
Hablar de menopausia es pensar en sofocos y cambios de humor, dos síntomas arraigados en el imaginario popular y que afectan a la calidad de vida de las mujeres que los sufren. No obstante, la menopausia es mucho más que eso: supone una nueva etapa vital tan natural como la caída de los dientes de leche o la llegada de la pubertad.
La menopausia se produce por la drástica disminución de los estrógenos y la pérdida de la función ovárica, lo que implica el final definitivo de la menstruación y la fertilidad. Generalmente llega entre los 45 y los 55 años y tras la perimenopausia, que es esa transición que se inicia a los 40 años y por la que los ovarios producen menos estrógenos.
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Lo biológico de la menopausia no la convierte, sin embargo, en un proceso fácil. Más allá de los sofocos y los cambios, muchas mujeres experimentan síntomas como sequedad vaginal e insomnio, que interfieren en la calidad de vida. De hecho, la doctora Antonella de Ponte Davi, especialista en Ginecología y Obstetricia en el centro Dexeus Midlife de Barcelona, asegura que los sofocos no suelen ser el principal motivo por el que las pacientes van a su consulta, pese a ser el síntoma más conocido.
A su consulta especializada en menopausia llegan mujeres con insomnio, sequedad vaginal y síndrome genitourinario, descrito como una sensación de escozor, picor, irritación e incluso molestias por el roce de la ropa o durante el ejercicio. “También son muy frecuentes la pérdida de sensibilidad genital, la disminución de la intensidad o satisfacción orgásmica, la reducción del deseo sexual y la menor iniciativa hacia el contacto erótico”, añade en una entrevista con Infobae.
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Más allá de la esfera íntima, la ginecóloga recibe muchas consultas por cambios de humor, descenso de energía, niebla mental, dificultades de concentración o memoria, dolores articulares, aumento de grasa abdominal, pérdida de masa muscular, laxitud cutánea, alteraciones en piel y cabello, distensión abdominal o cambios digestivos. Un cóctel de distintos síntomas que se suma a una pérdida acelerada de masa ósea, que oscila entre un 2% y un 3% anual.
El ‘síndrome de la vagina menguante’ en la menopausia
Entre los fenómenos más desconocidos de la menopausia la especialista expone el del síndrome de la vagina menguante, que, aunque no corresponde a una denominación médica formal, hace referencia a una realidad clínica. “La disminución de estrógenos propia de la menopausia provoca cambios progresivos en los tejidos vulvovaginales y urinarios”, explica, citando el adelgazamiento epitelial, la pérdida de colágeno y elasticidad, una menor lubricación y mayor fragilidad tisular.
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Todos estos cambios pueden manifestarse de formas distintas según las características anatómicas y obstétricas previas de cada mujer, avisa. “Algunas pacientes presentan tejidos más hiperlaxos, mientras que en otras predomina una sensación de estrechez o rigidez vaginal; ambas situaciones pueden coexistir con cambios atróficos y generar síntomas molestos”. Se estima que aproximadamente el 80% de las mujeres posmenopáusicas presentarán signos clínicos objetivos de atrofia urogenital a lo largo de esta etapa, aunque no todas desarrollarán síntomas con la misma intensidad ni requerirán tratamiento.

Juguetes sexuales para la menopausia
En los últimos años, la medicina y la sociedad en general han cambiado la manera de ver la menopausia, despojándola cada vez más del velo de tabú que la cubría. “Hemos pasado de considerarla una etapa que simplemente había que ‘soportar’ a entenderla como una fase fisiológica compleja que requiere atención médica específica y un enfoque preventivo. Hoy sabemos que una mujer puede vivir más de un tercio de su vida en posmenopausia, por lo que ya no hablamos únicamente de tratar síntomas, sino de preservar salud, funcionalidad y calidad de vida a largo plazo", explica la doctora De Ponte.
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En esta búsqueda de adaptar la nueva visión de la menopausia a las herramientas modernas, la ginecóloga ha incorporado en sus consultas una terapia innovadora: juguetes y vibradores sexuales. La ginecóloga los despoja de una connotación sexual para acercarlo a sus pacientes, especialmente a las más mayores.
La ginecóloga asegura que muchas de sus pacientes “manifestaban interés” en empezar a usar estos vibradores, “pero necesitaban hacerlo dentro de un entorno médico de confianza, con asesoramiento profesional y recomendaciones adaptadas a su anatomía, sintomatología y objetivos terapéuticos”.
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Puesto que muchas de estas mujeres aún sienten inseguridad o vergüenza a la hora de comprar estos juguetes, a la doctora De Ponte se le ocurrió la idea de utilizarlos en la consulta. “Disponer de ellos en consulta permite ofrecer una orientación individualizada, explicar de forma rigurosa cómo utilizarlos e integrarlos en el tratamiento, y generar un espacio de confianza donde la paciente puede abordar estas cuestiones con naturalidad, seguridad y sin sentirse juzgada”, cuenta a este medio.
Una terapia para la menopausia adaptada al siglo XXI
La falta de información es otra de los obstáculos del acercamiento de las mujeres durante o post menopausia, puesto que desconocen qué materiales son adecuados, qué calidad debe exigirse, cuál es el dispositivo más útil en su caso o cómo incorporarlo a la terapia.
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“No todos los dispositivos vibratorios son equivalentes desde el punto de vista clínico”, aclara la ginecóloga, quien ha optado por los de LELO ya que “ofrecen una vibración más controlada y modulable, materiales de mayor calidad médica y una amplia variedad de diseños que permiten individualizar la recomendación según el objetivo terapéutico”.
En la especialidad de la medicina sexual, los dispositivos LELO permiten una estimulación clitorídea externa, un trabajo de la sensibilidad localizada, un entrenamiento de respuesta orgásmica o un reacondicionamiento progresivo de la función sexual. Según palabras de la especialista de Dexeus Mujer, “esta capacidad de personalización es especialmente útil en medicina sexual, donde no todas las pacientes presentan el mismo patrón de síntomas ni requieren el mismo tipo de estímulo o abordaje”.
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Una oportunidad para reescribir la sexualidad femenina
Bajo orientación profesional, estos vibradores encuentran cabida dentro de los programas de rehabilitación sexual y funcional femenina. “Desde el punto de vista fisiológico, la estimulación vibratoria favorece el aumento transitorio del flujo sanguíneo genital, la activación neuromuscular del suelo pélvico, la mejora de la conciencia corporal y la facilitación de la respuesta excitatoria”.
La utilización de estos instrumentos se enmarca en programas dedicados a la salud femenina, cuyo objetivo es construir una relación más saludable con la sexualidad en esta etapa vital. “La perimenopausia y la menopausia representan una ventana de oportunidad única para prevenir enfermedad, preservar funcionalidad y mejorar calidad de vida a largo plazo”, concluye.
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