
Cuando Rob y Lucy Davies decidieron ampliar su casa en Langdon Hills, Essex, contrataron a Steve Figg para la reforma. El proyecto arrancó con la promesa de estar listo en doce semanas, pero un año después la situación era muy distinta. La vivienda quedó con un gran agujero en el jardín, justo donde debería estar la cocina, y varias paredes sin soporte alguno.
Rob Davies, de 37 años, resume el estado en que se encontraba la casa en una frase: “La única forma de describir cómo quedó nuestra casa es como si fuera un terreno bombardeado”. Los problemas no solo eran estructurales. En palabras de Rob, “los ratones corrían libres por la casa a causa de los grandes huecos en las paredes. No podíamos mantener el calor dentro”.
Dos meses sin noticias del constructor y una denuncia por acoso
La familia había entregado más de 50.000 euros al constructor, pero tras los daños ocasionados, sumó otros 32.000 euros para reparar los destrozos, además de 3.400 euros destinados a gastos legales. La experiencia puso a prueba la convivencia familiar. Rob señala: “Ha sido completamente una pesadilla. Hubo momentos en los que pensamos que no íbamos a superarlo juntos. Puso a prueba nuestro matrimonio como nunca”.
Tras dos meses sin lograr contactar con el constructor, Steve Figg - el constructor - denunció a Rob y Lucy Davies por acoso. Ambos fueron detenidos en sus lugares de trabajo y pasaron 22 horas en dependencias policiales, hasta que las autoridades los dejaron en libertad y pidieron disculpas. La investigación posterior permitió reunir pruebas sobre la actuación de Figg.

El responsable de la obra, propietario de Figg Construction Ltd, fue condenado a pagar 98.000 euros de indemnización a los Davies tras admitir 22 infracciones de la normativa de construcción. Rob Davies comenta sobre el constructor: “Odio es una palabra fuerte, pero no encuentro otra forma de describirlo. Es la persona más ruin que conozco. Se hacía pasar por profesional, pero en realidad era totalmente incapaz”. Añade también: “Nuestro único consuelo es que ahora tiene que pagar por lo que hizo. Espero que nadie más pase por lo que hemos pasado nosotros”.
La experiencia de los Davies no es un caso aislado. Otros clientes han relatado vivencias similares tras contratar a Steve Figg. Gemma Hemmings, por ejemplo, recuerda cómo el constructor apareció en su vivienda poco después de que ella diera a luz, equipado con una motosierra y una maza. Ante una disputa por el pago, Figg destrozó la oficina del jardín. “Le vi destruirlo todo con una gran sonrisa en la cara. Fue aterrador”, relata Gemma, actualmente con 40 años. Ella y su marido, Steve, habían abonado 115.000 euros para la ampliación de la vivienda, pero retuvieron el último pago hasta que se solucionaran algunos defectos en la obra.
En 2017, Nick Marns, corredor de seguros, contrató a Figg para duplicar el tamaño de su casa de dos dormitorios. Según cuenta, tras pagar una suma significativa, lo que quedó fue un solar lleno de escombros y la necesidad de buscar apoyo psicológico. El impacto afectó su salud mental y sus relaciones personales. Nick Marns resume la experiencia así: “Todavía se me revuelve el estómago al pensar en lo que nos hizo. Nos destrozó la vida”.
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