Marta Jiménez, neuropsicóloga: “Esta es la razón por la que las redes sociales te están robando tu autoestima”

La comparación constante y las manera en la que el cerebro registra estos contenidos pueden afectar al estado de ánimo y la salud mental

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Las redes sociales pueden potenciar
Las redes sociales pueden potenciar una comparación constante que lleve al malestar y la falta de autoestima. (Freepik)

Las redes sociales se han convertido en una extensión de la vida cotidiana. A través de ellas es posible mantener el contacto con familiares y amistades que viven lejos, compartir logros personales, descubrir intereses comunes o acceder de forma inmediata a información y entretenimiento. En muchos casos, estas plataformas funcionan como espacios de apoyo, visibilidad y comunidad.

Sin embargo, junto a estos beneficios, las redes sociales también arrastran efectos negativos que cada vez preocupan más. El diseño de estas aplicaciones, basado en la imagen, la inmediatez y la exposición constante a contenidos seleccionados, influye directamente en la forma en que las personas se perciben a sí mismas y a su entorno. La comparación social, potenciada por algoritmos que priorizan vidas aparentemente exitosas, se ha normalizado.

Este fenómeno afecta de manera especial a la autoestima. Ver cuerpos perfectos, viajes idílicos o rutinas de éxito continuo puede generar una sensación de carencia permanente. No se trata solo de una especie de “envidia” puntual, sino de un desgaste emocional progresivo que puede dejar huella en el bienestar psicológico.

Las redes sociales, que potencian
Las redes sociales, que potencian la comparación y la autocrítica, pueden influir en las rumiaciones mentales. (Freepik)

“Te cuento en menos de un minuto por qué las redes sociales te están robando tu autoestima”, explica la neuropsicóloga Marta Jiménez en uno de sus vídeos de TikTok (@martajimenezpsicologia), en el que busca abordar el impacto psicológico del consumo habitual de este tipo de contenidos. Frente a la idea extendida de que el problema reside únicamente en compararse con los demás, Jiménez señala que el daño va mucho más allá de ello.

Una comparación que lleva a la insuficiencia personal

“El verdadero problema no es que te compares con otros, el ‘mira su cuerpo’, ‘mira su viaje’, ‘mira su vida’”, afirma. Para la neuropsicóloga, la clave está en lo que ocurre de forma silenciosa y repetitiva cada vez que una persona se expone a imágenes de éxito ajeno que no reflejan su propia realidad.

“El verdadero daño mental viene de esto: cada vez que ves algo que tú no tienes, tu mente registra un mensaje silencioso, repetido, constante: ‘Y tú no, y tú no, y tú no’”. Según explica, este mensaje interno se acumula con el tiempo y va minando la percepción personal, aunque el usuario no sea plenamente consciente de ello.

Desde la neuropsicología, este proceso tiene una explicación. “Tu sistema nervioso no distingue si estás viendo una vida real o una postal editada”, advierte Jiménez. Es decir, el cerebro no filtra si lo que aparece en pantalla es fruto de una puesta en escena, de retoques digitales o de una selección interesada de momentos felices.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

“Solo registra ‘yo no estoy ahí, yo no tengo eso’, y esa frase cada día duele más”, continúa la experta. Este registro constante activa emociones asociadas a la falta, la exclusión o la insuficiencia personal. Con el paso del tiempo, la repetición de estos estímulos acaba afectando al estado de ánimo y a la autovaloración.

Además, esto tiene un efecto acumulativo, ya que no se trata de un impacto inmediato, sino de una erosión progresiva de la autoestima que puede pasar desapercibida hasta que el malestar es evidente. Ante este escenario, son cada vez más los especialistas que recomiendan adoptar una actitud más consciente frente al uso de las redes sociales: limitar el tiempo de exposición, cuestionar la veracidad y el grado de edición de los contenidos que se consumen y diversificar las fuentes de referencia más allá de la comparación constante. También resulta clave reforzar la identidad personal fuera de la pantalla, priorizando actividades presenciales, relaciones reales y espacios de autocuidado que no estén mediados por la validación digital.