
Si en los 90 no estabas comprándote una casa y no eres rico, seguramente entre las mil aplicaciones de tu móvil esté la de Idealista. Hay toda una generación a la que tener que entrar le da verdadero terror. No es de extrañar. Si la vida fuera un videojuego, digamos que en los últimos años, quienes buscan una casa para alquilar o comprar están jugando en modo difícil (o hardcore, que dicen los jóvenes). Traduzcamos esta idea en datos económicos: entre 2014 y 2024, mientras los salarios medios crecieron un 30%, el precio de compra de vivienda subió un 65% y el alquiler se disparó un 82%.
Estos porcentajes están reflejados en el gráfico que compartimos a continuación. Forma parte del estudio El déficit de vivienda de emancipación: cuantificación y caracterización de la demanda joven de la vivienda (2024-2024), publicado en la Revista Ice (número 942) y elaborado por los técnicos comerciales y economistas del Estado Diego Cagigas Castro e Iker Beraza Pérez. La investigación se ha elaborado a partir de microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), el INE y el portal Idealista. “Un gráfico ilustrativo del problema de la vivienda en España”, afirma el doctor en Economía Juan Luis Jiménez, quien lo ha compartido en sus redes sociales.

La imagen es clara y no deja lugar a dudas sobre el estancamiento del poder adquisitivo real de la población joven y trabajadora frente al encarecimiento de los bienes residenciales. Si bien el salario medio pasó de 14.098 euros en 2014 a 18.338 euros anuales en 2024, el esfuerzo necesario para acceder a una vivienda se multiplicó, alejando la posibilidad de emancipación y consolidando nuevas barreras de desigualdad. El Índice de Precios de la Vivienda (IPV) y los alquileres muestran una tendencia ascendente mucho más pronunciada que el propio Índice de Precios al Consumo (IPC), que apenas registra un aumento del 23% en el periodo.
La evolución de estos indicadores muestra la realidad del mercado inmobiliario en España: la desconexión entre el crecimiento de los ingresos y la escalada de los precios residenciales. Mientras el IPC general se mantuvo en un rango contenido, el coste de acceder a una vivienda, tanto en compra como en alquiler, se disparó a ritmos sin precedentes. El precio del alquiler, en particular, pasó de situarse próximo al IPC y los salarios a inicios de la década, a escalar hasta un 82% por encima del nivel base de 2014, situándose como el componente más tensionado del gasto residencial.
Los jóvenes no se pueden emancipar en condiciones
Esta brecha creciente ha tenido consecuencias directas sobre la capacidad de emancipación de la juventud. En 2024, solo el 31% de los jóvenes de 16 a 34 años vivía fuera del núcleo familiar, una cifra que representa un mínimo histórico y que refleja la consolidación de una tendencia regresiva, según el estudio publicado en la revista ICE. El grupo de 16 a 24 años apenas alcanza un 5% de emancipación, y entre los 25 y 29 años, el porcentaje cayó del 47 % al 36 % en una década. Incluso el segmento de 30 a 34 años, tradicionalmente más independiente, ha visto reducida su tasa de emancipación del 76% al 69%.
El problema no se limita al acceso a la propiedad. El alquiler, que debería funcionar como alternativa flexible, se ha visto sometido a una presión aún mayor. El gráfico revela que el precio del alquiler creció más rápido y de forma más sostenida que cualquier otro indicador considerado. Este aumento ha empujado a buena parte de la juventud a permanecer en el hogar parental o a destinar una proporción creciente de sus ingresos al pago de la vivienda. En 2024, un 23-25% de los ingresos totales de los hogares jóvenes emancipados se destinaba a la vivienda, y el porcentaje de quienes dedican más del 40% de su renta al alquiler sigue siendo significativo, sobre todo en regiones como Canarias, Madrid o las Islas Baleares.
La desproporción es aún más evidente cuando se analiza la evolución territorial. Comunidades como Cataluña, Comunidad de Madrid y Andalucía concentran buena parte del déficit habitacional de emancipación, con más de 71.000, 57.000 y 34.000 hogares jóvenes no emancipados, respectivamente. El crecimiento sostenido de los precios en estos mercados, unido a la insuficiencia de la oferta de vivienda asequible, refuerza la exclusión residencial y amplía la brecha intergeneracional. En regiones como Canarias, el 21 % de los jóvenes emancipados dedica más del 40% de su renta a la vivienda, en Madrid la cifra es del 20%, y en las Islas Baleares alcanza el 15%.
Tener trabajo no soluciona el acceso a la vivienda
Los datos de este estudio no solo exponen la magnitud del problema, sino que también desmontan uno de los argumentos habituales en el debate público: la idea de que el empleo y el crecimiento salarial bastan para resolver el acceso a la vivienda. “Tener un empleo a tiempo completo no garantiza poder independizarse, sino que todo indica la incapacidad de encontrar una vivienda en la que los ingresos obtenidos a través del empleo sean suficientes para cubrir sus costes”, apuntan los investigadores.
“Tener un empleo a tiempo completo no garantiza poder independizarse”
El análisis muestra que, a pesar de una reducción histórica del desempleo juvenil y del incremento del salario medio por encima del IPC, la posibilidad de emanciparse se ha reducido a mínimos. Solo el 54 % de los jóvenes con empleo estable vive fuera de casa, lo que revela que el mercado laboral ya no es el principal obstáculo: la vivienda se ha convertido en un cuello de botella estructural.
La tendencia observada en el gráfico responde a una combinación de factores. Por un lado, el endurecimiento de las condiciones de acceso al crédito hipotecario tras la crisis financiera ha retrasado la compra de vivienda y reducido la presencia de jóvenes propietarios. Por otro, la limitada oferta de vivienda nueva y la concentración de la promoción privada en segmentos de precio medio-alto han desplazado a los jóvenes hacia el mercado del alquiler, donde la competencia y la escasez han elevado aún más los precios. El resultado es una “trampa del alquiler”: muchos jóvenes no pueden ahorrar lo suficiente para comprar y, al mismo tiempo, ven cómo el alquiler consume una parte creciente de sus ingresos.

“Dadas las dificultades de ajuste de la oferta, en el corto plazo, el mercado se tensiona, los precios aumentan y la capacidad de ahorro disminuye. En definitiva, se produce un círculo vicioso que dificulta cada vez más los procesos de emancipación de la población joven”, aseguran los autores.
¿Y cuál es la solución?
Este contexto ha llevado a los expertos a plantear la necesidad de políticas estructurales que trasciendan las ayudas puntuales o los incentivos a la demanda. Los datos muestran que aumentar el salario medio no es suficiente si los precios de la vivienda continúan creciendo a un ritmo mucho mayor. Según el análisis publicado, la prioridad debe ser aumentar la oferta de vivienda asequible, tanto a través de la promoción pública como ofreciendo incentivos a la iniciativa privada, para asegurar precios que sean accesibles para los jóvenes.
El problema de la vivienda en España no es coyuntural ni se resuelve con medidas aisladas. Es la consecuencia de una década de desajuste entre ingresos y precios, de una oferta insuficiente y de un mercado tensionado que expulsa a las nuevas generaciones de la independencia residencial. La diferencia entre el crecimiento del salario medio (30%), el IPC (23%), el precio de compra (65%) y el alquiler (82%) son continuos obstáculos para una sociedad que lo que quiere es poder pagarse una casa sin morir en el intento. Que se cumpla el artículo 47 de la Constitución.
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