
Algunos gestos casi inconscientes forman ya parte de nuestra cotidianidad: desbloquear el móvil mientras esperamos el autobús, revisar la pantalla en mitad de una conversación, acudir al teléfono cuando el aburrimiento nos inunda, mirarlo “un segundo” antes de dormir y que se convierta en media hora... El teléfono ya no es solo una herramienta de comunicación, sino una extensión constante del cuerpo y de la mente.
Esta presencia permanente no es casual. Vivimos en un contexto marcado por la hiperestimulación, la urgencia y la sensación de que siempre puede estar pasando algo importante que no podemos perdernos (el cada vez más conocido FOMO). Para muchas personas, soltar el móvil durante un rato provoca inquietud, incomodidad o incluso nerviosismo. No se trata solo de aburrimiento: a menudo aparece una sensación difusa de alerta, como si desconectar implicara perder el control.
En ese terreno es donde entra en juego la ansiedad. El móvil funciona, en muchos casos, como una vía rápida para calmar el malestar. Un refugio inmediato al que recurrir cuando la cabeza no para, cuando la incertidumbre pesa demasiado o cuando el silencio se vuelve incómodo. Pero ese alivio momentáneo puede tener un coste más profundo de lo que parece.

Así lo explica el psicólogo Darío Bellido en uno de sus vídeos de TikTok (@dariobellidopsi): “¿Sabes que, si revisas el móvil para calmarte, estás creando una dependencia? Y esto es lo que llamamos compulsión, que usas tu móvil o cualquier otra cosa para reducir tu ansiedad”.
Según Bellido, el proceso suele repetirse con pequeñas variaciones. “Tu mente va a mil por hora, se imagina situaciones catastróficas y busca un poco de alivio. Así, recurre al móvil, a la comida, a la tele...” El móvil se convierte de esta manera en un calmante emocional inmediato, accesible y socialmente aceptado. El problema aparece cuando el cerebro aprende esa asociación. Cada vez que surge la ansiedad, la respuesta automática es mirar la pantalla. Para romper ese círculo, el psicólogo propone una serie de pautas concretas.

Eliminar el uso del móvil como vía de regulación emocional
“Número uno: nunca cojas tu móvil por ansiedad”, recomienda Bellido. “Si coges tu móvil, directamente, tu mente lo asociará de forma inconsciente para calmarte”. La clave está en introducir un paso intermedio que permita rebajar el malestar sin recurrir de forma automática al dispositivo. “Si quieres coger tu móvil, primero haz algo que reduzca la ansiedad por sí sola”.
Bellido enumera algunas alternativas sencillas: “Puedes utilizar diferentes ejercicios, como apretar un músculo durante unos segundos y después soltarlo, la respiración controlada o incluso cambiar de lugar o manipular algo con las manos”. No se trata de eliminar el móvil, sino de evitar que sea la única vía de regulación emocional.
El segundo consejo pone el foco en el entorno digital. “Número dos: fuera las notificaciones”. Las alertas constantes no solo interrumpen, sino que mantienen al cerebro en un estado de vigilancia permanente. “A veces, las notificaciones son disparadores de ansiedad y te van dando microalertas durante todo el día”.
Ese goteo continuo tiene un efecto que puede ser negativo. “Lo que tu cerebro aprende es: ‘puede pasar algo, tengo que mirar’”. Por eso, Bellido matiza: “No te digo que dejes el móvil, pero sí que busques esos momentos en los cuales el móvil esté en silencio o que filtre y solamente te llegue la llamada más importante”.
El último consejo va más allá del hábito y apunta al fondo del problema. “Número tres: cambia la pregunta”. Para el psicólogo, la ansiedad no busca realmente el móvil, sino algo más abstracto. “Si tienes ansiedad, tu mente no quiere mirar el móvil, lo que quiere es certeza”.
Ahí aparece una trampa habitual. “La certeza total no existe y, si la persigues, quien manda es la ansiedad”. Por eso, propone reformular el dilema interno. “La pregunta no es ‘¿debo mirar?’. La pregunta es un poco más profunda: ‘¿busco certeza o busco calma?’”.
La respuesta marca la diferencia. “Si lo que busco es certeza, nunca me va a parecer suficiente. Y, si lo que busco es calma, hay mejores opciones que mirar el móvil”. En un mundo hiperconectado, aprender a tolerar la incertidumbre puede ser la forma más eficaz de recuperar un poco de silencio interior.
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