
El bloqueo del estrecho de Ormuz está provocando alteraciones en la logística global, con consecuencias que ya afectan a los precios y a la operativa portuaria de España. La situación, derivada de la amenaza constante de ataques a embarcaciones, ha obligado a los barcos a modificar sus rutas y asumir costes mucho más elevados para asegurar el flujo de mercancías.
En una entrevista en COPE, Nuria Lacaci, secretaria general de la Asociación de Cargadores de España, ha alertado sobre el efecto dominó que actualmente atraviesa el comercio internacional. Según ha explicado, muchos buques ya habían optado por cambiar sus rutas “porque la crisis del Mar Rojo ya nos estaba afectando y no se había recuperado todavía esa ruta por el Canal de Suez”.
Así, las compañías marítimas optan por rodear el continente africano a través del cabo de Buena Esperanza. Una alternativa mucho más larga que implica mayores consumos de combustible y tiempos de tránsito. Esta nueva realidad está afectando a las mercancías de alto valor añadido o bajo peso, como productos electrónicos, textiles y farmacéuticos. Las empresas que dependían de rutas mixtas, combinando el transporte marítimo y aéreo desde puertos estratégicos en Oriente Medio, han perdido una opción clave para optimizar sus cadenas logísticas.
Puertos al límite y fletes en alza
La alteración de las rutas marítimas afecta directamente a los puertos españoles. Aunque Algeciras, Barcelona y Valencia mantienen la normalidad en las operaciones actuales, “nos vamos a juntar en dos o tres semanas con una cantidad de buques que no se esperan”, ha advertido Lacaci. Esta acumulación de barcos complicará los atraques y la descarga de contenedores, lo que, a su vez, saturará la red de transporte terrestre, ya condicionada por la falta de conductores.
El encarecimiento de los fletes —el precio acordado por utilizar un medio de transporte para trasladar mercancías— es una de las consecuencias más inmediatas. Lacaci ha explicado que, tras una breve etapa de estabilidad, los precios han comenzado a dispararse. “El flete sube en recargos por guerra, sube en longitud de ruta [...] y sube por el gasto en combustible marino”, ha señalado, añadiendo que, aunque ya habían descendido a unos 1.500 dólares estadounidenses por contenedor, ahora podrían duplicarse o triplicarse.
“Tres semanas, como poco”
La crisis del estrecho de Ormuz amenaza con alterar el calendario de entregas de las mercancías procedentes de Asia. Así, un pedido que antes tardaba 30 días en llegar a España puede requerir ahora hasta el doble de tiempo. Sobre esto, Lacaci ha sido clara, declarando que “calculé tres semanas, como poco” de retraso adicional en la llegada de los productos.
Y esto se traduce en un impacto directo sobre el consumidor final. Aunque las empresas intentan absorber los sobrecostes, según ha explicado Lacaci, “luego ya es imposible”. A medida que la presión se traslada por la cadena de suministro, los precios de los productos podrían experimentar subidas notables y las esperas se harán más largas.
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