‘Lexit’, el movimiento autonomista que busca que León se separe de Castilla y León: “Hay gente de izquierdas y de derechas que comparte esta idea”

Bajo el nombre de ‘Lexit’, la corriente leonesista reclama desde hace décadas la creación de una comunidad autónoma propia para León, Zamora y Salamanca

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Una pancarta a favor del
Una pancarta a favor del 'Lexit' en una manifestación (@UPLJuventudes)

En las papeletas de las elecciones autonómicas que se celebran este domingo en Castilla y León aparecerá una reivindicación política que, pese a llevar más de cuatro décadas formando parte del debate territorial en el noroeste de España, continúa siendo poco conocida fuera de esa comunidad. Partidos regionalistas como Unión del Pueblo Leonés (UPL) concurren a los comicios defendiendo una propuesta concreta, que las provincias de León, Zamora y Salamanca se constituyan en una comunidad autónoma propia, separada de la actual estructura administrativa.

La idea forma parte del llamado leonesismo, un movimiento que mezcla reivindicación histórica, defensa de la identidad territorial y una crítica al modelo autonómico vigente en la región. Aunque su presencia política ha atravesado distintas etapas desde la Transición, en los últimos años ha vuelto a ganar visibilidad impulsado por varios factores que van desde el deterioro demográfico del territorio hasta la reactivación institucional del debate en ayuntamientos y administraciones locales.

El leonesismo es un movimiento social, cultural y político que busca defender los intereses sociales, económicos y políticos de la región leonesa”, detalla el historiador Rodrigo Ferrer, que ha investigado el origen y evolución de esta corriente. Su objetivo último, añade, sería que ese territorio se constituyera en una comunidad autónoma propia, “exactamente igual que las demás”.

La región a la que se refiere está formada por las provincias de León, Zamora y Salamanca, un espacio que históricamente ha sido conocido como Región Leonesa o País Leonés y cuya identidad se remonta a un pasado medieval vinculado al antiguo Reino de León. Para los defensores del leonesismo, ese trasfondo histórico constituye uno de los elementos centrales del discurso, aunque el movimiento actual se explica sobre todo por factores políticos y socioeconómicos contemporáneos.

En los últimos años, algunos sectores han empezado a referirse a esta reivindicación con el término ‘Lexit’, un juego de palabras que alude a la posible salida de León de Castilla y León, en una referencia al Brexit británico.

Un debate que nace con la Transición

El origen del conflicto se sitúa en los años de la Transición, cuando España diseñó el modelo territorial que todavía hoy estructura el Estado. La Constitución de 1978 estableció el derecho de las regiones históricas a constituirse como comunidades autónomas, un proceso que dio lugar a negociaciones políticas y a diferentes modelos territoriales en función de cada caso. En ese contexto, la región leonesa figuraba como una de las divisiones territoriales históricas reconocidas por la administración desde el siglo XIX, concretamente desde la reforma provincial impulsada en 1833 por el ministro Javier de Burgos.

Sobre esa base, explica Ferrer, existía la expectativa de que el territorio pudiera convertirse en una comunidad autónoma propia, del mismo modo que ocurrió con otras regiones históricas del país. “La lógica en aquel momento era que, igual que sucedía con Aragón, Valencia o Andalucía, la región leonesa tuviera su propio estatuto de autonomía”, señala. Sin embargo, el resultado final fue distinto. Durante el proceso de construcción autonómica se impuso la idea de crear una comunidad más amplia que uniera las provincias de la antigua Castilla la Vieja con las de la región leonesa, dando lugar en 1983 a la comunidad autónoma de Castilla y León.

Aquella decisión no fue pacífica y generó una contestación temprana en algunos sectores sociales y políticos del territorio. El geógrafo Javier Miguélez sitúa precisamente en ese momento el origen del movimiento leonesista contemporáneo. Según precisa, durante la Transición comenzaron a surgir asociaciones y plataformas que defendían la creación de una autonomía propia para las tres provincias leonesas. Entre ellas destacó el Grupo Autonómico Leonés (GAL), una organización que reunía a personas de distintas sensibilidades ideológicas y que protagonizó algunas de las movilizaciones más visibles de la época.

Miguélez recuerda que durante aquellos años se celebraron consultas y encuestas en la provincia de León que apuntaban a una preferencia mayoritaria por una autonomía propia, ya fuera solo para León o junto a Zamora y Salamanca. Incluso se realizaron consultas entre ayuntamientos y alcaldes de la provincia. “En ningún momento la opción de integrarse en Castilla tenía una fuerza reseñable”, sostiene. Aun así, el resultado final fue otro. Según los investigadores, pesaron las negociaciones entre los grandes partidos de la época y determinados equilibrios políticos en el diseño del mapa autonómico.

El periodista Christian Fernández, que sigue desde hace años la evolución del movimiento leonesista, comenta que el contexto político del momento influyó decisivamente en la decisión. Según subraya, una de las ideas que se manejaban entonces era la de crear una comunidad autónoma fuerte en el centro de España que sirviera de contrapeso a los nacionalismos periféricos. “La intención era crear una autonomía grande que equilibrara el peso de territorios como el País Vasco o Cataluña”, apunta. Aquella lógica política terminó imponiéndose en el diseño territorial.

Carlos Martínez Mínguez (Soria, 1973) encabeza por primera vez la candidatura del PSOE a la Presidencia de la Junta tras casi dos décadas como alcalde de la capital soriana.

La integración de León en Castilla y León no puso fin al debate. Apenas un año después de aprobarse el Estatuto de Autonomía, en 1984, las calles de León acogieron una manifestación multitudinaria que reclamaba la creación de una autonomía propia. Algunas estimaciones sitúan la participación en torno a las 90.000 personas, una cifra muy significativa para una ciudad de tamaño medio. Desde entonces, el debate sobre la autonomía leonesa ha reaparecido periódicamente en la política regional, aunque con distinta intensidad según el momento histórico.

Identidad, política y apoyo social

El leonesismo contemporáneo se articula en torno a diferentes dimensiones. Por un lado, existe una vertiente cultural e identitaria vinculada al pasado histórico del territorio y a su legado institucional. Por otro, se ha desarrollado una dimensión política centrada en la reivindicación de una autonomía propia. Fernández distingue claramente entre ambas. “Hay un leonesismo social, que es el apego a la historia, la cultura o las tradiciones de León, y luego está el leonesismo político, que plantea que la región leonesa debe constituirse como comunidad autónoma”, apostilla.

En la práctica, el apoyo a esta reivindicación no se distribuye de forma homogénea en las tres provincias. Según el periodista, el respaldo social es más fuerte en la provincia de León y disminuye progresivamente hacia el sur del territorio. En Zamora existe cierto apoyo, especialmente en las zonas más próximas a León, mientras que en Salamanca la reivindicación tiene menor implantación política. Aun así, algunos investigadores consideran que el respaldo social al leonesismo podría ser mayor de lo que reflejan los resultados electorales.

Ferrer cree que existe una confusión habitual entre el apoyo cultural a la identidad leonesa y el voto a los partidos regionalistas. “El error es confundir el peso social del leonesismo con el peso electoral de los partidos leonesistas”, manifiesta. Según precisa, el interés por la cultura y la identidad leonesa se manifiesta en numerosos ámbitos de la vida social, desde publicaciones y actividades culturales hasta eventos musicales o tradicionales que se celebran en las tres provincias. A su juicio, ese fenómeno refleja la existencia de una identidad territorial compartida que trasciende el ámbito estrictamente político.

El impacto de la despoblación

Más allá de los debates históricos o identitarios, buena parte del impulso reciente del leonesismo está relacionado con la evolución demográfica y económica del territorio. Las provincias de León, Zamora y Salamanca figuran entre las zonas más afectadas por la despoblación en España, un fenómeno que ha transformado profundamente el paisaje social y económico de amplias áreas rurales.

“La cuestión demográfica es la gota que colma el vaso”, resume Christian Fernández. Durante las últimas décadas, estas provincias han perdido población de forma continuada en un contexto marcado por el envejecimiento y la emigración de jóvenes hacia otras regiones con mayores oportunidades económicas. El fenómeno se enmarca en el proceso más amplio de la llamada España vaciada, pero en el caso de la región leonesa algunos analistas consideran que el impacto ha sido especialmente intenso.

El geógrafo razona que, si el territorio leonés se analizara como una unidad propia dentro del contexto europeo, aparecería como una de las zonas con peor evolución socioeconómica de las últimas décadas en Europa occidental. “Aquí se lideran los datos de despoblación y de empobrecimiento”, afirma. Según explica, contar con una comunidad autónoma propia permitiría visibilizar con mayor claridad esa situación y facilitar el acceso a determinados programas europeos destinados a combatir la despoblación y promover el desarrollo regional.

Además de la cuestión demográfica, algunos defensores del leonesismo critican la centralización administrativa dentro de la actual comunidad autónoma. Ferrer señala que una comunidad más pequeña podría permitir una gestión más cercana a las necesidades del territorio. “La administración pública está para dar servicios a la ciudadanía”, evoca. “En una comunidad más pequeña sería más sencillo organizar esos servicios y responder a los problemas concretos del territorio”, agrega.

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Una veintena de entidades del leonesismo social pide el 'Lexit' en una manifestación por el futuro de León (Europa Press)

El regreso del debate a la política

El debate sobre la autonomía leonesa ha vuelto a cobrar fuerza en los últimos años, impulsado en parte por decisiones institucionales que han reactivado la discusión pública. Uno de los momentos clave se produjo en 2019, cuando el Ayuntamiento de León aprobó una moción en la que reclamaba la creación de una comunidad autónoma para León, Zamora y Salamanca. Aquella iniciativa desencadenó una cadena de mociones similares en otros municipios de la provincia y contribuyó a situar nuevamente la cuestión en la agenda política regional.

Este resurgir institucional ha coincidido con el crecimiento electoral del regionalismo leonés. Formaciones como Unión del Pueblo Leonés han ido recuperando espacio político en las instituciones autonómicas y locales tras una etapa de menor presencia pública. Según relata Javier Miguélez, el partido ya había tenido una fase de fuerte implantación en los años noventa y principios de los dos mil, antes de atravesar un periodo de declive del que ahora parece estar saliendo.

“El leonesismo tiene un respaldo bastante transversal”, matiza el geógrafo. A su juicio, el apoyo al movimiento no se limita a un sector ideológico concreto, sino que atraviesa distintas sensibilidades políticas. “Se puede encontrar gente de izquierdas y de derechas que comparte la idea de que la región leonesa debería tener más capacidad de autogobierno”, enfatiza.

El debate vuelve ahora a la primera línea política con las elecciones autonómicas que se celebran este domingo en Castilla y León. El principal referente institucional de esa reivindicación, Unión del Pueblo Leonés, podría obtener alrededor de tres procuradores en las Cortes autonómicas, según diversos sondeos. Se trataría de un resultado que consolidaría su representación parlamentaria y que avivaría más la cuestión del ‘Lexit’.