La noche del Metropolitano tenía un nombre propio incluso antes de que comenzara el partido: Julián Álvarez. El delantero argentino se encontraba ante el FC Barcelona el que pudo y no fue su equipo, tras un culebrón que ocupó todo el verano y que todavía supura en la herida de los aficionados rojiblancos. El atacante terminó siendo uno de los grandes focos de la noche, aunque no precisamente por los motivos que habría deseado. Todo ello en un partido por el liderato de LaLiga, nada menos, aunque los de Hansi Flick sí pudieron ganar esa lucha.
La grada había preparado un mensaje que apuntaba directamente al futbolista. En el fondo sur apareció un mosaico con el lema ‘Mi dulce condena’, acompañado por la imagen de una camiseta del Atlético entre barrotes. La intención inicial era que la elástica mostrara el dorsal 19, el que viste el argentino, pero desde el club recomendaron que se retirara ese detalle. Finalmente, la referencia quedó limitada al mensaje y a la camiseta rojiblanca. La polémica del verano seguía sobrevolando el estadio, esta vez en forma de recibimiento.
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El inicio del partido le brindó a Álvarez la posibilidad de responder sobre el césped. Apenas habían transcurrido cinco minutos cuando tuvo una ocasión inmejorable para adelantar al Atlético de Madrid en el marcador. Se quedó solo ante Joan García y, con todo a favor, decidió intentar regatear al guardameta. La maniobra no salió como esperaba: terminó perdiendo el ángulo y la oportunidad de registrar el primer tanto del partido. Una acción que dejó al delantero sin gol y a la grada sin una respuesta unánime. Mientras algunos aficionados trataban de animarle, otros expresaban su descontento con silbidos.
La primera oportunidad perdida no impidió que el argentino encontrara una forma de participar en el primer tanto rojiblanco. Cuatro minutos después, el Atlético salió al contragolpe y Álvarez asumió un papel decisivo en la jugada. En lugar de buscar la finalización, encontró a Giuliano Simeone con un pase que permitió al atacante elevar el 1-0 al marcador. La asistencia sirvió para reivindicar su capacidad de intervenir en el juego ofensivo, aunque no borró las dudas que había dejado su primera acción ante Joan García.
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El problema para el internacional albiceleste fue que las ocasiones siguieron apareciendo y la definición continuó sin acompañarle. Antes de llegar al descanso dispuso de otras dos oportunidades para ampliar la ventaja. En la primera no encontró portería y en la segunda volvió a cruzarse con el guardameta del Barcelona. El balón llegó a pasar entre las piernas de Joan García, pero el portero reaccionó a tiempo y consiguió evitar el tanto. El argentino acumulaba oportunidades, aunque ninguna terminaba de la manera que necesitaba.
Tras el paso por vestuarios, el guion apenas cambió. Koke volvió a encontrar a Julián en una posición privilegiada y le dejó nuevamente frente al portero azulgrana. Esta vez el delantero quiso resolver la acción con rapidez y probó con una vaselina. El intento se marchó por encima de la portería. Era otra ocasión clara desperdiciada y la respuesta de la afición volvió a hacerse notar. Los silbidos se escucharon desde la grada, mientras sus compañeros y Diego Simeone reclamaban aplausos para que el atacante no bajara los brazos.
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