El riesgo oculto de jugar con tu perro que tienes que saber, según una veterinaria

Hay que considerar desde el tipo de juguete, el clima o el entorno habitual donde se desarrollan las prácticas

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Un Labrador Retriever crema salta para atrapar una pelota de tenis de un hombre sonriente en un parque con césped verde y árboles con follaje otoñal.
Hay juegos que perjudican a la larga la salud del perro. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El juego es una de las actividades más valoradas en la convivencia con perros, pero su impacto real sobre la salud y la conducta animal va mucho más allá de lo que suele creerse. Según explica la veterinaria y etóloga África Emo, conocida en redes sociales como Etología Clínica África, los juguetes y la forma de interactuar con ellos pueden influir tanto en el bienestar físico como en el equilibrio emocional del animal. Lejos de ser un pasatiempo inocuo, el juego mal gestionado puede derivar en lesiones físicas, problemas dentales e incluso conductas obsesivas o estados de sobreexcitación difíciles de controlar.

El repertorio de objetos disponibles es amplio: existen juguetes de goma dura, materiales textiles, piel prensada y también formatos interactivos. Cada uno tiene un propósito concreto, desde estimular el olfato hasta canalizar la energía o fomentar la exploración. Sin embargo, el uso repetitivo y poco diversificado, como ocurre con el lanzamiento constante de pelota, puede resultar contraproducente. La especialista advierte que “lanzar la pelota una y otra vez puede parecer un buen ejercicio, pero implica frenadas bruscas, giros rápidos y carga sobre articulaciones”. Este tipo de actividad, sobre todo si se realiza en superficies duras, incrementa el riesgo de lesiones musculares y articulares.

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La repetición excesiva de juegos intensos también tiene consecuencias en el plano neurológico. El sistema de recompensa del perro se activa con cada lanzamiento, generando una búsqueda compulsiva de más juego y dificultando la relajación tras la actividad. África Emo lo explica así: “El sistema de recompensa refuerza esa conducta, haciendo que cada vez quiera más”. El paseo, entonces, puede verse reducido a una única tarea, correr tras la pelota, en detrimento de otras conductas naturales como explorar, olfatear o interactuar con el entorno.

Rutinas que pueden afectar la salud del perro

El tipo de juguete también importa. Las pelotas de tenis, muy habituales, pueden parecer inofensivas pero representan un riesgo a largo plazo. Su superficie abrasiva, combinada con la suciedad del entorno, puede desgastar el esmalte dental del perro. “Su superficie es abrasiva y, junto con la suciedad, puede desgastar el esmalte dental con el tiempo”, indica África Emo. Los palos recogidos en parques o zonas naturales tampoco son una opción segura: pueden provocar lesiones en la boca o incluso fracturas dentales.

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La repetición sistemática de juegos intensos afecta especialmente a ciertas razas, como las de pastoreo, en quienes puede favorecer la aparición de conductas obsesivas y dificultades para relajarse. La sobreestimulación por falta de variedad dificulta que el perro alcance un estado de calma, lo que puede traducirse en nerviosismo o comportamientos ansiosos fuera del juego.

La experta subraya que muchos errores frecuentes en la educación y entretenimiento del perro derivan de reforzar sin querer conductas poco saludables o saltarse pasos en la introducción de nuevas actividades. La falta de variedad y el uso excesivo de un mismo estímulo pueden afectar tanto el cuerpo como la mente del animal.

Alternativas saludables: juegos de olfato y retos mentales

La clave para un juego saludable no está en eliminar la actividad física, sino en diversificarla y adaptarla a las necesidades individuales del perro. “No todo juego es igual”, subraya Emo. Los juegos que estimulan el olfato, la exploración o la resolución de pequeños retos resultan mucho más enriquecedores y ayudan a regular el comportamiento.

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Juegos de olfato para perros. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

En lugar de centrar la energía en lanzamientos repetitivos, conviene alternar actividades que permitan al perro buscar premios escondidos, explorar nuevos espacios o resolver tareas sencillas. “El objetivo no es solo cansarlo, sino ayudarle a regularse y disfrutar”, concluye la especialista. De este modo, se favorece un desarrollo físico equilibrado, se evita el desgaste prematuro y se fomenta la estabilidad emocional.

Adoptar un enfoque variado y atento a las señales del animal permite mejorar tanto su salud física como su bienestar emocional, previniendo lesiones y conductas problemáticas a largo plazo. Diversificar el juego es, según la etología, la mejor receta para lograr una convivencia armoniosa y un perro más sano y equilibrado.

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