Un estudio revela que la esperanza de vida de las madres puede influir en la longevidad de los hijos

Una investigación estadounidense reescribe y amplía la conocida “hipótesis de la abuela”

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Una niña yendo al colegio con su madre
Una niña va al colegio con su madre (Freepik)

Cuando pensamos en vivir 100 años, es común colocar el foco en la alimentación que llevamos, el ejercicio que hacemos y la cantidad de horas que dormimos, pero nuestros hábitos no son los únicos que determinan nuestra longevidad. De hecho, un estudio de la Universidad de Cornell reveló que nuestra madre tiene mucho que decir en nuestra esperanza de vida.

Un equipo de investigación liderado por el neurobiólogo Matthew Zipple se propuso estudiar la conexión entre la longevidad de las madres y sus hijos. En su investigación, publicada en la revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), apuntan a que la longevidad prolongada de las madres favorece la evolución de especies con vidas más largas, incluidas los seres humanos, debido a la intensa dependencia de la descendencia hacia el cuidado materno.

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Estudios recientes han comparado la esperanza de vida de distintas especies de mamíferos, desde la rata gigante de Sunda, que apenas sobrevive doce meses, hasta la ballena de Groenlandia, capaz de alcanzar hasta dos siglos de existencia. Los modelos desarrollados por el equipo de Zipple demuestran que las especies donde las crías son dependientes durante más tiempo tienden a desarrollar ciclos reproductivos más lentos y vidas más largas. El dato diferenciador en este análisis es que, en estos grupos, la muerte prematura de una madre repercute no solo en la supervivencia directa de sus crías, sino también en la de las generaciones siguientes.

El trabajo abarca animales con una longevidad fuera de lo común para su tamaño corporal, como ciertas ballenas, elefantes, hienas y primates, incluidos los humanos. Todos comparten dos rasgos: viven en sociedades cooperativas y sus crías requieren cuidados prolongados. Según el estudio, este patrón de dependencia ha actuado como una fuerza evolutiva que selecciona madres con mayor esperanza de vida, dando lugar a especies de reproducción más pausada y menor descendencia por nacimiento, pero con mayor capacidad de supervivencia.

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Una hembra de macaco amamantando a una cría
Una hembra de macaco amamantando a su cría (Freepik)

La hipótesis de la abuela

El fenómeno de la longevidad en mamíferos sociales ha sido históricamente interpretado a través de teorías como la llamada “hipótesis de la abuela”. Esta propuesta sostiene que, en algunas especies que atraviesan la menopausia, las hembras de edad avanzada cuidan a la descendencia de sus hijas tras dejar de reproducirse, lo que mejora la supervivencia global del grupo. No obstante, esta hipótesis solo describe con precisión la realidad de unos pocos mamíferos, como los humanos, las orcas, las ballenas beluga, los narvales y, posiblemente, los chimpancés.

El equipo decidió ir un paso más allá y formular una extensión a la teoría de la abuela, centrando su modelo en el papel estructural del cuidado materno. Para ello, emplearon datos de campo que reflejan cómo la supervivencia de una madre condiciona la de sus hijos e incluso nietos. En palabras del propio Matthew Zipple recogidas por ScienceAlert, “lo original de este modelo es que es aplicable a los mamíferos de forma general, porque estas conexiones existen en otras especies fuera de los primates, como hienas, ballenas y elefantes”.

Las madres solteras sufren más riesgo de pobreza: “No podemos vivir con una jornada reducida, necesitamos recursos”.

Los hallazgos revelan patrones consistentes: en especies donde los descendientes dependen fuertemente de sus madres, la presión adaptativa tiende a ampliar la vida útil de las hembras, a cambio de una fertilidad menor. Así, la muerte anticipada de una madre repercute negativamente en la salud y la futura capacidad reproductiva de sus hijos, generando un efecto acumulativo a lo largo de varias generaciones.

“A medida que los lazos entre la supervivencia materna y el éxito de la descendencia se refuerzan, se observa una evolución hacia vidas más largas y una reproducción más contenida, el mismo patrón que apreciamos en el ser humano”, ha concluido Zipple.

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