Una investigación lo confirma: las langostas y las cigalas sí que sienten dolor cuando se cocinan vivas

Los crustáceos decápodos también responden a los analgésicos y sus sistemas nerviosos han mostrado claros signos de estrés con estas prácticas

Guardar
Una investigación lo confirma: las langostas sí que sienten dolor cuando se cocinan vivas
Una imagen ilustrativa de una langosta cerca del mar (Canva)

El debate que surge todos los años en torno a cuál es la mejor manera de cocinar el marisco ha concluido con el último argumento que ha dejado sorprendido a muchos: las langostas y las cigalas sí que sienten dolor cuando se cocinan vivas. Así lo ha confirmado un estudio publicado en Scientific Reports que ha investigado las reacciones de estos invertebrados.

Concretamente, Eleftherios Kasiouras, de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), junto con científicos de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas y el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) en Barcelona, ha demostrado que las cigalas o langostas noruegas (Nephrops norvegicus) experimentan respuestas claras de escape frente a descargas eléctricas, y que estas reacciones disminuyen significativamente cuando se les administran analgésicos comunes como la aspirina o la lidocaína.

Debido a las presiones éticas por esta práctica, países como Nueva Zelanda, Noruega y Suiza ya han prohibido la práctica de hervir langostas vivas, y el Reino Unido ha reconocido legalmente a estos crustáceos decápodos como “seres sintientes”. En este sentido, la investigación ha diferenciado entre el dolor psicológico humano y la “nocicepción”.

Una investigación lo confirma: las langostas sí que sienten dolor cuando se cocinan vivas
Spiny lobster, 'Palinurus elephas', Arrábida National Park, Portugal (Wikimedia Commons)

El “tail flipping” que evidencia su dolor

La nocicepción es el proceso neuronal automático por el cual el sistema nervioso detecta y codifica estímulos dañinos o que causan lesiones. Dado que los animales no pueden comunicarnos verbalmente su sufrimiento, la ciencia busca otros indicadores a través de cambios en su comportamiento, su fisiología y su biología molecular durante o después de un evento perjudicial. El objetivo fundamental del equipo de científicos era comprobar si las langostas mostraban comportamientos defensivos ante un daño y si la aplicación de medicamentos analgésicos podía aliviar dichas respuestas.

El experimento consistió en aplicar una breve descarga eléctrica de bajo voltaje (durante apenas diez segundos) a un grupo de langostas en un tanque de agua. El resultado fue inmediato y sumamente visual: los animales sometidos a la descarga eléctrica reaccionaron agitando y sacudiendo su cola rápidamente, un movimiento conocido en inglés como “tail flipping”, que es un claro comportamiento de escape ante un peligro inminente. Este comportamiento defensivo fue exclusivo de las langostas electrocutadas; aquellos animales del grupo de control que simplemente fueron manipulados no mostraron este rápido aleteo.

La prueba definitiva para determinar si este comportamiento estaba mediado por vías de dolor era administrar calmantes. Los investigadores sumergieron a un grupo de langostas en agua con lidocaína (un conocido anestésico local) y a otro le inyectaron aspirina antes de aplicarles la descarga eléctrica. Los resultados fueron reveladores: tanto la aspirina como la lidocaína lograron reducir drásticamente la frecuencia de los aleteos de cola frente al choque eléctrico. Mientras que las langostas sin medicación sacudieron su cola unas diez veces durante la descarga, las que recibieron anestesia o analgesia redujeron este comportamiento prácticamente a cero.

¿Puede la genética determinar tu salud mental? Un gen define cómo respondemos ante el estrés.

Su sistema nervioso deja ver claros signos de estrés

Sin embargo, los investigadores no se limitaron a observar el movimiento exterior; también analizaron el tejido nervioso y la hemolinfa (el equivalente a la sangre en estos crustáceos) buscando indicadores de estrés. Descubrieron que, si bien ambos fármacos mitigaron el impacto de la descarga, la inyección de aspirina tuvo efectos secundarios estresantes.

Tras recibir la aspirina, las langostas comenzaron a acicalarse y frotarse de manera continua, e incluso mostraron un aumento en los niveles de lactato, un indicador de agotamiento metabólico o estrés. Los autores sugieren que este estrés adicional podría deberse al procedimiento de inyección en sí mismo o a una posible irritación causada por este medicamento. Por el contrario, la lidocaína demostró ser una opción muy eficaz, reduciendo el dolor sin causar alteraciones fisiológicas adversas.

“Estos resultados subrayan el potencial de estos fármacos para su uso en laboratorio durante procedimientos invasivos, pero también la responsabilidad ética más amplia de incorporar estrategias de bienestar en los protocolos de manipulación y aturdimiento de crustáceos”, determinan los investigadores en las conclusiones del estudio. Así, este equipo científico sienta las bases para mejorar cómo se trata a las langostas y cangrejos tanto en laboratorios como en la pesca comercial.

Teniendo en cuenta además lo que dictamina la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, a partir de ahora los restaurantes que usen estas prácticas deberán adoptar otras medidas para no ser condenados por maltrato animal. Tal y como se describe en el BOE, esto incluye “cualquier conducta, tanto por acción como por omisión, que cause dolor, sufrimiento o lesión a un animal y perjudique su salud, o provoque su muerte, cuando no esté legalmente amparada”.