
Décadas después de haberse adueñado de los escaparates de la élite londinense y parisina, el empresario Mohamed Al-Fayed ha dejado de ser un símbolo de lujo para convertirse en la figura central de una red de presuntos abusos sexuales investigada en varios países y que involucra tanto a Mohamed como a su hermano Salah, fallecido en 2010. De acuerdo con información aportada por la policía británica a la AFP, hasta ahora hay 154 víctimas que acusan al empresario de haber abusado de ellas.
Una investigación publicada por la BBC en 2024 recogía los testimonios de múltiples mujeres que acusan al empresario, fallecido en 2023 a los 94 años, de violación y agresiones sexuales cometidas durante su etapa como propietario de Harrods - uno de los almacenes de lujo más famosos y exclusivos del mundo - y del hotel Ritz de París. Desde el año pasado, el caso también está siendo investigado por las autoridades francesas.
El caso pone el foco en un sistema presuntamente sostenido durante décadas y encubierto por el entorno del empresario. Las víctimas describen un patrón de abusos y una cultura de miedo en el entorno laboral bajo Al-Fayed. “No quería que eso sucediera. No di mi consentimiento. Solo quería que todo terminara”, relata una de ellas. Otra víctima cuenta que era una adolescente cuando fue violada por el empresario en su apartamento en Park Lane, en el pleno centro de Londres: “Era un monstruo, un depredador sexual sin brújula moral alguna”.

“Pobre chica, hoy eres tú”
Al-Fayed llegó al Reino Unido en 1974 y compró Harrods en 1985. Se convirtió así en una figura mediática: aparecía frecuentemente en tertulias televisivas y en eventos sociales. El retrato de las mujeres que trabajaron para él, sin embargo, dista mucho de aquella imagen del empresario. Sophia, asistente personal del magnate entre 1988 y 1991, le recuerda como un hombre “vil”. “Me da rabia, la gente no debería recordarlo así. Él no era así”.
Su propio hijo, Omar Fayed, comparaba a su padre con un criminal de guerra nazi, asegurando que habría fingido “incapacidad mental” en los últimos años de su vida para eludir la justicia tras las primeras acusaciones contra su persona, en 2017 y 2018, que nunca llegaron a juicio, en parte, por la avanzada edad del empresario y un diagnóstico de demencia presentado por sus abogados.
Al-Fayed paseaba frecuentemente por Harrods. Identificaba y seleccionaba a empleadas jóvenes a las que “ascendía” y llevaba a trabajar junto a él, en sus oficinas del almacén. Otra de las víctimas del empresario relata cómo el ambiente en los grandes almacenes era de resignación y de miedo: “Todas nos mirábamos al cruzar esa puerta pensando ‘pobre chica, hoy eres tú’ y sintiéndonos completamente impotentes para detenerlo”.
El ambiente laboral bajo Al-Fayed es descrito por las víctimas y extrabajadoras como de una “cultura del miedo”. Una víctima anónima detalla que dicho sentimiento “era palpable para todos los empleados, desde quienes tenían los cargos más bajos hasta los que ocupaban los puestos más altos”. No era solo una sensación: varios antiguos miembros del equipo de seguridad confirmaron a la BBC que el empresario contaba con cámaras ocultas y escuchas telefónicas en Harrods y Park Lane. El personal de seguridad, además, “sabía que ciertas cosas les estaban sucediendo a ciertas empleadas”, relata Steve, antiguo empleado.
El empresario cometía las agresiones tanto allí como en su apartamento de Park Lane; o durante viajes a propiedades en el extranjero, especialmente al Ritz de París o la mansión Villa Windsor. Rachel, que trabajó como su asistente personal en los años noventa, recuerda cómo, tras una llamada de trabajo, fue citada al apartamento de lujo de Al-Fayed, donde este la violó: “Recuerdo sentir su cuerpo sobre mí, su peso, escucharlo hacer esos ruidos. Y... simplemente me fui en mi cabeza a otra parte. Él me violó”. Otras cuatro mujeres entrevistadas por la BBC aseguran haber sido violadas por el empresario en el mismo edificio de Park Lane.

Una unidad especializada en trata de blancas investiga el caso en Francia
En 2023, tras la muerte de Al-Fayed, varias víctimas recurrieron a la justicia francesa, donde ahora se investiga un posible sistema de trata además del abuso sexual. Rachel Louw, exempleada de Fayed que testificó ante la policía francesa, declaro en AFP que “en Inglaterra están ignorando la trata. Solo quieren centrarlo en Al-Fayed y Harrods”. En Francia, sin embargo, el caso lo lleva una unidad especializada en trata de blancas, lo que supone “un alivio” para Louw, que celebra que sus “casos realmente se reconozcan como trata”.
Louw cuenta que en una ocasión fue enviada a la Costa Azul para trabajar en el yate de Salah Fayed, pero una vez allí se encontró con que la expectativa era otra: “Pensaba que iba a archivar papeles, hacer gestiones, organizar el trabajo de oficina... No había oficina, ni horario normal, ni días libres. Se esperaba que simplemente estuviese con él”. Louw relata que, durante su estancia en el círculo de los Fayed, fue drogada y privada de su pasaporte, y que logró escapar tras negarse a subir a una lancha rápida con Salah Fayed, hermano del magnate y también acusado de agresión sexual.
Louw fue seleccionada por Al-Fayed cuando trabajaba en Harrods, en 1993, para participar en un “programa de formación” que exigía pruebas médicas invasivas. Además, los resultados de las mismas se remitían directamente a la empresa, informes que, según la exjueza y exparlamentaria europea francesa Eva Joly, servían para “armar al violador”. Se recogía también información personal y antecedentes familiares.
Muchas empleadas de Harrods fueron obligadas a someterse a exámenes médicos de su salud sexual. Katherine, quien fue asistente ejecutiva en Harrods en 2005 y testificó haber sido víctima de abuso sexual, razona que “no hay ningún beneficio en que alguien sepa cuál es mi salud sexual, a menos que estés planeando acostarte con alguien, lo cual me parece bastante escalofriante ahora”.
Svensson, contratada en 1988 como asistente en el Ritz por medio de una agencia, describió una rutina de encuentros en los que esperaba sola durante horas a que el empresario apareciese, tras lo cual soportaba agresiones sexuales o intentos de violación “mientras él se reía”. Explicó que carecía de apoyo familiar, desconocía la legislación laboral francesa y temía perder su sustento económico si renunciaba. “Cada vez que me reunía con Mohamed Al-Fayed, intentaba agredirme”, cuenta.

“Muchos años callada, sin decir nada”
Tras la muerte de Al-Fayed, muchas mujeres han decidido romper el silencio. Gemma, que firmó un acuerdo de confidencialidad tras denunciar acoso sexual, relató que solo ahora se ha sentido capaz de hablar: “He pasado muchos años callada y callada, sin decir nada, y espero que hablar ahora de lo que me sucedió ayude. Todas podemos empezar a sentirnos mejor y a sanar”.
Las acciones legales se han multiplicado en los últimos años. Catorce mujeres han presentado demandas civiles contra Harrods, y se ha alcanzado algún acuerdo extrajudicial desde julio de 2023. Los actuales propietarios del establecimiento han asegurado a la BBC que “el Harrods de hoy es una organización muy diferente a la que Al Fayed poseyó y controló entre 1985 y 2010”. La Policía Metropolitana de Londres ha confirmado que la investigación sobre los posibles facilitadores o encubridores de los delitos sigue activa y ha animado a más víctimas a presentarse.
El caso ha sido comparado por las abogadas de las víctimas con el de Jeffrey Epstein, tanto por la estructura organizada como por el uso de dinero y poder para intimidar y silenciar. Según la exjueza y exparlamentaria europea Eva Joly, “El patrón es el mismo: selección de mujeres jóvenes vulnerables, transporte, alojamiento, aislamiento y dinero, que se utiliza para intimidar o corromper”. “Estas jóvenes eran como carne, y (en el entorno de Al-Fayed) querían saber si estaban aptas para el consumo”. Aunque muchos delitos hayan prescrito, la investigación busca esclarecer los hechos y determinar si existen casos que aún puedan ser procesados. “Apenas estamos empezando a recomponer el puzle”, valora Joly.
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