La riqueza en España se dispara… pero deja atrás a los jóvenes que se empobrecen mientras los mayores aumentan su patrimonio

Las personas de entre 65 y 74 años acumulan de media más de 425.000 euros, 340.000 euros más que los de menor edad que apenas alcanzan los 83.000 euros

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El encarecimiento del mercado inmobiliario y el estancamiento salarial han dificultado que las generaciones más jóvenes puedan comprar una vivienda. (Montaje Infobae)
El encarecimiento del mercado inmobiliario y el estancamiento salarial han dificultado que las generaciones más jóvenes puedan comprar una vivienda. (Montaje Infobae)

La riqueza de las familias españolas no ha dejado de crecer en las últimas dos décadas. Sin embargo, ese avance no beneficia a todos por igual. La distancia entre generaciones se ha ensanchado hasta alcanzar niveles históricos, dejando a los jóvenes en una posición cada vez más débil frente a los ciudadanos de más edad que cada año acumulan más patrimonio.

Así lo refleja un estudio del Instituto Santalucía, elaborado a partir de datos del Banco de España, que analiza la evolución del patrimonio de los hogares entre 2002 y 2022. Según el informe, la riqueza neta ha aumentado un 80,9% en ese periodo, impulsada principalmente por la revalorización de la vivienda y, más recientemente, por el auge de los activos financieros.

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Pero este crecimiento no ha sido equilibrado. La brecha generacional en patrimonio superaba ya en 2022 los 340.000 euros entre los hogares de mayor edad y los más jóvenes, una diferencia que apenas ha variado en los últimos años, con un incremento de solo el 3% en 2024.

Dos realidades opuestas

El contraste es contundente. Las personas de entre 65 y 74 años acumulan de media más de 425.000 euros, mientras que los menores de 35 apenas alcanzan los 83.000 euros. Es decir, los mayores poseen más de cinco veces el patrimonio de los jóvenes.

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Este desequilibrio no es casual. El informe apunta a factores estructurales que han jugado a favor de unas generaciones y en contra de otras. Entre ellos, destaca el acceso a la vivienda, clave en un país donde más del 80% de los activos de los hogares están vinculados al ladrillo.

Quienes compraron vivienda en décadas pasadas lo hicieron en condiciones más favorables, con precios más bajos y mayor estabilidad laboral. En cambio, los jóvenes actuales se enfrentan a un mercado inmobiliario mucho más caro y a empleos más precarios, lo que limita su capacidad de ahorro e inversión.

El economista Santiago Carbó analiza la situación actual del mercado inmobiliario. Advierte sobre "subidas significativas" en los precios de compra y explica cómo la escasez y los altos costos del alquiler y las hipotecas consumen los aumentos salariales de las familias.

El patrimonio de los jóvenes se reduce un 76,6%

Uno de los datos más preocupantes del estudio es la evolución de la riqueza entre los menores de 35 años. Desde 2008, su patrimonio mediano se ha reducido un 76,7%, un desplome que refleja tanto la dificultad para acceder a la vivienda como la menor capacidad de generar ahorro.

Además, la tasa de propiedad entre los jóvenes ha caído de forma acusada desde la crisis financiera, consolidando una barrera estructural que dificulta la acumulación de riqueza desde edades tempranas.

Las consecuencias van más allá de lo económico. Según el informe, una proporción creciente de jóvenes carece de patrimonio significativo, lo que limita su estabilidad financiera y su capacidad para afrontar proyectos vitales como formar una familia o emprender.

Cada vez pesan menos en la riqueza total

La pérdida de peso de los jóvenes en el conjunto del patrimonio nacional es otro de los indicadores que evidencia el cambio de modelo. En 2002, representaban aproximadamente el 8,2% de la riqueza neta total. Dos décadas después, esa cifra ha caído hasta apenas el 2,1%.

En sentido contrario, los mayores de 75 años han duplicado su peso, pasando del 8,3% al 18,3%. Este desplazamiento refleja una creciente concentración de la riqueza en las generaciones de mayor edad.

Más desigualdad en todos los niveles

El problema no se limita a la brecha generacional. El estudio también constata un aumento general de la desigualdad. El 1% más rico concentra en torno al 21% de la riqueza total, mientras que la mitad más pobre apenas alcanza el 7%. Este fenómeno se refleja en el índice de Gini de la riqueza, que ha pasado de 0,57 en 2002 a 0,69 en 2022, consolidando un patrón de creciente concentración patrimonial.

Además, existen diferencias claras en la composición de los activos. Los hogares más ricos cuentan con carteras más diversificadas, con mayor peso de activos financieros y menor nivel de endeudamiento. Por el contrario, los hogares con menos recursos dependen en gran medida de la vivienda habitual y soportan mayores niveles de deuda relativa.

Acumular riqueza se hace difícil

El informe incide en que el modelo patrimonial español, fuertemente basado en la vivienda, ha favorecido especialmente a quienes accedieron al mercado inmobiliario en etapas anteriores. Mientras tanto, las nuevas generaciones se enfrentan a barreras cada vez más difíciles de superar.

El encarecimiento de la vivienda, la precariedad laboral y la menor capacidad de ahorro configuran un escenario en el que acumular riqueza resulta mucho más complicado que hace dos décadas. En este contexto, la creciente desigualdad intergeneracional no solo afecta a la equidad, sino que también tiene implicaciones económicas y sociales de alcance, desde el consumo hasta la sostenibilidad del sistema de bienestar.

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