Detectan por primera vez que los bebés dentro del útero también se ‘contagian’ de los bostezos de su madre

Investigadores italianos han descubierto una interacción conductual prenatal no documentado hasta el momento

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Una mujer embarazada observa una ecografía de su bebé
Una mujer embarazada observa una ecografía de su bebé (Freepik)

Es un día tedioso en el trabajo y observamos el bostezo de un compañero que se escapa. De repente, se nos contagia y acabamos nosotros mismos bostezando. Este fenómeno tan humano y estudiado por la ciencia ha sido asociado a la conexión social entre las personas. Ahora, un equipo de investigadores italianos ha realizado un nuevo descubrimiento sobre los bostezos contagiosos.

Un estudio publicado en la revista Current Biology ha revelado que el bostezo contagioso comienza desde que estamos en el útero, es decir, los fetos son capaces de seguir el bostezo de sus madres. Este hallazgo revela una interacción conductual prenatal no documentado hasta el momento.

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El análisis realizado por los autores indica que los fetos entre 28 y 32 semanas de gestación comienzan a bostezar con mayor frecuencia unos 90 segundos después de que sus madres lo hacen, un comportamiento que no se observa ante otros movimientos bucales o ante la inmovilidad facial materna. Este descubrimiento implica que el bostezo contagioso y el reflejo de imitación social podrían originarse en el útero, permitiendo que la conducta materna influya sobre la respuesta fetal.

Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores seleccionaron a 38 mujeres embarazadas con embarazos sanos y sin complicaciones, situadas entre la semana 28 y la 32 de gestación. El experimento consistió en que las participantes visualizaran secuencias de vídeo en tres modalidades distintas: grabaciones de bostezos, de simples movimientos de apertura y cierre de boca y de rostro en reposo. Durante la exposición, una cámara filmaba las expresiones faciales de cada madre, mientras un ecógrafo bidimensional capturaba en tiempo real el área nasal y labial del feto.

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El procedimiento de análisis implicó una doble verificación: tres expertos independientes, sin conocimiento del tipo de vídeo visionado por la madre, examinaron las imágenes recogidas y confirmaron la presencia de bostezos. Para aumentar la precisión, los autores emplearon el sistema DeepLabCut de Inteligencia Artificial, capaz de monitorizar pequeños movimientos de labios y nariz, y entrenaron una red neuronal para explorar si el patrón gestual de la madre coincidía con el del feto. Según detalla la información publicada en Medical Xpress, los resultados apuntan a un marcado aumento de los bostezos fetales únicamente tras un bostezo materno, mientras que la incidencia no varió ante otras acciones orales o cuando el rostro de la madre permanecía inmóvil.

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El complejo mecanismo del bostezo

El bostezo empieza a aparecer en humanos a las 11 semanas de desarrollo fetal, si bien difiere del bostezo postnatal: en ausencia de aire en el entorno intrauterino, el embrión abre la boca lentamente, ejecuta movimientos que simulan la inspiración y la espiración, y cierra suavemente la boca. Históricamente, la interpretación predominante atribuía estos bostezos a procesos biológicos internos, pero la carencia de pruebas ha impedido vincularlos a una función concreta. Ahora, la evidencia recopilada señala hacia una contaminación conductual prenatal, que reflejaría ya en el vientre materno un principio de sincronía social y de imitación emocional, fenómenos tradicionalmente identificados solo tras el nacimiento.

De acuerdo con el equipo responsable del estudio, estos descubrimientos abren la puerta a reevaluar hasta qué punto la conducta materna puede modular el comportamiento fetal y si este vínculo temprano podría asociarse con repercusiones en el desarrollo a largo plazo. El seguimiento futuro de estos patrones podría aportar nuevas herramientas para optimizar la atención prenatal.

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