
Había una frase que Alessandro repetía cada vez que sus padres se derrumbaban. Antes de las operaciones, en cada recaída, en cada hospitalización. Los miraba a los ojos y les decía: “No es justo, pero así son las cosas. De todas formas, lo estoy disfrutando. No os preocupéis”. Y sonreía.
Alessandro Postal tenía 13 años. Vivía en Verona (Italia), y llevaba seis años luchando contra el cáncer cuando falleció el pasado lunes en el hospital de Padua. Tenía siete años cuando le diagnosticaron la enfermedad. La enfermedad irrumpió de golpe en su infancia. El cáncer le arrebató los juegos, la rutina y la despreocupación de su edad. En su lugar llegaron los hospitales, los tratamientos, las cirugías, etc.
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Fueron seis años de lucha constante que afrontó, según quienes lo conocieron, con una serenidad y una madurez difíciles de explicar, explican a los medios italianos.
A pesar de todo, Alessandro mantuvo el vínculo con su vida cotidiana. Cuando no podía ir a clase, su maestra Beatrice, a quien llamaba “mi tercera abuela”, acudía a su casa para darle clases. Así logró completar la secundaria. “Hasta hace un mes, estaba sentado en su pupitre”, ha recordado su madre.
“Fue él quien nos dio fuerzas”
En medio de la enfermedad, los roles se invirtieron. No fueron los adultos quienes sostuvieron al niño, sino al contrario. “Fue él quien nos dio fuerzas. Él fue quien nos tranquilizó”, ha contado su madre, Federica, a L’Arena. “Nuestro pequeño siempre sonrió, hasta el final”.
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El impacto de Alessandro fue profundo también en quienes lo trataron durante años. Tras su muerte, dos oncólogos acompañaron a sus padres a dar un paseo. “Tenían los ojos llenos de lágrimas”, ha recordado Federica. “Nos tomaron de las manos y nos agradecieron el privilegio de haberle tenido como paciente”.
En el hospital de Pauda, médicos y enfermeras le pusieron un apodo que resume su forma de ser: el “príncipe gentil”. Educado, empático, atento y sensible. Allí quería estar siempre. Sus padres consultaron con otros centros en Roma y Milán, pero él insistía en volver. “Solo se sentía seguro allí”, ha explicado su madre.
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Una familia futbolera
Alessandro creció en una familia muy vinculada al fútbol. Su padre, Marco, es entrenador del Audace, y su hermano Filippo, de 21 años, juega en el Povegliano. En estos días, todos los equipos de la provincia de Verona se han volcado con ellos.
El Audace le dedicó un mensaje de despedida: “Gracias, Alessandro, por todo lo que nos enseñaste durante tu largo periodo de sufrimiento… Fuiste un ejemplo. Y siempre lo serás”. Sus padres quisieron despedirlo con una promesa: “Te prometemos que ahora, en tu lugar, devolveremos el bien que nos diste a todos durante estos 13 años. No fue en vano”.
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El adiós del “príncipe gentil”
La historia de Alessandro conmovió también a las instituciones. El presidente del Véneto, Alberto Stefani, escribió en sus redes: “Una edad hecha de amigos, sueños y un futuro por imaginar. No de hospitales”. Alessandro afrontó esa batalla con una fortaleza impropia de su edad".
El funeral se celebró el jueves 26 de marzo en la iglesia de Santa Croce, cerca de su escuela. Un último gesto, según quiso su madre, hacia sus compañeros y maestros, que estuvieron a su lado incluso en los momentos más duros.
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