Cuando el ego en el divorcio se apodera de las parejas ricas: “El patrimonio no se protege escondiéndolo, sino hablándolo”

Las nuevas generaciones se casan con más conciencia, cerrando “contratos” que tratan el dinero antes de las nupcias

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Álvaro Morata y Alice Campello se divorcian. (Europa Press)
Álvaro Morata y Alice Campello se divorcian. (Europa Press)

El matrimonio no es solo una decisión sentimental, también “es un contrato”. Sin embargo, pocas personas lo afrontan con esa perspectiva en el momento de casarse. “Y cuando llega el divorcio, esa ingenuidad tiene un coste elevado, especialmente cuando hay patrimonio en juego”, explica Elena Martín, primera Divorce Planner en España, a Infobae.

Su diagnóstico es claro tras años en este tipo de conflictos: “El problema no es económico, es emocional”. “En los divorcios y en las herencias no se reparten bienes: se revela el verdadero carácter de las personas”, resume la abogada especializada en derecho de familia y divorcios de alto patrimonio.

Y es que el punto de partida de muchos conflictos está antes incluso del matrimonio. La falta de conversación sobre dinero es uno de los grandes errores, porque muchas parejas pasan por el altar sin haber definido cómo se van a organizar económicamente.

“Hablar de dinero obliga a quitarse la máscara del amor idealizado”, señala. Y ese silencio tiene consecuencias: “Puede atrapar a algunas personas en relaciones que no sostienen por amor, sino por miedo a perder su nivel de vida”.

Pero esta conversación resulta muchas veces temida, e incluso asociada a la desconfianza. Sin embargo, la gente cree que protegerse jurídicamente mata el amor, cuando “lo que mata el romanticismo es descubrir en el divorcio con quién te has casado realmente”.

Pareja firmando el divorcio. (Freepik)
Pareja firmando el divorcio. (Freepik)

El ego como factor dominante

En los divorcios con grandes patrimonios, el dinero rara vez es el verdadero origen del conflicto. “En muchos casos no se pelea por necesidad, se pelea por ego”, subraya Elena. Y ese factor tiene un impacto directo en el coste del proceso. “Cuanto más patrimonio, más caro sale el ego cuando entra en guerra”, dice a este diario.

Además, la complejidad aumenta cuando existen sociedades, inversiones o activos en distintos países. “Más jurisdicciones significa más riesgo, más estrategia y más coste”, señala. “El amor puede ser internacional, pero los problemas legales también”, advierte.

Custodia compartida tras el divorcio. Freepik
Custodia compartida tras el divorcio. Freepik

“Todavía confundimos amor con fusión total”

En este contexto, las capitulaciones matrimoniales son la principal herramienta de prevención. Permiten establecer el régimen económico del matrimonio y ordenar el patrimonio antes de que aparezca el conflicto.

En la práctica, sirven para fijar la separación de bienes o establecer reglas claras sobre la gestión de activos. No obstante, siguen siendo un tema delicado en España. “Todavía confundimos amor con fusión total”, apunta la experta. “Amar no es entregarlo todo sin pensar; eso no es amor, eso es dependencia”.

A la pregunta de cuándo es el momento perfecto para abordarlas, según Elena, “es cuando hay paz, no cuando hay resentimiento”. Aunque pueden modificarse durante el matrimonio ante notario, la recomendación es clara: hacerlo antes de casarse. “El patrimonio no se protege escondiéndolo; se protege hablándolo”, sentencia.

Una pareja firma los papeles de su divorcio.
(Canva)

Empresa familiar, herencias y errores frecuentes

Otro de los casos comunes es cuando hay una empresa familiar, una herencia o un patrimonio previo de por medio. La separación de bienes suele ser la base, aunque puede reforzarse con estructuras societarias o acuerdos complementarios.

“Proteger tu patrimonio no es desconfiar de tu pareja, es actuar con responsabilidad”, expone. Y enumera algunos errores habituales: “Mezclar patrimonios sin asesoramiento, poner bienes a nombre del otro sin previsión legal, no actualizar testamentos tras el matrimonio y no regular la empresa familiar”.

Qué pasa con el dinero y bienes de la herencia en caso de divorcio.

Las segundas nupcias: las más sensibles

Como dice el refrán, las segundas partes nunca fueron buenas. Ya no solo se protege una relación, sino un entorno familiar más amplio. “Cuando tienes hijos, tus decisiones patrimoniales dejan de ser solo tuyas”, explica. “Hay que planificar pensando tanto en la nueva pareja como en la protección sucesoria y patrimonial de esos hijos”.

Por ello, las capitulaciones se suelen combinar con testamentos, planificación sucesoria o protocolos familiares. El objetivo es anticipar conflictos entre el nuevo cónyuge y los hijos de la primera pareja. En algunos casos, la falta de previsión deriva en tensiones familiares profundas. “Eso no es estrategia”, advierte, “eso es miseria moral”.

(iStock)
(iStock)

Un cambio de mentalidad en marcha

Pese a la resistencia tradicional, la cultura está cambiando. Cada vez más parejas con patrimonio recurren a acuerdos previos, especialmente en entornos empresariales. “Las nuevas generaciones se casan con más conciencia y menos fantasía”, afirma.

Las capitulaciones, poco a poco, se dejan de ver como falta de confianza. “Se ven como muestra de madurez”, concluye. La recomendación es clara: “La planificación legal no es falta de amor. Es amar sin ingenuidad”.