Cómo lavar la fruta y la verdura para evitar la contaminación de bacterias

El manejo seguro de estos alimentos comienza desde que los compramos en el supermercado

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Una mujer lavando una manzana bajo el grifo de la cocina (Freepik)
Una mujer lavando la fruta (Freepik)

De sobra es conocido que el consumo de frutas y verduras es uno de los pilares de una alimentación saludable, pero no siempre se presta la suficiente atención a su manipulación segura. Aunque estos alimentos son esenciales por su aporte de vitaminas, minerales y fibra, también pueden convertirse en un vehículo de microorganismos patógenos o contaminantes químicos si no se manejan adecuadamente desde el momento de la compra hasta su consumo.

En el entorno natural donde crecen (el suelo, el agua de riego o incluso el polvo) pueden encontrarse bacterias, virus o sustancias químicas que, en determinadas circunstancias, contaminan su superficie. Por ello, adoptar medidas de higiene y conservación resulta fundamental para reducir riesgos y garantizar su inocuidad.

El primer paso hacia un consumo seguro comienza en el punto de compra, aseguran desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Es importante seleccionar frutas y verduras que presenten un buen aspecto: sin golpes, magulladuras ni daños visibles. La superficie debe estar limpia, con el color y el brillo característicos de cada producto. Estas señales no solo indican frescura, sino también menor probabilidad de deterioro o contaminación.

Durante el transporte a casa, conviene mantener estos alimentos separados de productos crudos de origen animal como carnes, pescados o mariscos, así como de artículos de limpieza. Esta simple precaución evita la llamada contaminación cruzada, una de las principales vías de transmisión de microorganismos en el ámbito doméstico.

Una vez en casa, la conservación adecuada es clave. En general, frutas y verduras deben guardarse en el frigorífico, preferiblemente en los cajones destinados a ellas, donde la temperatura es menos fría y la humedad más adecuada. Además, es recomendable mantenerlas separadas del resto de alimentos, tanto crudos como cocinados. Sin embargo, algunos productos como cebollas o cítricos pueden conservarse a temperatura ambiente, siempre por periodos cortos y en lugares frescos y ventilados.

En la cocina, la higiene adquiere un papel protagonista. Antes y después de manipular estos alimentos, es imprescindible lavarse las manos. Asimismo, todos los utensilios, tablas de corte y superficies deben estar limpios y secos. Es aconsejable preparar frutas y verduras separadas de otros alimentos, especialmente si se van a consumir en crudo, como ocurre con muchas ensaladas.

También es importante eliminar las partes dañadas antes de su preparación, ya que pueden ser focos de microorganismos. Y no hay que olvidar que productos como hierbas aromáticas frescas o brotes germinados requieren el mismo cuidado en su lavado que cualquier otra verdura.

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Cómo lavar correctamente la fruta y la verdura

El lavado es, sin duda, uno de los pasos más importantes. Todas las frutas y verduras deben lavarse bajo el chorro de agua del grifo, incluso aquellas que se vayan a pelar. De este modo, se evita que la suciedad o los microorganismos pasen del cuchillo al interior del alimento. Para superficies más duras, como las del melón o el pepino, puede utilizarse un cepillo específico. Tras el lavado, se recomienda secarlas con papel de cocina de un solo uso.

En algunos casos, especialmente cuando se van a consumir crudas con piel (como manzanas o pepinos) o en el caso de verduras de hoja como la lechuga o las espinacas, es aconsejable una desinfección adicional. Esta consiste en sumergirlas durante cinco minutos en agua potable con una pequeña cantidad de lejía apta para la desinfección de agua de bebida, y posteriormente aclararlas con abundante agua corriente.