Paté de cerdo, pros y contras de este alimento tan rico en hierro como en calorías

Pese a ser un alimento destacado en algunos minerales y vitaminas, su presencia en la dieta debe ser moderada y ocasional

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Rebanadas de pan con paté
Rebanadas de pan con paté de cerdo (Freepik)

El paté de cerdo es uno de esos productos que mejor sabe moldearse a cada situación. Desde servirse en bocadillos para la merienda hasta estar presente en la mesa durante celebraciones con amigos y familiares. Es gracias a su sabor intenso y textura untuosa que, junto con el foie gras, es un alimento apreciado por muchos consumidores.

Sin embargo, más allá de su valor culinario, el paté plantea un debate desde el punto de vista nutricional y de la salud: ¿qué aporta realmente al organismo y en qué casos conviene moderar su consumo? Desde una perspectiva nutricional, el paté de cerdo (especialmente el elaborado a partir de hígado, como ocurre con el foie gras) es un alimento muy calórico.

Según los informes de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), estos productos contienen un alto porcentaje de grasas, de las cuales aproximadamente un 33 % son grasas saturadas. Este dato es clave, ya que un consumo elevado de grasas saturadas se asocia con un mayor riesgo cardiovascular, especialmente cuando se acompaña de una dieta desequilibrada y pobre en frutas, verduras y fibra.

A este contenido graso se suma una presencia significativa de colesterol, lo que sitúa al paté y al foie gras dentro del grupo de derivados cárnicos cuyo consumo debe ser moderado y ocasional. Esto no significa que deban eliminarse por completo de la alimentación, sino que es recomendable reservarlos para momentos puntuales y en raciones pequeñas, integrándolos en una dieta variada y equilibrada.

En comparación con la mayoría de los productos cárnicos, que prácticamente no aportan hidratos de carbono, el foie gras (y por extensión algunos patés de hígado) contiene una pequeña cantidad, en torno a 5 gramos por cada 100 gramos de alimento. Este aporte procede del glucógeno almacenado en el hígado del animal, aunque desde el punto de vista nutricional no tiene un impacto significativo debido a su escasa cantidad.

Los beneficios del paté de cerdo: un alimento rico en hierro

No obstante, reducir el paté de cerdo únicamente a su contenido en grasas sería simplificar en exceso su perfil nutricional. Uno de sus principales beneficios es su aporte de micronutrientes esenciales. El hígado es una fuente de hierro de elevada biodisponibilidad, lo que significa que el organismo lo absorbe con facilidad. Este aspecto resulta especialmente relevante para personas con riesgo de anemia, aunque siempre bajo supervisión médica en casos concretos.

Además del hierro, el paté elaborado con hígado aporta minerales como el selenio, el zinc y el fósforo, todos ellos implicados en funciones clave como el sistema inmunitario, el metabolismo celular y la salud ósea.

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En el apartado vitamínico, destaca especialmente la vitamina A, presente en cantidades muy elevadas, ya que el hígado actúa como órgano de reserva de esta vitamina. También es una fuente importante de vitamina B12, esencial para el sistema nervioso y la formación de glóbulos rojos, así como de otras vitaminas del grupo B como la tiamina, la riboflavina y la niacina.

Sin embargo, este elevado contenido en vitamina A también supone una contraindicación en determinados casos. Un consumo excesivo y frecuente puede resultar perjudicial, especialmente en mujeres embarazadas, debido al riesgo de hipervitaminosis A. Por ello, la moderación vuelve a ser un factor clave.

La FEN advierte, además, de un aspecto fundamental: no todos los patés disponibles en el mercado tienen la misma composición. Muchos productos comerciales etiquetados como paté contienen cantidades reducidas de hígado o incluso prescinden de él, sustituyéndolo por otros ingredientes. En estos casos, su perfil nutricional puede diferir notablemente del descrito y ser más pobre en micronutrientes.