en que el protocolo firmado entre Iglesia y Estado debe garantizar que todas las víctimas sean indemnizadas, “no solamente las que le caen bien a los obispos”, concluye.

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