El día en que la duquesa de Alba encontró refugio en la reina Sofía tras perder a Jesús Aguirre: una amistad forjada en la sombra

La aristócrata perdió a su gran amor el 11 de mayo de 2001 a consecuencia de una embolia pulmonar en el Palacio de Liria

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Fotografía de archivo, tomada en 2012, de la Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, acompañada de la reina Sofía, ante el cuadro 'Retrato de la Duquesa de Alba de blanco', del pintor Francisco de Goya. (EFE/JunJo).
Fotografía de archivo, tomada en 2012, de la Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, acompañada de la reina Sofía, ante el cuadro 'Retrato de la Duquesa de Alba de blanco', del pintor Francisco de Goya. (EFE/JunJo).

La relación entre la aristocracia española y la Casa Real siempre ha sido muy estrecha. Los secretos que oculta el Palacio de la Zarzuela pueden ser similares a las peripecias que se resuelven dentro del Palacio de Liria. Y es que la nobleza en nuestro país sigue manteniendo un día a día digno de la realeza. Por estos factores, la amistad entre figuras tan icónicas como la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, y la reina Sofía se consolidó hasta construir una amistad marcada por la confianza, la discreción y el apoyo mutuo en algunos de los momentos más delicados de sus vidas. Tanto es así que, tras la muerte de Jesús Aguirre en 2001, la entonces reina Sofía fue la única persona a la que Cayetana quiso recibir en la intimidad del Palacio de Liria.

La tarde del 11 de mayo de aquel año quedó grabada para siempre en la historia de la Casa de Alba. Jesús Aguirre fallecía de forma repentina a consecuencia de una embolia pulmonar en el Palacio de Liria, residencia familiar situada en pleno centro de Madrid. Aunque hacía meses que seguía tratamiento por un cáncer de laringe localizado, su muerte causó un profundo impacto entre sus allegados y dejó completamente desolada a la duquesa.

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Duquesa de Alba y Jesús Aguirre
Los Duques de Alba en su casa de Marbella, en 1981. (Álbum/Archivo ABC/Ángel Carchenilla).

La emergencia se activó pocos minutos después de las cinco de la tarde, cuando una llamada alertó a los servicios sanitarios de la gravedad de la situación. Sin embargo, cuando la unidad médica llegó al palacio, nada pudo hacerse para salvarle la vida. Cayetana se encontraba en Sevilla participando en un acto relacionado con el torero Curro Romero y regresó inmediatamente a Madrid al conocer la noticia.

Con el paso de las horas, el Palacio de Liria se llenó de familiares y allegados. Sus hijos, a los que la tragedia pilló totalmente desprevenidos, fueron llegando poco a poco para arropar a su madre. La capilla ardiente quedó instalada en el histórico palacio madrileño, donde comenzaron a desfilar representantes de la aristocracia, la política y la cultura española. Sin embargo, Cayetana permaneció aislada del resto del mundo. Hundida emocionalmente, dejó en manos de sus hijos la tarea de recibir las condolencias mientras ella se refugiaba en sus aposentos, sin apenas fuerzas para hablar.

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Pero hubo una persona que consiguió pasar por las puertas de su habitación, donde lloraba a un marido fallecido en ese mismo lugar. La reina Sofía acudió personalmente al Palacio de Liria y fue recibida por la duquesa en privado. Ambas permanecieron reunidas durante cerca de media hora en una conversación íntima que evidenció el estrecho vínculo que existía entre ellas. Aquel gesto dejó claro que la relación entre ambas trascendía cualquier protocolo oficial.

La reina y la duquesa de Alba. (Europa Press)
La reina y la duquesa de Alba. (Europa Press)

Una amistad cultivada en la intimidad

La cercanía entre la madre de Felipe VI y la Casa de Alba se había consolidado durante años. La duquesa siempre mostró una enorme lealtad hacia la monarquía y especialmente hacia Juan Carlos I y doña Sofía. De hecho, antes de contraer matrimonio con Alfonso Díez, Cayetana llegó incluso a consultar al rey emérito sobre aquella decisión sentimental que tanta controversia generó dentro y fuera de su familia.

En sus memorias, Yo, Cayetana, la aristócrata reconoció el profundo cariño que sentía por el monarca y explicó que buscó su opinión en varias ocasiones antes de dar el paso definitivo. Aunque don Juan Carlos le sugirió que, a determinadas edades, quizá no era necesario volver a casarse, la duquesa decidió finalmente seguir adelante con su historia de amor.

La reina y la duquesa de Alba. (Europa Press)
La reina y la duquesa de Alba. (Europa Press)

La amistad entre doña Sofía y Cayetana se mantuvo intacta hasta el final. De hecho, años después, la reina emérita acudió en varias ocasiones al Palacio de Liria para compartir encuentros privados con la duquesa. Algunas de esas reuniones coincidieron con etapas especialmente difíciles para ambas. Mientras la Casa Real atravesaba el terremoto mediático provocado por el caso Nóos y la imputación de la infanta Cristina, Cayetana lidiaba con sus problemas de salud y las críticas surgidas en torno a su matrimonio con Alfonso Díez.

Quienes conocían bien a ambas aseguran que compartían largas conversaciones y una relación basada en la confianza absoluta. La reina encontraba en la duquesa una figura leal y ajena al ruido político, mientras que Cayetana valoraba especialmente la discreción y la capacidad de escucha de doña Sofía.

La reina Sofía inaugura la muestra Raíces Bíblicas de Picasso en la Catedral de Burgos. (Europa Press)

La conexión entre la reina emérita y la Casa de Alba continuó incluso después de la muerte de la duquesa en 2014. La relación con Fernando Fitz-James Stuart y otros miembros de la familia sigue siendo excelente. De hecho, según apunta MujerHoy, la presencia de doña Sofía en encuentros privados celebrados en Liria ha sido habitual durante los últimos años, aunque casi siempre lejos de los focos.

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