Se han popularizado diferentes términos anglosajones entre los jóvenes, que hacen que las expresiones como XD o LOL queden prácticamente en la prehistoria digital. Ahora, los adolescentes utilizan otras palabras que engloban intenciones, sentimientos o acciones. Entre las más usadas se encuentran algunas como ‘ghosting’, ‘love bombing’ o ‘six-seven’. Pero si hay una que ha dejado huella no solo en la sociedad, sino también en la salud mental.
El FOMO, sigla en inglés de ‘Fear of Missing Out’ o miedo a perderse algo, ha irrumpido como uno de los conceptos más empleados por los usuarios de plataformas digitales. El auge de redes sociales como Instagram, TikTok y Facebook ha intensificado este fenómeno. El constante flujo de publicaciones muestra vidas aparentemente perfectas y experiencias exclusivas, lo que dispara en muchos usuarios la inquietud de estar quedando fuera de momentos importantes.
“La sensación de FOMO puede manifestarse de diversas formas en tu vida cotidiana”, explica la psicóloga Cristina Quintana en Doctoralia. La profesional asegura que este malestar puede llevar incluso a revisar compulsivamente el teléfono, sentir envidia por eventos a los que no se ha asistido o experimentar una necesidad permanente de actualizarse con las tendencias del momento.
El papel de las redes sociales y las plataformas digitales
Tal y como explican en Doctoralia, el FOMO puede provocar aumento de los niveles de ansiedad y estrés, disminución de la autoestima, dificultades para concentrarse y trastornos del sueño ligados al uso excesivo de dispositivos electrónicos. Algo que igualmente provoca una sensación de soledad y aislamiento, incluso en personas que permanecen conectadas casi todo el tiempo.

La exposición constante genera comparaciones poco realistas, ya que, como advierten los expertos, “las personas tienden a compartir los aspectos más positivos y emocionantes de sus vidas, creando una imagen distorsionada de la realidad”. El ciclo de notificaciones, ‘me gusta’ y actualizaciones en tiempo real refuerza esta dinámica, alimentando una dependencia psicológica. Por lo que con cada notificación se activa en el cerebro la liberación de dopamina y se incentiva la búsqueda constante de estímulos.
Aun así, los psicóogos han detectado que su efecto depende de la plataforma que se consuma: Instagram y TikTok ejercen un impacto alto por sus historias efímeras y contenidos virales, mientras que Facebook se sitúa en un rango medio-alto por la difusión de eventos y fotos grupales. En cambio, Twitter y LinkedIn generan niveles de FOMO más moderados, aunque también alimentan la comparación a través de debates virales y logros profesionales, respectivamente.
Estrategias para combatir el FOMO y recuperar el control
Para mitigar los efectos del FOMO, el psicólogo Antonio Fernández recomienda la práctica de la atención plena mediante ejercicios de mindfulness para centrarse en el presente y apreciar lo propio. Otra medida consiste en establecer límites digitales, fijando horarios para el uso de redes sociales y realizando desintoxicaciones periódicas. Por otro lado, fortalecer las interacciones sociales cara a cara o conservar “un diario de gratitud” pueden contribuir a desplazar el foco desde lo que falta hacia lo que ya se tiene.
Asimismo, dedicar tiempo a intereses y pasiones personales termina siendo crucial para disminuir la preocupación por lo que hacen los demás. Aunque, desde Doctoralia consideran que realizar talleres de alfabetización mediática, grupos de apoyo entre pares, proyectos creativos colaborativos y actividades de voluntariado comunitario reforzarán esa resiliencia ante el FOMO.
Cómo afecta el FOMO en el entorno laboral y en la adolescencia
Las consecuencias de este fenómeno no radica solo en la interacción social, sino que también ejerce una influencia en el entorno laboral, donde el FOMO puede traducirse en dificultades para desconectar del trabajo, agotamiento, disminución de la eficiencia y un mayor estrés, de acuerdo con el psicólogo Mario Olea. La presión por estar siempre disponible y al tanto de las novedades extiende la jornada laboral más allá de los horarios formales y puede difuminar los límites entre la vida personal y profesional.
Además, la percepción de que colegas o competidores avanzan más rápido en sus carreras puede detonar sentimientos de inadecuación y fomentar prácticas poco saludables como aceptar más tareas de las que se pueden asumir. Algo que se puede apreciar igualmente durante la adolescencia. Y es que, como define la especialista Carmen Campos, esta etapa, en la que se construye la identidad personal, se caracteriza por una búsqueda constante de aceptación social.
Por lo que, los adolescentes se convierten en el grupo más vulnerable a las comparaciones y a la ansiedad por no participar en actividades con sus pares. En estos casos, los expertos recomiendan que familias y educadores fomenten la comunicación abierta, eduquen sobre el uso crítico de las redes y promuevan actividades fuera de línea que favorezcan la autoestima y la autoaceptación. “El cambio no ocurre de la noche a la mañana. Sé paciente contigo mismo y celebra los pequeños progresos que hagas en tu camino hacia una relación más saludable con la tecnología y las redes sociales”, concluyen desde Doctoralia.
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