Sarah Ferguson reaparece en Austria tras su vínculo con el caso Epstein: su ‘exilio’ en un chalet de casi 3.000 euros por noche en los Alpes

La expareja del expríncipe Andrés llevaba más de 200 días alejada de los focos y las cámaras tras salir a la luz su relación con el pedófilo estadounidense

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Sarah Ferguson en el Festival de Cannes 2024 (REUTERS/Clodagh Kilcoyne)
Sarah Ferguson en el Festival de Cannes 2024 (REUTERS/Clodagh Kilcoyne)

Durante meses, el pueblo británico se hacía la misma pregunta: ¿Dónde está Sarah Ferguson? La madre de las princesas Beatriz y Eugenia de York se había convertido en una sombra tras la desclasificación de los archivos del Departamento de Justicia de los Estados Unidos sobre el caso Epstein. Unos documentos que no solo salpicaron al expríncipe Andrés, sino que evidenciaron que la relación de la exduquesa de York con el pedófilo convicto distaba mucho de la versión oficial que ella misma defendió durante años.

El misterio de su paradero se ha resuelto este miércoles 16 de abril. Según publica el diario The Sun, Ferguson ha sido localizada en un idílico y pequeño pueblo austriaco, famoso por su lujosa estación de esquí alpina. Allí, Ferguson intenta pasar desapercibida en un chalet cuyo coste asciende a los 2.295 euros por noche. Las fotografías captadas la muestran saliendo de un monovolumen Mercedes, vestida con un abrigo azul y ocultando su rostro bajo una gorra de béisbol blanca, un atuendo deliberadamente anodino para alguien que solía disfrutar del foco mediático.

El exduque de York, el príncipe Andrés, enfrenta a la justicia tras ser arrestado. La operación se produce después de la publicación de documentos que lo vinculan con la red de Jeffrey Epstein y sugieren que pudo compartir información sensible del gobierno británico.

Desaparecida por 213 días

La aparición de estas imágenes pone fin a un aislamiento que duraba ya 213 días. La última vez que Sarah fue vista en un acto público de relevancia fue el 16 de septiembre de 2025, durante el funeral de la duquesa de Kent en la catedral de Westminster. Desde entonces, el silencio. Si bien fue fotografiada el 12 de diciembre de 2025 a su llegada al Palacio de St. James para el bautizo de su nieta, Athena Elizabeth Rose Mapelli Mozzi, aquella imagen —tomada desde la parte trasera de un coche— no permitía ver su rostro.

Este retiro voluntario coincide con el terremoto judicial que ha sacudido los cimientos de su vida. La caída en desgracia de su exmarido, Andrés Mountbatten-Windsor, despojado de sus títulos reales por el rey Carlos III y posteriormente arrestado, ha ido de la mano de un colapso en la propia imagen pública de Sarah. La exduquesa ha visto cómo su red de influencia se evaporaba: en los últimos meses, ha dejado de ser la madrina de organizaciones benéficas de renombre como Julia’s House, The Natasha Allergy Research Foundation, Prevent Breast Cancer y la British Heart Foundation. Incluso su propia fundación, Sarah’s Trust, anunció el cierre indefinido tras la publicación de los nuevos lotes de documentos de Epstein a finales de enero.

Las princesas Beatriz y Eugenia con Sarah Ferguson, exduquesa de York (@princesseugenie).
Las princesas Beatriz y Eugenia con Sarah Ferguson, exduquesa de York (@princesseugenie).

La doble cara de Ferguson

El origen de este ostracismo se encuentra en una correspondencia electrónica que ha dinamitado su credibilidad. En septiembre de 2025, salieron a la luz correos enviados por Sarah a Jeffrey Epstein en los que se refería al delincuente sexual como su “amigo supremo”. Lo alarmante de estas comunicaciones, fechadas en 2011, es que fueron enviadas apenas unas semanas después de que ella hubiera renegado públicamente del financiero.

En aquel año, Sarah se vio envuelta en un escándalo tras aceptar 15.000 libras de Epstein para saldar deudas personales. En una entrevista con el London Evening Standard, la exduquesa calificó el hecho como un “error de juicio garrafal” y aseguró: “Cometí un grave error de juicio. En cuanto pueda, devolveré el dinero y no volveré a tener nada que ver con Jeffrey Epstein jamás”.

Sin embargo, el correo electrónico filtrado ahora demuestra que, solo catorce días después de pedir perdón públicamente, Sarah escribió a Epstein para disculparse con él por sus comentarios en la prensa. Cabe recordar que, para 2011, Jeffrey Epstein ya era un delincuente sexual convicto tras haberse declarado culpable en 2008 de solicitar prostitución infantil.

El historial del magnate, que se suicidó en su celda de Manhattan en 2019 antes de ser juzgado por tráfico sexual de menores, ha arrastrado al abismo a todo aquel que formó parte de su círculo íntimo. Mientras Ghislaine Maxwell cumple condena por su papel en la captación de niñas, Sarah Ferguson parece haber buscado refugio en el frío de los Alpes austriacos, lejos de una sociedad británica que hoy lee sus antiguas disculpas con una mezcla de indignación y escepticismo.